Las escaleras

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Desperté muy feliz. Alan me había dado los buenos días y eso fue suficiente para iluminar todo mi día. Ya solo quería llegar a la escuela para verlo, porque cuando estaba con él me sentía especial, diferente. En el camino a la secundaria no dejaba de pensar en su abrazo, en su mirada, en el cariño que poco a poco iba creciendo dentro de mí.Al llegar a la escuela entré, pero no lo vi. Seguí caminando hasta que sentí que alguien tocó mi espalda. Me giré y era Josué. Empezó a reclamarme cosas sin sentido, con un tono que me hacía sentir mal. Mi pecho se apretó... hasta que escuché una voz que cambió todo.


Era Alan.Llegó y empezó a defenderme sin dudarlo. Mientras hablaba, yo solo podía mirarlo. Era como si, con cada palabra suya, mi mundo se iluminara. Josué terminó por irse, y cuando todo quedó en silencio, Alan se acercó a mí.


—¿Estás bien? —me preguntó.Asentí. Solo eso pude hacer.


Subiendo las escaleras me dijo algo que me dejó completamente inquieto:—Mañana tengo que decirte algo muy importante.Lo miré y le dije que estaba bien, aunque por dentro los nervios ya me estaban ganando. Me dejó en el salón y se fue.


El maestro aún no llegaba, así que me acerqué a Raquel y Amalia.—Chicas... Alan dice que mañana me va a decir algo muy importante. Estoy muriendo de nervios.Amalia me miró con calma y me dijo:—Amix, no te preocupes. Tal vez solo quiera hablar de su vida. No creo que sea algo malo.Raquel, en cambio, sonrió de una forma distinta.—Yo ya sé qué es... pero no puedo decirte nada. Solo te diré que es algo muy especial.Eso solo logró ponerme más nervioso. En ese tiempo yo era muy tímido, y cuando se trataba de cosas importantes, me quedaba sin palabras.En el recreo fuimos a las carpas donde estaban las mesas. Ahí vi a Alan hablando con su amiga, pero cuando nos vieron se alejaron. Me saqué de onda. Pensé que, tal vez, de verdad era algo importante... tan importante que ni siquiera podía escucharse.Raquel y Amalia hablaban, pero yo estaba perdido en mis pensamientos. Mañana. Todo era mañana. Y el miedo me acompañaba.El día pasó rapidísimo. De pronto ya estábamos en la última clase. Al salir me fui con mi hermana, y durante todo el camino a casa no dejé de pensar en lo que Alan quería decirme.Al llegar, subí a mi cuarto y me quedé profundamente dormido. Mi mamá me despertó a las ocho de la noche. Me levanté de golpe, hice mi tarea rápido y revisé mi celular. No había mensajes de Alan. Decidí no preocuparme; llevaba rato sin conectarse.Cené y subí corriendo a revisar otra vez. Nada. Suspiré y me dormí.Al despertar, vi una notificación.Alan:¡TE VEO EN LAS ESCALERAS!El corazón casi se me sale del pecho. Mi mamá ya nos apuraba para irnos. El camino a la escuela se me pasó volando.Al llegar, desde abajo lo vi. Alan estaba arriba, en las escaleras, esperándome. Dudé. Me quedé quieto unos minutos sin saber qué hacer. Al final, respiré hondo y empecé a subir.Cada escalón hacía que mis piernas temblaran más.


Cuando llegué, me miró y dijo:


—Vamos arriba, no hay nadie.Subimos. Se quedó viéndome unos segundos que parecieron eternos. Luego habló, con la voz temblorosa:


—Quiero que me respondas con sinceridad a lo que voy a decirte.—Sí —respondí, apenas.Respiró hondo.


—Agustín... ¿quieres ser mi novio?Me quedé en shock. No dije nada durante varios segundos. Solo sentía mi corazón latiendo con fuerza. Al final, con la voz nerviosa pero llena de emoción, respondí:—¡Claro que sí!


Sonrió. Yo le di un beso en el cachete. Él me abrazó. Ambos estábamos sonrojados. Era mi primer novio. Mi primer gesto de cariño con un chico. Todo era nuevo... y perfecto.—Te veo al rato en el recreo —me dijo.


Entré corriendo al salón y les conté a mis amigas. Ellas gritaron de emoción, felices por mí. Decían que Alan era una persona maravillosa y que estaba en buenas manos.En el recreo bajé y él me esperaba. Me dio una carta, me invitó un helado y, por primera vez, estuvimos juntos oficialmente, como novios. Hablamos de muchas cosas hasta que el recreo terminó.


Me llevó a mi salón y me abrazó otra vez.Al final del día me estaba esperando para despedirse. Me fui a casa con una sonrisa que no se me quitaba.Al llegar, le conté todo a mi mamá y a mi hermana. Me felicitaron y dijeron que ya querían conocer a Alan, porque sonaba como una persona muy linda.Y lo era.Hoy puedo decirlo sin miedo:conocí el amor.Y fue el más lindo que he tenido en toda mi vida 💙

Agustín y Alan Donde viven las historias. Descúbrelo ahora