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Advertencia: Ninguna
Aclaración: Fred, Remus y Tonks no esta muerto
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《Patronus》
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La guerra había causado múltiples pérdidas, pero Draco no creía que ninguna vida valiera más que la de su amada Eleanor, quien había sacrificado la suya para que Harry Potter pudiera tomar su varita y derrotar finalmente a Voldemort.
Sin embargo, nadie, excepto los Slytherin, había llorado su muerte. Harry y los Weasley celebraban como si nada hubiera pasado, como si no tuvieran un juicio pendiente en el horizonte, como si no hubieran muerto más de cien alumnos menores de edad en esa batalla.
Fue entonces cuando Draco entendió que personas como Potter y los Weasley no se preocupaban por quienes no fueran como ellos.
El juicio de Draco fue estresante y sumamente complicado. Apenas logró salir ileso y regresar a casa junto a su madre. Había dudado sobre volver a Hogwarts; no quería enfrentarse a los lugares que le recordaban la ausencia de Eleanor. Pero Narcissa le aseguraba que no estaría solo.
En su último año, llegó el momento de practicar el encantamiento Patronus, algo que lo inquietaba profundamente. Era un requisito para aprobar los EXTASIS, y Draco pasó la mayor parte del ciclo escolar intentando conjurarlo sin éxito.
Cada recuerdo feliz que intentaba evocar estaba relacionado con Eleanor, y pronto comprendió que la felicidad de esos momentos no residía en el acto en sí, sino en tenerla a su lado. Recordaba las noches en la torre de Astronomía, admirando las estrellas juntos, o los partidos de Quidditch en los que ambos compartían risas y victorias.
¿Cómo podría conjurar un Patronus si el amor de su vida ya no estaba?
Desesperado, terminó refugiándose en el baño de Myrtle la Llorona, igual que en sus primeros años en Hogwarts. Allí solía encontrarlo Eleanor, dándole el consuelo que tanto necesitaba. Sentía su abrazo como un eco en su mente, aunque sabía que nunca volvería a rescatarlo.
Todo parecía una mierda, pero Draco entendía que debía continuar; Eleanor habría querido que siguiera adelante. Aun así, cada día le resultaba más insoportable enfrentarse a su ausencia.
Eleanor.
Eleanor.
Eleanor.
Su nombre resonaba sin cesar en su cabeza, como un mantra desesperado. Quería escapar de ese dolor. Quería morir.
¡Quería morir!
Y, con un último suspiro, se dejó caer desde la torre de Astronomía, el lugar donde ambos habían compartido tantas cosas.
—Perdóname, amor mío —susurró antes de desaparecer en la noche.
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