Izuku pierde la cuenta de los días una vez que ya solo quedan dos celdas ocupadas. En cambio, se concentra en como los salvajes ahora transitan desde adentro hacia afuera del fuerte para pasear en sus caballos, comerciar con los pocos mercaderes que se atreven a venir al asentamiento salvaje. Traen carretas o mulas cargadas con canastos o sacos y siempre actúan como si ellos no existieran o no importaran.
Aunque ahora solo quedan dos omegas y un niño.
- Esos perros malnacidos – dice con desdén puro el ultimo omega de la jaula contigua. Es rubio y tiene los ojos violetas, viste una camisa de lino fino con un chaleco de seda. Hijo de mercader intuye.
- Podrían oírte
- ¿Crees que me importa? Por una vez que oigo a mi padre y termino atrapado aquí...Yo iba a ir a la capital...
- ¿La capital?
-Pasé la prueba para ser maestro, iba a ir como estudiante por dos años y volver, pero mi padre quería que pasara el verano con él...Viejo estúpido, dijo que era una puta por rechazar un matrimonio, querer trabajar y porque di la prueba sin su consentimiento ¿Puedes creerlo? ¿Qué pensará ahora ese viejo infeliz?
Izuku lo mira a los ojos, a pesar de las duras palabras, se da cuenta que en realidad está aterrado- Creo que se sentirá culpable por retenerte...- El joven arruga la nariz mientras empuña las manos, si no estuviera oscuro habría podido ver como se tornaban blancas por la fuerza que uso.
- ¿En serio el niño es tuyo?
- Sí – dice mientras mira brevemente hacia abajo, sobre su pierna Kota duerme mientras Izuku le rasca la cabeza.
- Al menos tu vida se arreglará un poco si te apareas con esos... ¿Por qué esperar?
- Porque no creo que me dejen tenerlo...ningún alfa quiere niños que no son suyos.
Ante la respuesta, el otro cierra los ojos y luego sigue comiendo su cena lentamente – Soy Neito Monoma...
- Izuku Midoriya
- Izuku...Ojalá alguno de esos traidores hubiera venido aquí a decirnos algo...
Ante sus palabras, Izuku vuelve a sentirse culpable por ser el único que sabe que es mejor quedarse al final, pero no dice nada, en cambio mira el cielo tapizado de estrellas donde una nueva aparece, es roja y grande.
Le recuerda a una historia que contaba su abuela. Toyotama la diosa de la creación, tenían una joya de estrellas que perdió, pero como la diosa nunca viaja de noche y se dormía temprano, jamás se enteró de que ahí había caído la joya... sus hermanos semidioses sabían dónde está, pero ninguno se lo dice porque la joya la distrae de sus responsabilidades ¿Lo perdonarán los dioses por ocultar lo que sabe?
- Ojalá pudiera ayudarte...- dice, pero Neito ya se echó a dormir.
Entonces se prepara para hacer lo mismo. Entre sueños, Kota despierta porque el otro omega se entregó y aunque intenta decirle a su mamá, no consigue despertarlo hasta que amanece.
La cabeza le pesa mientras oye la voz de Kota, el ruido resuena semejante a un murmullo ininteligible tras la puerta, en medio del retumbar constante y acelerado de su corazón. Su vista tiene un halo blanquecino y desenfocado en los bordes, hacen que sea difícil reconocer todo a su alrededor. Pero aún en medio de la bruma, fija sus ojos verdes en el niño. La mirada negra y preocupada de Kota se muestra, entonces fuerza una sonrisa acuosa y luego intenta manejar sus manos, levantar la espalda o cualquier cosa que realmente lo acompañe.
Su cuerpo se siente demasiado caliente, como esa sensación febril, dispar y abrumadora que no se alivia con el sudor o el calor de una manta. La humedad en todo su cuerpo hace un contraste frío y tibio, desagradable dónde la piel se pega a la ropa, tensa en los huesos.
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Hijo del este
FanfictionUna historia perdida hace mucho tiempo, oculta en la sangre de quienes una vez juraron nunca olvidar. Izuku se ve atrapado como un botín de guerra junto a lo único que queda de su familia. Pase lo que pase tiene que sobrevivir por él y su hermano pe...
