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《Visita a la Madriguera》
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Eleanore observaba fijamente a su novio mientras este escribía una carta.
—¿Qué sucede? —preguntó Percy, sintiendo la intensidad de la mirada de su amada.
—Conoces a toda mi familia... —respondió ella. Percy levantó la vista y asintió lentamente.
—Así es, y debo decir que tu madre es muy agradable.
—Sí, a ella también le agradas. Incluso mi padre dice que eres un chico encantador —ambos rieron.
—¿A dónde quieres llegar con esto? —inquirió Percy, curioso.
—A que quiero conocer a tu familia.
Percy casi se ahogó con su propia saliva.
—Ahm... no creo que sea una buena idea —dijo el pelirrojo, algo incómodo.
—¿Por qué no? Llevamos casi tres años saliendo. Creo que es momento de que me los presentes. Nunca hablas de ellos, ni siquiera sé cómo se llama tu madre.
Percy suspiró, se acercó a Eleanore, se arrodilló frente a ella y tomó sus manos entre las suyas, besándolas con delicadeza.
—Mi familia... es un poco... complicada —dijo, dudando.
—No entiendo —replicó ella, mirándolo fijamente—. No son alguna clase de mortífagos, ¿cierto?
—¡No, claro que no! —respondió Percy, alarmado.
Soltó un profundo suspiro y sostuvo la mirada de Eleanore.
—Lo que pasa es que vienes de una familia muy respetada en América. Aquí también hay familias de sangre pura muy influyentes, pero... el apellido Weasley no es bien visto por algunos. Nos consideran traidores a la sangre.
Percy cerró los ojos con fuerza, como si temiera su reacción. Pero Eleanore besó su frente con ternura.
—Percy, incluso si tus padres fueran no magos, no me importaría. Yo te amo, y creo que sería bueno conocerlos. Sería importante para los dos.
Percy sonrió, relajándose un poco.
—Está bien, pero no digas que no te lo advertí.
—Empieza por hablarme de ellos.
La conversación continuó mientras Percy trabajaba en un informe sobre calderos y Eleanore llenaba documentos para San Mungo, donde trabajaba.
El gran día llegó. Percy estaba extremadamente nervioso; temía que su familia lo arruinara. Por otro lado, Eleanore estaba emocionada.