Después de aquel beso, todo empezó a cambiar. La confianza creció poco a poco, como si se construyera sin prisa, pero con firmeza. Los mensajes cariñosos se volvieron más constantes, más intensos, y los mimos dejaron de ser tímidos. Dos días después, despedirnos para entrar a clases ya no significaba un beso en la mejilla, sino uno rápido en la boca, siempre a escondidas, cuidando que nadie nos viera... al menos por ahora.
Hasta que un día pasó algo inesperado.Y hermoso.
Como todas las mañanas, llegamos temprano y nos quedamos platicando antes de que iniciara mi primera clase. Cuando sonó la chicharra, Alan me acompañó hasta la puerta del salón. Sin pensarlo demasiado, entró conmigo... y me dio un beso en la boca frente a mis compañeres.Me quedé completamente sorprendido. Era la primera vez que demostraba mi amor en público. El corazón me latía con fuerza. Algunos se quedaron encantados, otros en completo shock. Nadie sabía que yo era gay.
Al llegar a mi lugar, Amalia y Raquel parecían ambulancias a punto de sonar. Yo estaba rojo como tomate. En toda la clase no pude dejar de pensar en él. Para mí, Alan era perfecto. Nunca me trató mal, nunca fue tóxico. Todo con él se sentía limpio, sincero.
En el recreo procurábamos no pasar todo el tiempo juntos. Yo quería que también estuviera con sus amigas, que disfrutara su espacio. Además, en 2018 todavía era mal visto el afecto entre parejas homosexuales en las escuelas, especialmente en niveles básicos. Así que durante el recreo éramos distantes, cuidadosos. Su amiga llegó y se lo llevó; yo me fui con las mías.Al terminar el recreo, ya de regreso a clases, Alan me llamó. Nos quedamos platicando un poco, hasta que vimos subir a su tío. Lo acompañé hasta el puente que conectaba nuestros edificios y ahí, a escondidas, nos dimos otro beso. Uno rápido, pero lleno de complicidad.
Nunca imaginé nada sexual con él. Claro que existía el deseo, pero nunca lo hablamos. Todo era nuevo, todo era lento, y eso estaba bien. Yo solo esperaba la salida para volver a verlo, para caminar juntos, para hablar. Me encantaba mirar el celular y saber que era él quien me escribía. En ese momento, yo era feliz.Al llegar a casa, seguimos platicando por mensajes. Ese día me contó algo importante: su hermana era lesbiana y tenía novia. Su familia lo sabía, aunque no la aceptaban del todo. Aun así, ella no tenía miedo de ser quien era. Eso me pareció admirable. Entonces Alan me dijo que su hermana quería conocerme.
Me puse nervioso.¿Mi primera cuñada?No sabía ni cómo reaccionar.Esa noche me contó que, dentro de un mes, su hermana nos invitaría a una fiesta. Acepté, aunque por dentro estaba lleno de nervios. Todo era nuevo para mí: el amor, la familia, el lugar que empezaba a ocupar en la vida de alguien más.Luego me preguntó si nos veríamos el fin de semana. Le dije que sí. Cerca de mi casa había un parque, y como no tenía muchos permisos para ir lejos, era perfecto. Él aceptó. Sería oficialmente nuestra primera cita.Yo ya tenía un plan: nuestro primer beso largo. Imaginaba sentarnos en una banca, hablar, acercarme poco a poco... y sorprenderlo.
Esa noche me di cuenta de que ya era fin de semana. Los nervios no me dejaban en paz. A las doce de la noche estaba eligiendo qué ropa usaría al día siguiente. No sabía qué escoger hasta que encontré algo que me gustó. Me fui a dormir con el corazón acelerado.A la mañana siguiente me bañé, desayuné y esperé su mensaje. Cuando me avisó que ya estaba cerca, salí de casa y lo esperé en la esquina del tren. Cuando lo vi llegar, lo abracé y lo besé. Caminamos juntos hasta el parque, platicando.
Ya ahí, hablamos de nosotros. De nuestras películas favoritas, de la música que nos gustaba. Me encantaba escucharlo hablar; se veía tan hermoso. Me contó que era muy fan de Katy Perry, y yo sonreía sin darme cuenta.Cuando ya era un poco tarde, nos dirigimos a la salida. Antes de irnos, nos sentamos en una banca cerca de la entrada. Entonces le dije:
—Oye, amor... nunca nos hemos dado nuestro primer beso largo.Me miró, se puso rojo y, con voz nerviosa, respondió:
—Entonces... ¿por qué no lo intentamos?
Nos quedamos viendo unos segundos. El mundo parecía detenido. Poco a poco nos acercamos hasta que, de pronto, nuestros labios se encontraron. Un beso largo, profundo, lleno de emoción. Duró unos veinte segundos, pero para mí fue eterno.Al separarnos, me miró y dijo:
—Te amo.
Yo le respondí lo mismo, aún sonrojado. Lo acompañé un poco y luego me fui a casa. En todo el camino no dejé de pensar en ese beso. Estaba completamente feliz.Al llegar, le conté todo a mi hermana. Ella me abrazó emocionada. Más tarde, en mi cuarto, vi un mensaje de Alan:
—Me encantó verte hoy. Te amo.Sonreí.Aunque, en el fondo, una pregunta empezaba a rondarme la cabeza:¿qué haría cuando conociera a su hermana?**
ESTÁS LEYENDO
Agustín y Alan
RomanceEsta historia es basada en un sueño , como poder salir del clóset y ayudar aquellos que el amor es para todos ❤️🏳️🌈
