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El lugar era acogedor, una cabaña pequeña en medio del bosque, con aroma a pino y césped. El primer lugar que capturó la atención del rubio fue la cama tan suave y con mantas de algodón. Ahí estaban ambos, riendo a carcajadas por las fotos que TaeMin le había tomado al alfa, forcejeaban por el celular y las risas se terminaron cuando este terminó en el piso.

— ¡Choi MinHo! – El moreno encogió los hombros y le restó importancia, pero cuando la mirada del omega se endureció y decidió ignorarlo, lo abrazó por la cintura y comenzó a besarle la nuca.

— No te enojes mon ange, mejor deja que te bese. – TaeMin ni siquiera lo pensó, se dio la vuelta y dejó que el alfa se apoderase de sus labios.

Ambos reían sin saber por qué. Las nubes comenzaban a anunciar lluvia y el viento se llevaba las hojas secas de los árboles, el otoño estaba en su máximo esplendor, dejando a su paso una vista maravillosa.

— Eres adorable cuando te lo propones. – Al primer beso le siguió otro y después muchos más, el rubio enredó sus manos en el cuello tan tentador del alfa, el aroma que comenzaba a brotar del moreno cuerpo le estaba volviendo loco.

— Me mordiste.

— ¿No puedo hacerlo? Responde, MinHo, ¿A quién le perteneces?

— No lo diré, ni lo sueñes.

— ¡Dilo! – MinHo se recostó en la cama y fue aprisionado por el omega. A TaeMin le gustaba ver las mejillas rosadas y esos carnosos labios gritando por ser besados, sentado sobre la pelvis del alfa, se dedicó a besarlo repetidas veces, sintiendo como era jalado hacia un lado.

— Bájate, no vamos a jugar sucio.

— Tremendo pedazo de animal, ten piedad de mí, anda dilo de una vez. – Pataleó sobre el colchón e hizo un mohín, hace tan sólo cinco minutos atrás se dio cuenta de que perdería la cabeza si el moreno decidía irse con alguien más.

Se golpeó mentalmente porque ellos no tenían una relación, se besaban de vez en cuando, se acariciaban y dormían juntos, pero eso no significaba nada.

Vale, significaba mucho.

— ¡Soy un alma libre y no le pertenezco a nadie! – Las carcajadas del menor se escucharon por toda la cabaña, MinHo enarcó una ceja y se acercó hasta la cama, colocando las piernas a los lados de la cadera del omega, acercando sus cuerpos y lamiéndole los labios.

— Lo siento, pero eso me dio mucha risa.

— Tú eres mío. – Susurró mientras dejaba besos en ese cuello tan níveo y delicioso. Se preguntaba si algún día dejaría de desear tanto mordisquear la piel del menor.

— Oh, nos estamos poniendo serios. Seré tuyo, sólo si tú eres mío, no es muy difícil.

— ¿Qué ofreces?

— Todo, piénsalo, podrías ir a mi habitación cuando quieras. – Rio bajito porque eso era muy común, es decir, se la pasaban en el dormitorio del otro, comiendo gomitas o "viendo películas".

— Ya lo hago, puedes mejorar omega.

— Mi culo. – No hubo risas, sólo una mirada fugaz que el rubio notó de inmediato. – ¿Fue mi imaginación o los ojos te brillaron?

— Tu imaginación, mejor dime qué trajiste para comer. – El alfa se bajó de la cama y caminó hacia la cocina, bebió un vaso de agua porque Lee TaeMin era la sed de pasión y cuando estaba cerca de él las manos le picaban, se mordió en labio y negó divertido.

Encendió la vieja radio y no se sorprendió cuando Tae lo abrazó por la cintura, sabía que estaba por decir una tontería, podía sentirlo, porque así era el omega, tenía siempre algo listo para todo.

Midnight Sighs - 2MINDonde viven las historias. Descúbrelo ahora