Capítulo 4: Mirlo para una decisión

30 5 3
                                        


Mirlo para una decisión

Desde que el emisario recorrió los pueblos más cercanos de la frontera, la noticia de que los salvajes nómadas han regresado, se riega como pólvora por toda la región, y todas las gobernaciones del oeste se preparar para defender sus tiernas incluso antes de que la noticia llegue a la capital. Sin embargo, ninguna torre de vigilancia encendió las antorchas de guerra para corroborar la amenaza y cuando los primeros soldados de refuerzo llegan a las barracas de la frontera Oeste, fueron recibidos por una lluvia de flechas.

Por el sur los cuervos vuelan en círculos en torno a las torres de vigilancia ensangrentadas, luego de que miles de nómadas provenientes de las 3 tribus, marcharan hacia los páramos, unidos en torno al llamado de conquista de Mitsuki Bakugou, la nueva Gran Khan del concilio de guerra.

Y en el bosque, un grupo de 6 nómadas se esconden vestidos como viajeros, se resguarda tras pasar 2 semanas infiltrados entre los dagobenses. Son parte de lo que se conoce como grupos de avanzada. Una táctica de guerra usada cuando el enemigo es numeroso, o tiene ventaja sobre el terreno. En términos simples, los nómadas envían grupos pequeños en distintos poblados para atacar o causar disturbios. Su fin no es otro que distraer al enemigo de la verdadera ruta por donde pasara un ejército todavía mayor.

Este grupo va contando su propia historia. Una plagada de victorias desde que se unieron como manada bajo el mando de un poderoso descendiente de los nómades del este. Tiene el cabello rubio cenizo y ojos rojos como la sangre, y en su cuerpo porta más de 100 nudos tatuados que simbolizan todas sus victorias entre batallas y duelos.

Descansa junto al fuego, en medio de la penumbra. En sus manos sostiene la espada que heredó de su padre al cumplir la mayoría de edad y el emblema de los pueblos nómadas del sur. En la insignia, el dragón que representa a todos los nómadas yace dormido dentro de un sol dorado coronado por 3 flamas que simbolizan la libertad, por el reverso están escritos los nombres de los ocho líderes alfa que han regido sobre los hijos de dios Erlik Khan Tngri o los hijos del rigor sur, incluyendo al actual, Mirio Togata el discípulo de Yagi.

En sus manos el peso de ese emblema duele. Representa la alianza pactada, es poder, reconocimiento, un honor a su casa, pero también es responsabilidad, servicio y un golpe de realidad. Todavía le resulta amargo recordar la batalla, antes de establecer el acuerdo con Mirio, porque fue un empate casi piadoso. Nunca su espada flaqueó ante la fuerza de otro alfa, hasta su batalla con el Khan, cuando un golpe insospechadamente brutal suelta la empuñadura haciendo que la hoja vuele metros tras su espalda. Por poco ese desliz le cuesta la vida, además de la vergüenza de contar con una cicatriz a medio cerrar en el hombro.

Sin embargo, lo cierto es que de haber sido fácil también habría estado molesto. Según dicen las leyendas, Erlik Khan Tngri es alfa y desciende directo de Aodht, el único dios al que sirven los nómades, y de su sangre han nacido los guerreros más formidables, cómo la implacable Tomoe, Nana la virtuosa y Toshinori el pacificador.

La suya, en cambio, proviene de Etüken, la primogénita omega del dios, cuyas historias están perdidas desde hace 500 años y más. Quien fue y que honores tenía nadie lo recuerda, a excepción del origen de las 13 lanzas con que es representada. Su ascendencia divina es, para él, Katsuki Bakugo, un orgullo, pero su casa ha vivido opacada por la sombra de la ignorancia y las consecuencias contra la traición del imperio dagobense en la guerra del exterminio del año 500.

Hoy tras tantos siglos desde ese incidente, su casa regresa tras lograr el Gran Kanato por primera vez en mucho tiempo, con una estrategia implacable que busca recuperar la antigua capital sagrada de Yuei, izando un estandarte que porta un dragón de agua dentro de una rueda de nudos esvásticos. Sobre su lomo las trece verdades de la naturaleza animal son representadas por lanzas flameantes que están ensartadas en su espalda, cómo símbolo del luto por la guerra del exterminio.

Hijo del esteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora