Si hay algo que me revienta hasta la fibra menos sensible, (y creo que a todo mundo) es que me despierten de golpe. Y ni siquiera por un llamado fuerte o algo parecido, sino de golpe literal quitándome la almohada de jalón.
Frunzo el ceño, confusa y de una vez enojándome por tal cosa, y con la poca visión que tengo, ya que mis cortinas están recogidas dejando entrar la luz directo a mi rostro, distingo una figura grande frente a mí y al frotarme la cara, me enfoco más viendo a Damon dejando la almohada sobre mi cama y comenzando a aplaudir fuerte.
—¡Párate ya! —me grita y aun desconcertada, parpadeo varias veces más viéndolo haciendo bulla alrededor de mi—. ¡A levantarse...!
—¡¿SE PUEDE SABER QUE MIERDA HACES?!
—Despertándote —contesta encogiendo los hombros y del enojo agarro lo primero que alcanza mi mano, que es otra almohada y se la tiro con fuerza.
—¡¿Qué se supone que haces aquí en mi casa?! —me quito la cobija y el ruido de mi alarma comenzando a sonar me irrita aún más por lo que la apago de mala gana—. ¡O sea, aquí en mi cuarto!
—Bueno, ya te dije, despertándote —repite, cruzando los brazos—. Es como la cuarta alarma que suena por si no lo sabías. Tenemos clase a primera hora y ya estamos tarde.
—¿Y-y luego? ¿Qué haces aquí?
—Tu tío me dejó entrar y esperé como imbécil en la sala, hasta que decidí subir y tocar la puerta, pero no apareciste y me preocupé pensando que estabas muerta y... parecía ¿Sabes? Tienes un sueño profundo, tuve que comprobar que estuvieras respirando —explica sentándose en un puf, mirándome con cara de lastima y solo lo observo con el enojo bajándome, aunque aún las ganas de asesinarlo siguen.
—¿Sabes que hay formas más sutiles de despertar a la gente?
—¿Y te crees que no lo hice? —inquiere y lo miro mal entrecerrando los ojos—. Te quejas luego, arréglate que vamos-tarde —remarca las dos palabras y me rasco la cabeza, viendo la hora en mi móvil y sí, en serio vamos tarde.
—Imbécil —mascullo parándome de la cama por fin.
—Irresponsable.
Me detengo a mi caminar y miro a Damon enarcando una ceja, y este está concentrado en su móvil.
—¿Irresponsable yo? ¿Y tú hiciste la pintura conmigo por caridad o cómo? —me vuelvo a molestar y sube la vista hacia a mi aburrido, mostrándome la pantalla de su móvil.
—Vamos tarde.
—Ay, cállate —chillo, irritándome y opto por irme al baño de una vez para arreglarme en el menor tiempo posible—. Fuera de mi cuarto.
Me hago un moño rápido mientras entro a la ducha tratando de despertar más y frunzo el ceño pensando en Damon. Es tan idiota. No lo soporto. Entrego la pintura hoy mismo y ya vuelvo a ignorarlo mejor. Me van a salir arrugas antes de tiempo si sigue cerca de mí. Me cepillo, trato de lavarme la cara rápido para arreglarme un poco y no parecer tan del culo por las ojeras notables que cargo. Anoche me dormí tarde y aquí la consecuencia: Damon.
Me encuentro presionando los labios con fuerza al igual que haciendo fuerza en las manos volviendo a pensar en él. Pero ¿Qué mierda?
Me aplico rímel rápido con una mueca de disgusto total. Me asomo por la puerta comprobando que Damon me hizo caso, y salgo del baño para buscar ropa y cambiarme rápido eligiendo unos shorts de jean, junto con un top y una sudadera negra de cierre, colocándome mis converse de siempre y voy escaleras abajo a la velocidad de la luz, saliendo de mi casa y cerrando la puerta con más fuerza de la debida.
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Marcando los errores
RomanceLa rutina desorganizada y aparentemente tranquila de Tatiana se rompe cuando el pasado regresa, dejándola al borde de su poca estabilidad. Damon, el chico que siempre le gustó, vuelve a su vida, despertando emociones que siempre intentó rechazar. Su...
