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《Navidad de 1976》
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Los gritos se escuchaban por toda la mansión. Lyra sabía de quién se trataba, pues solo faltaba un hermano.
Regulus se encontraba de rodillas al lado de su cama. Lyra tenía la espalda descubierta y su hermano pasaba cuidadosamente un algodón con alcohol sobre enormes cortadas que iban en todas direcciones.
Rogaba que Sirius estuviera mucho mejor que ella, pero lo dudaba.
Regulus estaba asustado. Sus padres nunca habían llegado a ese límite con ella. La sangre no paraba y manchaba las sábanas de la cama.
Con dificultad, enrolló vendas alrededor del torso de Lyra para que no se llegaran a infectar.
La cara pálida de su hermana hablaba por sí sola. Lyra se sentía mareada y con ganas de vomitar por la falta de sangre. Los gritos ya no se escuchaban y estaba agradecida porque por fin terminaría con Sirius; luego lo iría a ver.
—Lyra —escuchó su nombre, pero su cabeza daba muchas vueltas y trató de enfocar la mirada en la sombra que se acercaba a ella—. Tienes que descansar, Lyra.
No sabía quién era.
La sombra se acercó más hasta que la luz de la luna iluminó su cara.
No podía creerlo. James Potter se encontraba frente a ella, sonriéndole.
Bueno, casi.
En realidad, era su hermano, pero la falta de sangre la hacía alucinar.
—Jamie... —trató de alcanzar la mejilla del castaño—. No sabes cuánto te extraño.
Regulus se negó a contradecir a su hermana y se dejó acariciar.
—Tengo tantas cosas que decirte —lloriqueó. Lyra se sentía tan mal que creía que moriría ahí mismo—. Te quiero tanto...
Antes de que pudiera seguir hablando, se desplomó. Regulus alcanzó a tomarla entre sus brazos, evitando que cayera de golpe, pero sus heridas se volvieron a abrir.
Lyra durmió profundamente durante la mayor parte de la noche, pero sus pesadillas la despertaron. Los gritos de Sirius se repetían en su memoria y se sobresaltó.
La noche aún se asomaba por su ventana. Su cabeza la mataba del dolor, pero se extrañó aún más cuando escuchó golpes en el cuarto contiguo.