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《Verdades》
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Edalyn no había salido de su cuarto en dos días. Kreacher le llevaba comida, y los únicos que la visitaban eran Fred y George, ya que la puerta estaba cerrada con seguro y los gemelos eran los únicos con edad suficiente para aparecerse dentro de su habitación.
Desde lo ocurrido hace dos noches, los gemelos se habían negado a separarse de ella. Aunque Edalyn se había enojado con George cuando le confesó que, sin querer, le había contado a su hermano lo que había pasado, terminó aceptando que la compañía de ambos era justo lo que necesitaba en ese momento.
El día del juicio de Harry había llegado, y tanto él como Arthur Weasley ya se habían marchado hacía horas. Mientras tanto, la señora Weasley preparaba la cena y les pidió a los gemelos que intentaran sacar a Edalyn de su escondite, aunque fuera solo por ese día. Edalyn aceptó a regañadientes, pero lo hizo porque Molly se lo pidió.
Cuando finalmente bajó, descubrió que había buenas noticias: Harry había salido ileso del juicio y podría regresar a Hogwarts. Edalyn le dedicó una sonrisa cuando sus miradas se cruzaron. No eran amigos, pero no veía por qué no intentar llevarse bien.
Se sentó frente a su padre y a Harry, quienes rara vez se separaban, y esbozó una sonrisa para todos, incluyendo a Hermione. La cena transcurrió en calma, con algunas risas provocadas por Tonks, su prima. Sin embargo, la armonía se rompió con la llegada de una tormenta... llamada Sirius Black.
—¿Terminaste de hacer berrinches, Miriam? —dijo su padre, con un tono sarcástico—. Al menos has venido a celebrar el regreso de Harry a Hogwarts. —Golpeó el hombro del chico, ignorando la tensión palpable en la mesa—. Para celebrar, he comprado la nueva versión de la Saeta de Fuego para ti, Harry. Sé que este año tendrás un gran rendimiento en el Quidditch.
El tenedor en la mano de Edalyn se dobló ligeramente bajo la presión de su agarre. La rabia bullía en su interior.
¿Había sido buena idea salir de su cuarto?
—Eda también tiene esa versión —intervino Remus, intentando suavizar la situación—. Slytherin también tendrá un gran rendimiento este año con Edalyn como capitana. —Le sonrió, y ella trató de devolverle el gesto, aunque de forma débil.
Sirius soltó una carcajada amarga.
—Slytherin siempre queriendo llamar la atención. Fue decepcionante, Miriam, saber que quedaste en esa casa.
Eso fue todo. La paciencia de Edalyn se agotó. Se levantó bruscamente, tirando la silla al suelo, y apoyó las manos sobre la mesa con fuerza.
—¡¿Cuál es tu maldito problema?! —gritó, sus ojos chispeando de ira.