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imbécil

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—¡Apaga esa mierda! —le grito a Delanie y mientras Sandra por otro lado chilla en el lavabo limpiando la sangre de su dedo.

—¡No puedo! —me responde con los ojos cerrados con fuerza tratando de buscar el botón para apagar la maldita licuadora que no deja de parecer un volcán botando el chocolate que se suponía que íbamos a tomar, pero ahora, está ensuciando toda la cocina.

—¡PRESIONA EL PUTO BOTÓN! —exclamo, irritada, sacando unos muffins quemados del horno, y dejo caer la bandeja sintiendo un pinchazo de calor en la piel que no está cubierta por los guantes—. Mierda…

—¡Nana, desconecta esto! —me tropiezo al pasar por encima de los muffins en el suelo y choco con Delanie que está llena de chocolate, y alcanzo el cable tirando de el con fuerza y suelto un suspiro sentándome en el suelo exhausta por estos cortos segundos de desastre.

—Mi dedo —Sandra nos muestra su dedo medio dónde está una cortada muy notable.

—Creo que me entró chocolate en los ojos —murmura Delanie y la miro de lado ya que se sienta también junto a mí, y suelto una carcajada mirándola totalmente sucia—. ¿Qué tanto te da risa, gata? —me empuja y me sigo riendo cuando ella se pone de pie mirando su cabello hecho de un desastre.

—Nos salió mal todo —suspira mi otra amiga.

—Eran señales de que tenías que contarnos primero —me mira la rubia y mete la cabeza en el lavabo abriendo la llave, sin importarle más que limpiar su cabello, haciendo más desastre—. ¿Me prestas champú? —me vuelvo a reír y más cuando Sandra la agarra de la nuca sacando su cabeza mirándola con reproche.

—Ve al baño —la suelta y Delanie la ignora metiendo su cabeza de nuevo.

—Al menos deja que limpie mi cara. No creo que el chocolate sirva de skincare —y de nuevo echa su cabello hacia adelante para mojarlo—. Las hormigas ahora serán mis amigas.

—¿Quien dejó quemar esto? —Sandra comienza a recoger los muffins.

—Delanie le puso más temperatura sin saber —explico levantándome.

—Te pregunté —espeta la chica todavía mojando su cabellera.

—No escuché, tonta.

—Creo que nos los podemos comer así —los reviso y le meto un mordisco a uno—. Tan mal no están —trago y miro las fresas que Sandra estaban cortando más unas gotas de sangre—. Parece sirope.

—Qué asco —la castaña pasa una toalla limpiando y agarra unas fresas sirviendo en tres vasos lo que se salvó del chocolate—. ¿Por qué carajos no colocaste la tapa? —le reclama a Delanie.

—No sé, lo olvide —por fin cierra la llave y exprime su cabello para enroscarlo en su dedo y colocarlo tipo moño—. Voy a ver que me queda de tu ropa —me avisa y le hago señas de que vaya mirando su camiseta y pantalones cortos, manchados.

Trato de quitarle la parte más quemada a los muffins salvándolos, y agarrando la crema pastelera para tratar de decorarlos junto con las fresas, mientras Sandra busca alcohol y una curita.

Delanie vuelve con un short y suéter, y nos ponemos a limpiar, al tiempo les voy contando de ese temita que casi no me deja dormir bien; si antes me quedaba como idiota imaginando bobadas, ahora mis pensamientos van a mil.

Y es que, ya voy a cumplir dos semanas sin hablar con Damon y puedo jurar que me voy a volver loca. De verdad. No había notado que, de alguna u otra forma, mi vida había tomado otro ritmo con él en mis días. Con cosas sencillas, detalles simples, pero para mí importantes.

Marcando los erroresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora