Me desperté con el tiempo justo. Tenía que irme a la secundaria y, como todas las mañanas, el corazón me latía rápido, como si algo importante fuera a pasar.Al llegar, fui directo a saludar a mis amigas. Entre risas y empujoncitos les conté que ese día iría a una fiesta; una compañera del salón nos había invitado.
—Cuídate mucho —me dijeron—, y no tomes tanto.
Yo solo sonreí. Tenía catorce años y, aunque muchos ya bebían alcohol, a mí nunca me había gustado. No era lo mío.Subimos al salón y nos quedamos platicando hasta que llegó la primera clase. Guardamos silencio, aunque el aburrimiento era inevitable. Siempre hablábamos, nos tomábamos fotos a escondidas y tratábamos de hacer más ligeros los días largos de escuela.Cuando sonó la chicharra, bajamos a ver qué comíamos. En eso lo vi: Josué. Pasó frente a mí, pero ya tenía novio. Sentí un nudo en el pecho. Me había dejado de hablar de la nada y yo, ingenuamente, pensé que de verdad le importaba. Mi corazón estaba dividido, aunque en el fondo sabía que nunca habíamos sido nada.Amalia se dio cuenta enseguida.
—¿Estás bien, Agustín? —me preguntó.
La miré con los ojos llenos de lágrimas.
—No... me siento muy triste. Pensé que él sí me quería.
No dijo nada. Solo me abrazó. Fue uno de esos abrazos que sanan sin palabras. Raquel se acercó también y nos unimos las tres. En ese momento entendí que ya tenía una familia ahí, en la secundaria, y eso lo hacía todo un poco más fácil.Volvió a sonar la chicharra y corrimos al salón. En el camino choqué con Alan y apenas alcancé a pedirle disculpas antes de seguir corriendo. Ya sentado, no pude dejar de pensar en él, en por qué no me hablaba, en si algún día lo haría. Pero la clase comenzó y dejé que el tiempo siguiera.Al salir, me despedí de mis amigas y esperé a mi hermana. Nos fuimos juntas a la fiesta, a casa de una compañera a la que llamaré Yessica. El camino era un caos: risas, gritos, música y adolescentes emocionados por una fiesta con alcohol.
Al llegar, sacaron las botellas y nos tomamos una foto. Después vino la música, los bailes, los retos... lo típico. Más tarde me subí a un primer piso que aún estaba en construcción. Alguien lanzó pintura y me cayó en el ojo. Ardía mucho, pero solo me limpié y seguí.Ese día me tomé muchas fotos y las subí a mis redes. Fue entonces cuando lo noté: Alan reaccionaba a mis historias, pero no con un "me gusta", sino con un "me encanta". No sospeché nada, pero mi corazón se aceleró.
Ya era tarde. Busqué a mi hermana, agradecimos la invitación y nos fuimos. En el tren, sentí que ya no podía guardar más lo que llevaba dentro.
—Oye, hermana... tengo que decirte algo —le dije.
—¿Qué pasó, Agus? ¿Golpeaste a alguien? —bromeó.
Me costó hablar. Las palabras se atoraron, pero al final salieron.
—Me gustan los chicos... y no quiero que lo tomes a mal.
Me miró sorprendida, y luego sonrió.
—¿Por qué lo tomaría a mal? Te amo tal como eres. Estoy feliz de tener un hermano gay.
Me abrazó. Ese abrazo fue uno de los más importantes de mi vida. Llegué a casa feliz, aunque sabía que al día siguiente sería la firma de boletas y los nervios regresarían.Antes de dormir revisé mi celular. Alan había reaccionado a todo. Me quedé sin palabras. Poco después me dormí, y sentí que no había pasado ni un minuto cuando sonó la alarma.Tenía un mensaje suyo: *"Hola"*. Decidí contestar más tarde.En la escuela les conté todo a mis amigas. Me abrazaron emocionadas. El día pasó normal, pero en el recreo noté que Alan me miraba mucho. Empecé a sospechar algo.Por la tarde, mientras hacía tarea, me escribió otra vez. Hablamos. Me dijo que no le gustaban los chicos como algo más que amistad. Me desilusioné, claro, pero pensé que al menos había ganado un amigo. Era muy lindo.Más tarde volvió a escribirme y quedamos de vernos al día siguiente. Los nervios no me dejaron dormir. No sabía si era por él, por mis calificaciones o por todo junto.Al día siguiente fui con mi mamá a la firma de boletas. Me sonrió orgullosa al ver mis buenas notas. Salí del salón y, bajando las escaleras, escuché un:—Hola.Era Alan.—Hola, Alan. ¿Cómo te fue? —pregunté, nervioso.—Muy bien —respondió sonriendo—. Bajé por unas cosas con Laura.—¡Genial! Felicidades.Antes de irse, me miró y dijo algo que jamás olvidaré:—Por cierto... soy bisexual. No te lo dije por mensaje porque mi hermana revisa mi celular.Se fue. Yo me quedé ahí, sonriendo, con el corazón lleno. Tal vez esa sí era mi oportunidad de ser feliz.Esa noche publiqué abiertamente mi sexualidad. Por primera vez sentí que podía ser libre, que podía ser yo.Y eso, apenas, era el comienzo.
ESTÁS LEYENDO
Agustín y Alan
RomanceEsta historia es basada en un sueño , como poder salir del clóset y ayudar aquellos que el amor es para todos ❤️🏳️🌈
