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Advertencia: Ninguna
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《Excelente Tutor》
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Si a Percy Weasley le hubieran dicho que terminaría siendo tutor de Harriet Wood, habría rechazado la idea sin pensarlo dos veces.
La chica no era tonta, en absoluto. Comprendía perfectamente los temas y era increíblemente inteligente. Sin embargo, su incapacidad para concentrarse lograba sacarlo de sus casillas con rapidez. ¿Y cómo no hacerlo? A cada minuto jugueteaba con un trozo de madera rota o tarareaba canciones sin cesar. Y eso sin contar las veces que se distraía mirando cómo una mosca cruzaba frente a ellos.
—¡Wood! —exclamó en voz baja, cuidando que nadie más lo escuchara—. Pon atención.
—Ajá —respondió ella distraídamente antes de intentar unos torpes pasos de baile que claramente había sacado de algún programa muggle.
Percy rodó los ojos con exasperación. Esa chica iba a volverlo loco.
Intentó retomar la tarea, pero fue imposible con los murmullos —demasiado altos para su gusto— que resonaban cerca.
Alzó la vista, buscando con la mirada al culpable, y se encontró con dos pares de ojos claros que observaban fijamente a Harriet.
¿Pero qué...?
Negó con la cabeza, intentando no perder la paciencia, y regresó a su redacción. Para su sorpresa, Harriet también estaba trabajando. Por primera vez en la tarde, Percy esbozó una sonrisa involuntaria al notar su progreso.
Se permitió observarla por un instante. Su letra era sorprendentemente bonita, y la forma en que sostenía la pluma tenía algo refinado. Cada trazo era preciso, creando pequeños garabatos que parecían tener un encanto propio.
No sabía exactamente por qué, pero había algo en ella que lo mantenía intranquilo. Tal vez por eso decidió alejarse de los dos tipos que no dejaban de mirarla.
En medio del camino, Harriet lo interrumpió.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué nos fuimos?
—No me agradan esos tipos. En un rato les quitaré cincuenta puntos a cada uno —respondió Percy con seriedad.
Ella soltó una risita suave, cruzándose de brazos.
—Son Gryffindor, ¿sabías?
—¿Y qué?
—Como digas. —Harriet rodó los ojos con teatralidad—. Volveré a la biblioteca. Nos vemos, Weasley.
Antes de que pudiera marcharse, Percy la sujetó del antebrazo.
—No regreses con esos idiotas.
Ella se acercó con una sonrisa divertida. ¿Percy, el prefecto perfecto, estaba... celoso?
—¿Por qué no? Me agradaron —replicó juguetona.
Percy apretó los puños y tensó la mandíbula, claramente molesto.
—Haz lo que quieras, pero ten cuidado, o le quitaré puntos a Gryffindor.
Dio media vuelta, decidido a no quedarse ni un segundo más con ella. No entendía qué había sentido hacía un momento, ni el extraño cosquilleo en su pecho, pero detestaba la idea de que esos sentimientos tuvieran algo que ver con Harriet Wood.
Antes de que pudiera alejarse más, ella lo detuvo.
—No te pongas celoso, tú eres mi tutor preferido —dijo, con una sonrisa traviesa.
Le pellizcó suavemente la mejilla y, para sorpresa de Percy, tomó su mano y lo guió de vuelta hacia la sala común de Gryffindor.
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