Ya habían pasado dos días desde que Alan y yo éramos novios. Dos días apenas, pero suficientes para cambiarlo todo. Cada mañana pasaba por mí hasta mi salón; era tan atento, tan lindo, que a veces me costaba creer que eso fuera real. Yo caminaba a su lado con una felicidad silenciosa, profunda, de esas que no se gritan, pero se sienten en el pecho.
Pensaba mucho en lo extraño y maravilloso que era todo. Yo, que por fin estaba con alguien que me quería, que me daba mi lugar, que me hacía sentir visto. Alan era mi primer novio, mi primer amor... mi primer amor gay. Y aunque ya nos abrazábamos, a veces nos tomábamos un poco de la mano, había una pregunta que no dejaba de rondarme la cabeza:¿Cómo sería nuestro primer beso?
No me atrevía a preguntárselo. Quería hacerlo, pero el miedo siempre me ganaba. Así que dejé que los días pasaran. Esa noche, como siempre, nos despedimos por mensajes: *"te quiero", "eres lo mejor", chismes sin importancia*, como cualquier par de novios jóvenes descubriendo el amor.
Al día siguiente desperté tarde. Muy tarde. Llegué a la escuela con el tiempo encima, pero nada me impedía querer verlo. Cuando llegué a mi salón, Alan me preguntó por qué había llegado tarde. Solo lo miré y le pedí perdón, le dije que me había quedado dormido. Él sonrió, me abrazó con fuerza y me dijo que tenía que irse a su clase. Ese abrazo me calmó todo.
Ese día no pudimos vernos en el recreo. Él tenía cosas que hacer y yo estaba con mis amigas, Raquel y Michel, hablando de una exposición. En medio de la plática, les confesé que aún no nos habíamos dado nuestro primer beso. Ellas solo sonrieron y me dijeron que todo llega a su tiempo, que cuando fuera el momento, lo sabríamos.
En la salida no logré verlo. Alan siempre se iba rápido; su familia aún no sabía que le gustaban los chicos. Esa tarde, por mensajes, reuní valor y le escribí. No sabía bien cómo decirlo, pero de esa conversación salió algo inesperado: una apuesta. El primero que dijera la palabra *"beso"* sería el esclavo del otro... pero, sobre todo, significaba que por fin nos besaríamos.Confieso que estaba muerto de nervios. Pensaba todo el tiempo en quién daría el primer paso. Yo quería ganar, claro. Era el más pequeño de la relación, aunque solo por un año, pero eso me daba una excusa divertida para sentirme valiente.
Esa noche casi no dormí. Pensaba en cómo sería besar a alguien por primera vez. Labio con labio. Algo completamente nuevo para mí. Decidí dejar que el día fluyera, que pasara lo que tuviera que pasar.Al día siguiente, al llegar a la escuela, Alan no estaba en la entrada. Eso era rarísimo. De pronto lo vi llegar corriendo; apenas tuvo tiempo de saludarme porque ya había sonado el timbre. Él estaba en tercero, así que se fue rápido. En clase, les conté todo a Raquel y Amalia. Estaban emocionadísimas, querían ver el beso más que yo.En el recreo estuvimos juntos, hablando de lo normal: cómo estábamos, qué habíamos hecho, nada fuera de lo común. No hubo acercamientos. Cuando sonó el timbre, Alan se acercó, como si fuera a besarme... pero solo me dio un abrazo rápido. Su tío era el maestro de inglés y no quería que sospechara. Yo lo entendí. Él aún estaba en el clóset.Más tarde me encontré con mi hermana. Se rió cuando le conté que aún no nos habíamos besado. Yo solo rodé los ojos, nervioso.
La salida llegó. Me quedé esperando a Alan. Ese día no habían ido por él, así que se iría solo. Caminamos juntos. Todo parecía normal hasta que pasamos frente al OXXO. Me adelanté un poco y, de repente, escuché que me llamaba. Me volteé... y entonces pasó.Me robó un beso.Un beso rápido, directo en la boca. Yo me quedé congelado. Él se puso rojo, rojo como tomate, y salió corriendo mientras gritaba:
—¡Yo gané, te lo dije!
Yo también empecé a correr, riéndome, gritándole que no era cierto, que yo había ganado. Más tarde, mi hermana me contó que lo vio pasar corriendo, nervioso, sin entender qué había hecho, pero con la cara encendida.Y saben algo...Ese fue el beso más hermoso que me han dado en toda mi vida.Mi primer beso.Llegué a casa emocionado y se lo conté todo a mi mamá. Luego vi los mensajes de Alan: estaba tan nervioso y tan feliz como yo. En ese momento supe que era perfecto. Que, al menos en ese tiempo, era el amor de mi vida.Era hora de dormir. No sabíamos qué pasaría al día siguiente, si todo sería igual o mejor...pero yo tenía algo claro:con él, la vida se sentía mejor.
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Agustín y Alan
RomanceEsta historia es basada en un sueño , como poder salir del clóset y ayudar aquellos que el amor es para todos ❤️🏳️🌈
