Desde temprano salí corriendo hacia la escuela. Iba un poco tarde y el corazón me latía con fuerza. Hoy quería verlo. Hoy quería darle ese abrazo a Alan en las escaleras.
Cuando llegué, ahí estaba. De pie, como si me hubiera estado esperando. Al verlo, los nervios me ganaron. Me acerqué, pero en lugar de abrazarnos, lo saludé como si nada. Empezamos a hablar de la escuela, de los trabajos, de cosas sin importancia. Él ya casi entraba a clases y, sin darnos cuenta, el momento del abrazo se estaba escapando.Entonces sonó la chicharra para la primera clase.
—Oye —le dije.
Se volteó... y lo abracé.
Por un segundo se quedó en shock. Yo también. No dijimos nada. Él se fue y yo entré a mi salón con el corazón acelerado. Ese abrazo fue distinto a todos. Sentí su cuerpo cerca, su calor, su nerviosismo. Fue hermoso. Tan hermoso que por un instante pensé en besarlo. Nunca había dado mi primer beso... y si algún día lo daba, quería que fuera con él.Durante toda la clase no pude concentrarme. Pensaba en Alan, en lo que estaba empezando a sentir, en cómo mi vida parecía cambiar sin darme cuenta. Solo esperaba que llegara el recreo. Sería nuestro primer recreo juntos.
Raquel y Amalia ya lo sabían todo. Nada discretas, ellas y la amiga de Alan hicieron lo imposible por juntarnos. Caminábamos todos, pero él se quedaba atrás conmigo... luego, por los nervios, se iba corriendo al frente... y volvía. Así fue todo el recreo. Un ir y venir lleno de risas, miradas y vergüenza.
—Discúlpame —me dijo en un momento—. Estoy muy nervioso, no sé qué decirte.
—No te preocupes —le respondí—. Es normal.
En el fondo, sentía que esos nervios no eran casualidad. Tal vez yo también le estaba empezando a gustar.Hubo un momento en que nos quedamos solos y hablamos con más calma: de la escuela, de la vida, de nada y de todo al mismo tiempo. Cuando sonó la chicharra, él me acompañó hasta mi salón.Antes de irse, me abrazó. Esta vez fue él quien lo hizo primero. Le devolví el abrazo y sentí algo muy bonito. Me miró, nervioso, y dijo:—Bueno... nos vemos.
Su voz temblaba. La mía también.Casi al final del día me mandó a decir que bajara rápido, que tenía que darme algo. Fingí ir al baño y ahí lo encontré... pero también estaba Josué. Nos observaba demasiado. Sentí pena, miedo, incomodidad.Alan se dio cuenta.
—Jamás me cayó bien —me susurró—. Se cree mucho y ni guapo está.Sonreí nervioso. Entonces sacó una carta y me la entregó.—Es un pequeño detalle —me dijo—. Léela cuando estés en tu casa.Le di las gracias, nos abrazamos otra vez y cada uno regresó a su salón.El resto del día solo pensaba en esa carta. Quería que ya terminara todo para llegar a casa y leerla. Cuando por fin sonó la última chicharra, me despedí de Amalia y Raquel y me fui con mi hermana.
En casa ayudé a mi mamá, lavé los trastes, comimos. Por un momento olvidé la carta, hasta que al sacar un cuaderno para hacer la tarea, cayó al suelo, como si el destino me la recordara.Decidí esperar. Tenía demasiada tarea.A las 8:30 de la noche, por fin terminé. Respiré hondo y abrí la carta. Decía:Hola, Agustín.Quiero confesarte algo. Desde que entraste a la escuela siempre me quedé viéndote. Me llamaste la atención desde el principio. Nunca he salido con un chico; serías el primero con el que intento tener algo.No sé si tú sientas lo mismo, pero tú me estás empezando a gustar.Te escribo esta carta para decirte lo mucho que te quiero y lo mucho que te aprecio.Cuídate. Buenas noches.Te quiero.Atentamente, Alan.
Al terminar de leerla, me quedé en silencio. Mi corazón estaba lleno. Sentía tantas cosas al mismo tiempo que no sabía por dónde empezar. Creo que me estaba enamorando.Entonces lo supe: tenía que responderle.Pasé toda la noche escribiendo mi propia carta. Dos hojas llenas de palabras, de nervios, de sentimientos que nunca antes había sentido. Más que mi tarea, quería decirle que él también me estaba empezando a gustar, que me hacía sentir cosas nuevas, que me daba miedo... pero también ilusión.
Cuando por fin me acosté, no pude dormir. Pensaba en su carta, en mi respuesta, en el miedo de que no le gustara lo que escribí. Nunca había sido tan feliz... ni tan vulnerable.Mañana le daría la carta. Le diría que la leyera cuando tuviera tiempo.Solo quedaba esperar.Estaba nervioso, sí.Pero algo dentro de mí sabía que Alan entendería cuánto lo apreciaba.Y así, con el corazón acelerado, me dormí.
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Agustín y Alan
RomanceEsta historia es basada en un sueño , como poder salir del clóset y ayudar aquellos que el amor es para todos ❤️🏳️🌈
