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Advertencia: ¿Sad?
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《El precio de la Guerra 》
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Los gemelos Weasley, Fred y George, luchaban codo a codo junto a los mellizos Diggory, Leah y Jacob, hermanos menores del difunto Cedric Diggory.
¿En qué momento decidieron separarse?
Fred, preocupado por el resto de los Weasley, decidió ir a buscarlos y se apartó del grupo. Jacob lo siguió.
Mientras tanto, Leah y George se quedaron en su lugar, enfrentando valientemente a los mortífagos.
La batalla terminó.
Ganaron.
¿Cuál fue el precio?
Cuerpos de valientes caídos, con las varitas aún firmes en sus manos.
Leah y George buscaron a sus familiares entre los escombros. A unos metros, vieron a la familia Weasley reunida en torno a algo... o alguien. Cuando estaban a punto de alcanzarlos, escucharon sollozos.
Se apresuraron. Ahí, tendido en el suelo, yacía Jacob. Sin vida. Su compañero, su mitad, su sostén.
Leah cayó de rodillas junto a él. Le tocó las mejillas, desesperada por hallar algún signo de vida. Pero no hubo respuesta. Lloró en su pecho. Por segunda vez en su vida, se derrumbó, pero esta vez, su hermano no estaría para reconstruirla.
En el funeral, Leah se quedó mirando fijamente el ataúd, esperando que en cualquier momento Jacob se levantara. Quizá esto era otra de las bromas que él solía hacer junto a los Weasley.
—Jacob... —susurró al ataúd— Jacob, fue una buena broma, pero ya basta. Levántate.
—Leah... —dijo una voz detrás de ella.
—¿Jacob? —respondió, con esperanza.
—Leah... Jacob ya no está —Fred y George, los inseparables pelirrojos que habían sido sus mejores amigos, se acercaron con cautela.
Leah miró a su hermano sin vida y murmuró:
—Entonces... ¿esto no es una broma?
—No —respondió George, con tristeza—. Lo sentimos mucho.
Fue entonces cuando Leah se quebró. Esta vez no solo lloró; se derrumbó por completo. Fred y George la abrazaron fuerte, dándole el consuelo que podían ofrecer.
—No te preocupes, Leah —dijo Fred, lleno de culpa por la muerte de Jacob, quien había dado su vida para salvarlo—. Nosotros estamos aquí para ti.
—Sí, siempre estaremos contigo. Desde hoy, eres Leah Weasley —añadió George con ternura.
Años después...
Leah se convirtió oficialmente en Leah Weasley al casarse con George. Juntos tuvieron dos gemelos, que a sus cinco años eran el vivo recuerdo de quienes les habían dado nombre: Jacob, un pelirrojo con ojos miel como su madre, y Cedric, un castaño de ojos azules.
—Papá... —dijo Cedric.
—Mamá... —siguió Jacob.
—¿Por qué... —
—... nos llamamos... —
—... así? —terminaron los dos a la vez.
Leah y George rieron al recordar cómo solían hablar en dúo con sus propios hermanos.
—Miren, pequeños —dijo George—, llevan esos nombres por sus tíos, que fueron muy valientes. ¿No es así, amor?
—Sí —respondió Leah, con un toque de nostalgia—. Mis hermanos fueron héroes.
—¿Por qué ya no están aquí? —preguntó Jacob con inocencia.
—¡Cállate, Jacob! ¿No ves que se miriciaron? —susurró Cedric, intentando no molestar a su madre, pero lo suficientemente fuerte para que todos lo escucharan.
George sonrió.
—Primero, Cedric, se dice murieron.
—Y segundo... —añadió Leah, mirando a sus hijos con dulzura—, ¿quieren escuchar las historias de los héroes cuyos nombres llevan?
—¡Sí! —gritaron emocionados.
—Bueno, su tío Cedric fue campeón del Torneo de los Tres Magos... —comenzó Leah con una sonrisa, mientras los pequeños la miraban fascinados, listos para escuchar las aventuras que unían a su familia.
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