El día comenzó como cualquier otro, pero todo cambió en un instante cuando, al revisar mi teléfono, vi que Alan me había enviado una solicitud de amistad en las redes sociales. Su corazón emblemático se iluminaba en la pantalla, y, con una mezcla de nerviosismo y curiosidad, decidí aceptarla.
Un poco más tarde, bajé a la cocina, donde mi mamá me estaba esperando con su delicioso desayuno. Mientras saboreaba un bolillo recién horneado, sentí vibrar mi teléfono. Era Alan, y su mensaje era sencillo: un "HOLA" que resonó en mi mente. ¿Por qué me escribía? Me perdí en mis pensamientos, hasta que una bola de pan me golpeó suavemente en la cabeza. Mi madre, de pie frente a mí con una sonrisa, sabía que me veía distraído y no pudo evitar lanzarme un bolillo. Me reí, abrumado por la situación.
Después de comer, subí a mi cuarto con la intención de hacer la tarea, pero los pensamientos sobre Alan me distrajeron tanto que olvidé por completo contestarle. Atrapado en un profundo sueño, me quedé dormido y, al despertarme, me asusté al darme cuenta de que estaba a punto de llegar tarde al colegio.
Con prisa, bajé las escaleras, mi corazón latiendo con fuerza en el pecho. Al llegar a la entrada, mis ojos se encontraron con Alan, quien estaba allí con un grupo de amigos. Mi estómago se llenó de mariposas. Mientras pasaba junto a él, él me saludó con una mirada cómplice, y, incapaz de articular palabras, simplemente asentí con la cabeza, sintiendo cómo el calor me subía a las mejillas. ¿Acaso este simple encuentro podría ser el comienzo de algo más?
Al entrar a mi salón, el ambiente se llenó de risas y charlas. Mis amigas estaban en un rincón, y rápidamente me uní a la conversación. En medio de la plática, Amalia me lanzó una pregunta que me tomó por sorpresa.
—Agustín, ¿me acompañas con Alan en el recreo?
Asentí, un poco distraído, mientras mi mente giraba en torno a una inquietud más profunda. Continué hablando con Raquel sobre varias cosas, pero, en un momento de vulnerabilidad, le compartí mi miedo de salir del clóset ante mi familia.
Ella me miró a los ojos, su expresión seria y comprensiva.
—Agustín, no debes ocultar quién eres. Ámate y vive; la vida es única y merece ser vivida auténticamente.
Sus palabras resonaron en mí, y, por un instante, sentí que el peso de mi secreto se aligeraba. Tal vez, solo tal vez, este era el momento en que podía empezar a ser yo mismo. La bellísima complicidad de nuestras amistades me dio fuerza, y su apoyo se convirtió en el hilo que me uniría a la verdad que anhelaba vivir.
La fascinación por las palabras de Laura me envolvía mientras el maestro de historia entraba al aula, interrumpiendo la conversación, pero no mi entusiasmo. Después de un rato, la clase terminó y decidí acercarme a la prefecta. Laura, con su simpatía habitual, me recibió.
—Hola, Agustín. ¡Ya en dos días son las firmas! ¿Estás listo? —preguntó con una sonrisa.
Tomé aire, sintiendo que la ansiedad me invadía, y respondí con un tímido "sí". Justo en ese momento, Alan apareció, y Laura se volteó hacia él, sumergiéndose en una charla animada. Sin querer, mis ojos se encontraron con los de Alan, que me lanzaba miradas furtivas. El nerviosismo me hizo sentir como si el mundo a mi alrededor se desvaneciera.
La conversación entre ellos se alargó, y cuando finalmente se despidieron, me sentí aliviado, pero aún confundido. La clase siguiente fue un mero susurro. En mi mente, solo existía una pregunta: ¿por qué me miraba tanto?
El timbre sonó, marcando el final de la lección, y al salir, busqué a Raquel y Amalia para ir a encontrar a Alan. Sin embargo, los planes se torcieron y el destino parecía jugar con mis sentimientos...
ESTÁS LEYENDO
Agustín y Alan
RomanceEsta historia es basada en un sueño , como poder salir del clóset y ayudar aquellos que el amor es para todos ❤️🏳️🌈
