El ultimo dia

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Estaba preocupado. Al día siguiente sería el último día que vería a Alan en la escuela. Deseaba con todas mis fuerzas que todo siguiera igual, que no hubiera discusiones ni malentendidos, que nos despidiéramos en paz. El día pasó lento y, aunque sabía que llegaría inevitablemente, no quería que fuera mañana. Me invadía el miedo de pensar que tal vez no se quedaría cerca de la secundaria y que ya no podríamos vernos como antes.


Lloré un poco. Me puse los audífonos y dejé que la música me abrazara, intentando calmarme.Sin darme cuenta me quedé dormido, y cuando desperté eran las tres de la mañana. Tenía sueño, pero ya no podía dormir. Desde mi cuarto escuché a mis padres discutiendo. Alcancé a distinguir de qué hablaban: de mí. Desde que salí del clóset, a mi papá le había costado aceptar que yo fuera gay. Decía que quería nietos, que imaginaba otro futuro para mí. Para no lastimarme más, me obligué a cerrar los ojos y volver a dormir. Sabía que en pocas horas tendría que levantarme.


La alarma sonó. Me puse el uniforme y esperé a mi mamá y a mi hermana para irnos juntos. En el camino, como siempre, fuimos platicando. Le conté a mi mamá que Alan sería el primer novio que le presentaría. Ella aceptó conocerlo, y eso me puso nervioso, pero también me dio tranquilidad. Aun así, mi mente estaba en otra parte: quería ver a Alan, entregarle su regalo, despedirme bien de él.


Al llegar a la escuela, los alumnos entramos primero. Fuimos a los salones con nuestros tutores para recibir las boletas y las indicaciones de inscripción a tercero. Cuando lo vi, sentí un nudo en la garganta. Alan estaba triste. Para él, ese era el final; para mí, aún faltaba un año. Quedamos de vernos en las escaleras para que me diera su regalo.En el salón esperábamos a nuestros padres. Mi mamá pasaría primero con mi hermana y después conmigo. Llegó casi al final. Mientras esperaba, vi que la prefecta Laura me hacía señas para que saliera. Cuando lo hice, ahí estaba Alan, con su camiseta firmada por sus compañeros. Me sonrió y me dijo:—Cierra los ojos, amor.Le hice caso. Sentí cómo levantaba mis manos y colocaba algo sobre ellas. Era una hoja gruesa, de esas que se usan para dibujos importantes. Poco a poco abrí los ojos.Era un dibujo.Uno increíble.Hecho por él.


Se me llenaron los ojos de lágrimas. Me encantó. Lo besé y luego lo abracé con fuerza.—¿Te gustó, amor? —me preguntó.—Me encantó —respondí con la voz temblando—. Gracias, en serio. Te amo.Sonrió, pero enseguida me dijo:—¿Quieres ir a ver lo que hicimos en mi taller?Asentí. Fuimos al edificio de los talleres y ahí vi sus trabajos. Sus dibujos, sus pinturas. Me quedé asombrado. No sabía que dibujaba tan bien. En ese momento me enamoré aún más de él, de su talento, de su sensibilidad. Lo felicité y dimos una vuelta rápida porque pronto tendría que irse con sus padres.


Los vi esperándolo abajo. Antes de irme, bajé donde estaba mi mamá y reuní valor.—Mamá, él es Alan... mi novio.Ella lo miró y, aunque estaba ocupada ayudando con una foto, le respondió:—Mucho gusto, Alan. Soy Miriam.Fue rápido, sencillo... pero suficiente.Sus padres lo llamaron y se fue. No podía presentarme con ellos; Alan aún estaba en el clóset con su familia. Me quedé unos minutos más y luego me despedí de mis amigas. Salimos y esperamos el camión para regresar a casa. Vi a Alan irse con su mamá y sentí una tristeza profunda.


Ya en casa, platicamos un poco. Mi mamá me dijo que Alan le había agradado. Subí a mi cuarto y, sin pensarlo demasiado, tomé mi tablet y empecé a escribir. Pensé: ¿por qué no escribir un libro? Al principio eran solo palabras sueltas, ideas sin sentido, pero me ayudaron a distraerme. El tiempo pasó y ya era de noche.Entonces me llegó un mensaje suyo:—Amor mío, quiero que sepas que, aunque ya no estemos juntos en la escuela, mi cariño por ti no va a cambiar. Te amo, Agustin.Sonreí. Ese mensaje me dio paz.Ya era hora de dormir.Ahora solo quedaba esperar los resultados de su examen...y descubrir hacia dónde nos llevaría el destino.

Agustín y Alan Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora