Vaya que esta semana fue pesada. Alan y yo nos habíamos ido distanciando poco a poco, sin darnos cuenta —o tal vez fingiendo no hacerlo—. Mis compañeros del salón me decían que quizá lo mejor era terminar, pero esa palabra me daba miedo. Terminar sonaba a perderlo todo.
Yo amaba a Alan, de verdad. Pero también sabía que, si ya no había nada, tal vez lo más sano era dejarlo ir. Aun así, decidí darme una semana. Solo una. Para ver si algo cambiaba, para saber si todavía existía un "nosotros" o si ya era momento de separarnos.
El lunes desperté como siempre para ir a la escuela. En el trayecto, Alan me envió un mensaje. Solo un "hola". Sin corazones, sin cariño, sin ese tono que antes me hacía sonreír. Le respondí igual de seco. Ya no volvió a escribir.Al llegar a la escuela me encontré con Raquel. Le conté lo que estaba pasando y me dijo que no pensara de inmediato lo peor, que tal vez Alan estaba ocupado o pasando por algo. Sus palabras me tranquilizaron un poco. Me ayudaron a bajar la ansiedad. Entramos al salón y tratamos de concentrarnos en un proyecto que nos habían dejado.Antes de que terminara el recreo revisé mi celular. Alan me preguntó cómo estaba. Le respondí con un "bien". Nada más. Guardé el teléfono y salí a recreo. Aunque intenté disfrutarlo, lo extrañaba. Extrañaba su presencia en la escuela, su risa, su manera de mirarme.
Después del recreo me encontré con la prefecta Laura. Me acerqué y le conté lo que estaba pasando. Ella me dijo algo que se me quedó grabado: que siempre era mejor preguntar antes de imaginar, que una relación se construye entre dos, no desde el silencio de uno solo. Me hizo pensar en lo difícil que se me hacía hablar con Alan por miedo a que se enojara.Ese día lo vi conectado varias veces. Eso me molestó. Según él, la escuela no le permitía hablar, entonces ¿por qué estaba en línea? Sentí celos, inseguridad, incluso un poco de rabia conmigo mismo por sentirme así. Me quedé callado.
Al salir de la escuela me fui con mis amigos al camión. Les pregunté qué pensaban y todos coincidieron: tenía que hablar con él. Pero yo no sabía cómo hacerlo, así que decidí dejar pasar el resto del día.Al llegar a casa vi que Alan seguía conectado, subiendo historias. En una de ellas apareció con un chico. Sentí una mezcla de celos, tristeza y una furia que nunca antes había sentido. Pensé que me mentía. Decidí no hablarle. Que se diera cuenta, aunque fuera un poco, de lo que me estaba haciendo sentir.Esa noche lloré en mi cuarto. El silencio de Alan dolía más que cualquier discusión. Pensé que tal vez le gustaba alguien más. Me fui a dormir con el corazón cansado.El martes no hubo mensajes. Subió otra historia: habían ido a un bar. Era extraño, incluso preocupante. Ya no quise pensar demasiado y me fui a la escuela. Les conté todo a mis amigas; se quedaron sorprendidas, sin saber qué decir.
Durante la clase vi que Alan seguía subiendo historias, explicando lo bien que se la estaba pasando... siempre con el mismo chico. Sentí celos, pero el maestro me regañó y tuve que guardar el celular hasta el receso.En el recreo estuve a punto de reclamarle. Tenía el mensaje escrito. Pero me detuve. Pensé que no valía la pena desgastarme así. Si le importaba, me hablaría. Si no, entonces la respuesta ya estaba ahí.Más tarde, por curiosidad —y por inseguridad—, creé una cuenta falsa y revisé el perfil de ese chico. Descubrí que era bisexual. Eso solo alimentó mis miedos. Preferí concentrarme en la clase.Al final del día, cuando iba de regreso a casa, lo vi. Alan estaba en el camión. Y sí... iba con él. Sentí que algo dentro de mí se rompía. Empecé a llorar. Mi hermana me abrazó; estaba tan molesta que quería reclamarle, pero solo nos fuimos.Esa noche Alan me escribió un "hola". No respondí. Pasaron los días. Y, de pronto, ya era domingo. Como si el tiempo hubiera saltado.Entonces entendí que ya no podía seguir así.Le escribí:—Hola, Alan. Has cambiado mucho. No quiero hacerlo, pero necesito terminar contigo. Ya no siento que seamos los mismos. Prefiero dejarte disfrutar tu vida y que cada uno siga sus sueños. Te amo y gracias por todo.Lo leyó. Y me bloqueó de todo.Lloré. No sabía qué hacer. Me dormí pensando que al día siguiente habría escuela, y que la vida, aunque doliera, tenía que seguir.Al despertar todo era distinto. Ya no estaba Alan. Me sentía solo. En el camión me senté junto a una amiga del salón. Le conté todo. Me abrazó y me dijo que todo estaría bien.Y entendí algo.
Alan fue mi primer amor. Y siempre ocupará un lugar en mi corazón.Hoy, mientras escribo este libro, solo puedo decirles esto: **nunca dejen ir a alguien sin saber realmente qué está pasando**. Yo terminé sin conocer toda la verdad. Después supe que estaba con ese chico... pero no como yo pensaba. Era parte de una sorpresa que nunca llegó a existir.Pero esa historia...esa, tal vez, la cuente en otro libro.
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Agustín y Alan
RomanceEsta historia es basada en un sueño , como poder salir del clóset y ayudar aquellos que el amor es para todos ❤️🏳️🌈
