Cuando el miedo se llama despedida

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Con el paso de los días me di cuenta de algo que me golpeó más fuerte de lo que esperaba: se acercaban las evaluaciones finales. Eso significaba que Alan estaba a punto de terminar la secundaria. Solo pensarlo me entristecía. Tenía miedo de que, al salir, me olvidara. De que su vida avanzara y yo me quedara atrás.


Durante casi una semana completa apenas hablamos. Él estaba concentrado estudiando para su examen de ingreso a la preparatoria. Yo lo entendía; era importante para su futuro. Aun así, ese silencio me pesaba. Nuestro contacto se redujo a lo poco que podíamos hablarnos en la escuela.Me sentía raro, vacío. Era una sensación nueva, una especie de soledad que nunca había experimentado. La falta de sus mensajes me desordenaba por dentro. Entonces se me ocurrió escribirle para preguntarle si podíamos vernos en el parque donde nos habíamos dado nuestro primer beso largo. Me dijo que sí. Solo con eso ya me sentí mejor.


El día se me fue volando. Hice tarea, estudié un poco —aunque nunca me ha gustado hacerlo— y traté de mantener la mente ocupada. Por la noche me escribió para decirme que al final no podríamos vernos al día siguiente, que mejor el domingo porque le había salido un curso. No hubo problema. Cambiamos la fecha.


Ya en mi cuarto, recibí un mensaje de un chico. Era muy lindo y empezamos a platicar. Al principio lo vi normal; siempre he creído que se pueden tener amigos, y ni Alan ni yo éramos celosos. Pero algo empezó a incomodarme cuando el chico comenzó a decirme cosas bonitas. Yo respondía rápido, sin pensar demasiado, hasta que me preguntó:—Oye, bebé... ¿tienes novio?Me quedé congelado. Mi relación con Alan no era de subir fotos ni etiquetarnos como otras parejas. Así que, sin pensarlo lo suficiente, respondí:—No.Seguimos hablando hasta que llegó el domingo.Ese día me arreglé y fui al parque. Alan ya estaba ahí, esperándome, pero lo noté diferente. Me abrazó y caminamos hasta los columpios. A él le encantaba bailar y me enseñó la coreografía de una de sus canciones favoritas de Katy Perry. Estábamos riendo y bailando cuando, de pronto, me dijo:—Amor, perdón por no estar tan atento contigo. De verdad te amo. Solo que el estrés del examen me tiene muy ocupado.Sentí algo extraño en el pecho. Bonito... y feo al mismo tiempo. Bonito porque me amaba. Feo porque yo había estado hablando con alguien más. Lo abracé y le dije que no se preocupara, que lo entendía. Pensé que, si supiera la verdad, probablemente terminaría conmigo. Y no quería eso. No quería perderlo.


Cuando llegó la hora de irnos, lo acompañé como siempre. Mientras él hablaba, yo solo pensaba en qué haría con ese chico de Facebook. Al despedirnos, lo abracé y luego corrí a casa, ansioso.Subí a mi cuarto sin pensarlo. Bloqueé al chico y eliminé la conversación. Nadie supo nunca de eso. Decidí guardarlo como un secreto. Algo que solo me pertenecía a mí y a mi conciencia.Esa noche dormí para olvidar.


Al día siguiente me levanté temprano y corrí a la escuela. Alan me avisó que llegaría tarde, así que entré a clase con mis amigas. Durante la primera hora, una prefecta nos informó que en un mes sería el Día del Estudiante: habría DJ, concursos y actividades, con una cooperación de cincuenta y cinco pesos. Me apunté sin dudarlo.


En el recreo me encontré con Alan. Estaba emocionado. Me dijo que ese día participaría en el concurso de baile y que me dedicaría la canción. Que era una sorpresa. Yo casi me derretí. Sería la primera vez que alguien me dedicaba algo así. Me sentí afortunado.Después lo dejé con sus amigas y regresé con las mías. Les conté todo, saltaron de emoción conmigo y hasta un poco de celos les dio. Fue gracioso.


Cuando sonó el timbre, vi a Josué mirándome otra vez. Lo miré de arriba abajo, cansado ya de su insistencia. Seguí mi camino. En las escaleras vi a las chicas nuevas de escolta. Estuve a punto de hablarle a una, pero me dio pena. Solo sabía que se llamaba Micaela. Pero esa... es otra historia.


Más tarde supe que mis amigas no asistirían al Día del Estudiante. Me puse triste y les dije que mejor el siguiente año. El día pasó rápido y regresé a casa, pero mi cabeza no paraba. Pensaba en Alan, en lo que pasaría cuando saliera de la secundaria, en el nuevo mundo que conocería. Nuevas personas. Tal vez... un nuevo amor.Para distraerme, me puse a dibujar.Esa noche Alan me escribió. Me dijo que tenía algo muy especial para mí y que me lo daría un día antes del evento en la escuela. Volví a emocionarme.No quedaba más que esperar.Esperar al Día del Estudiante.Y a todo lo que estaba por cambiar.

Agustín y Alan Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora