Nuestro primer mes

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Ya habían pasado dos semanas. Estábamos a punto de cumplir un mes de novios y, aunque debería haberme sentido tranquilo, la verdad era que no sabía qué hacer. En la secundaria les preguntaba a mis amigas qué me recomendaban para festejarlo. Me decían lo típico: ir al parque, al cine, a la plaza. Pero yo no tenía idea de qué le gustaría a Alan, ni de cómo celebraría él algo tan importante como nuestro primer mes. 


Un sábado, estando en casa, me puse a investigar como si fuera un experto en el amor. Literalmente escribí en Google: "ideas para una primera cita con tu novio". Me daba un poco de risa, pero también me lo tomaba muy en serio.Ese día estaba viendo la televisión cuando apareció el tráiler de Un amigo abominable. En ese instante lo supe: quería llevarlo al cine. Pensé en decírselo el lunes en la escuela. Y, mientras imaginaba nuestra cita, se me ocurrió hacerle un detalle. Tomé papel y comencé a doblar un corazón de origami. Mientras lo hacía, escuchaba una canción que a él le encantaba: Mad Love. Hasta hoy, esa canción sigue llevándome directo a su recuerdo.Después de terminar el corazón, bajé a comer. Los fines de semana Alan y yo casi no hablábamos; nuestra rutina era más entre semana. Esa noche me acosté pensando en cómo le propondría ir al cine. Dormí con esa emoción apretándome el pecho.


El lunes, al llegar a la escuela, ahí estaba él, esperándome como siempre. Nos sentamos un momento en las escaleras y, reuniendo valor, le dije:—Oye, amor... ¿vamos al cine para nuestro primer mes?Me miró y sonrió.—Claro, amor —respondió—. ¿Te parece el viernes?Yo asentí, feliz. Saqué el corazón de origami y se lo di justo cuando sonó la campana. Él se fue a su salón y yo al mío. En clase, Amalia y Raquel me hicieron reír como siempre. Aunque hoy ya casi tenemos veinte años y no hablamos tanto, ellas siguen ocupando un lugar muy especial en mi corazón.En el recreo, Alan se acercó y me abrazó. Me agradeció el detalle; estaba rojo, pero sonreía. Saber que le había gustado me llenó de emoción. Me fui con mis amigas, pero antes de llegar, Josué me detuvo.


—Necesito hablar contigo —me dijo, muy serio.


Fuimos cerca de los baños. Hubo un silencio incómodo, hasta que soltó:

—Me llamabas la atención... pero lo arruinaste.

No soy alguien que discuta mucho, pero tampoco iba a permitir que me hablaran así. Lo miré a los ojos y le respondí, firme:


—No me importa lo que sentías. Yo nunca te prometí nada. Así que déjame en paz y no me vuelvas a hablar.


Me fui molesto. Por su culpa se me fue el recreo sin comer. En el salón les conté todo a mis amigas y nos desahogamos un poco hasta que llegó el maestro de historia.Los días pasaron rápido. Demasiado rápido. Cuando me di cuenta, ya era viernes. No teníamos clases, pero habíamos quedado de vernos temprano. Yo estaba nervioso, sin saber qué ponerme, caminando de un lado a otro de la casa.Esperé en la sala hasta que me avisó que ya estaba cerca. Salí corriendo. Nos encontramos en el lugar de siempre y caminamos juntos hasta una plaza cercana, al cine. Compramos los boletos y esperamos.


—Te ves tan hermoso —le dije—. No dejo de mirarte.Se puso rojo y no supo qué responder. Solo me abrazó. Compramos palomitas, refrescos, chocolates. Ambos estábamos nerviosos, pero felices. Era nuestra primera cita formal.Ya sentados, tomé su mano. Nos dimos besos pequeños, llenos de ternura, hasta que empezó la película. Nos quedamos abrazados, compartiendo risas y silencios.Casi al final, me miró. Nos besamos de nuevo, un beso largo, romántico, de esos que se quedan grabados en la memoria. Nada más. Solo amor.Al salir, lo acompañé al tren. Nos despedimos con otro beso, esta vez en público. Y no me importó si alguien miraba. En ese momento entendí que el amor siempre pesa más que el miedo.


De camino a casa, me llegó un mensaje suyo:—Recuerda que la próxima semana es la fiesta a la que nos invitó mi hermana.Lo leí y sentí cómo regresaban los nervios. Ya casi era momento de conocer a mi cuñada. No sabía qué decir, cómo actuar, qué pensar... pero entendí que era el siguiente paso.Y yo quería darlo.Con él.Y con todo lo que aún estaba por venir.

Agustín y Alan Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora