Capítulo 8: Los 3 dioses

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"Los vientos del cielo no soplan siempre.

El cuerpo con el que naciste no es eterno.

¿Quién de vosotros beberá de la fuente de la eternidad?

En este fugaz momento – ¡disfrutemos de nosotros!

Estos vientos terrenales no son como las cuerdas de la yurta.

Este ser mortal tuyo no es eterno."

Los vientos del cielo, poema popular mongol.

Los hogares nómadas son leales a su gente, los siguen a donde van ofreciendo cobijo, protección y felicidad. Ellas son testigos de cada pasaje que viven las gentes de Yuei, desde que nacen de un coagulo de sangre y hasta que mueren.

Sus vigas, son las raíces robustas que sostienen a los 3 clanes, fieles a su memoria, fieles a su origen. Las pieles que la visten, representan la fuerza de la matriarca, pero también el límite con que mantienen el equilibrio entre el mundo terrenal y el espiritual. Por eso, pese a lo que se dice de ellos, todos los extranjeros que alguna vez fueron recibidos en sus bondades, concuerdan con que ningún nómade necesita oro ni plata, porque en la yurta sacian todas sus hambres.

La yurta de Mitsuki fue la última casa en izarse en el campamento y será la última en desensamblarse al término de la guerra. Dentro, un sol corona el centro del hogar sobre un tapiz bordado a mano. Cuelga en todo su largo hasta al piso, estando ni muy lejos ni muy cerca de la chimenea rustica. Bajo el símbolo descansa un sitial de madera rojiza con imponentes patas de león, para dirigir a su gente. Lo calza un cojín de lino y la piel de cordero, a los lados hay dos mesas pequeñas donde descansan una botella de licor y el pedestal de la espada rota de la diosa Eutuken.

La carpa se mantiene tibia gracias al fuego que libera sus humos hacia el anillo de ventilación situado en el techo.

A la derecha otro velo se extiende para separar la intimidad del deber, pues tras el descansa un nido amplio con forma redondeada y mantas tejidas que aseguran cobijo y protección.

Para esta ocasión, se han dispuesto 2 tinajas con agua tibia y aceites medicinales que una mano diestra comienza a mezclar en un cueco. Dos gotas de aceite de lavanda, mas 10 gotas de menta y 10 de romero sobre una base de cera de abeja. En sus manos, la mezcla se vuelve tierna mientras respira el olor, contento con el resultado del ungüento medicinal que hizo para su esposa.

Mitsuki es una alfa enérgica, fuerte, de carácter fiero, pero también es una mujer que tuvo que dar mucho de si misma para ganarse el respeto de su gente y la confianza de todos los lideres nómades.

Su deber como esposo es devolverle la paz, para que pueda descansar al menos por esta noche, antes de que todo el campamento se movilice hacia la región que rodea al castillo para asentarse y organizar la defensa del territorio ganado.

Aunque quizás haga falta mucho más que un baño, cuidados y su olor natural.

En la puerta, su esposa lleva un momento largo observándolo preparar ese ritual tan místico como familiar. Era una tradición de su casta, preparar un baño para liberar al alfa de las malas energías que pudiera capturar en el cumplimiento del deber, sin embargo, esta tradición fue diluyéndose a media que disminuyeron los omegas que se dedicaban exclusivamente al hogar.

Desde muy joven, Masaru tuvo que asumir muchas responsabilidades con la tribu, y como todos los demás aprendió el arte de la espada. Sin embargo, nunca dejó de hacer el ritual, incluso tras el parto de su único hijo luego de que su alfa saliera a matar los nomus que habían atacado un campamento.

Hijo del esteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora