El dia de la mudanza

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El día de la mudanza había llegado, me desperté temprano y miré por última vez por la ventana viendo las vistas del amanecer; sin embargo, solo se veía un cielo gris. El día había
comenzado lloviendo fuertemente y en las calles había grandes charcos. El clima estaba como
mi estado de ánimo.
Me puse ropa cómoda y me recogí el pelo en una coleta.
Cuando ya teníamos todo listo cogimos usamos unos paraguas hasta llegar al coche. Me
monté en el asiento de atrás y fui observando las gotas cayendo en el cristal, cuando se me
ocurrió una idea algo extrema y loca, pero aún así la llevé a cabo. Todavía estábamos
conduciendo en Wegminton cuando en un semáforo rojo, el coche se paró. Entonces, abrí la
puerta del coche y salí de él corrí en dirección contraria de vuelta a mi casa, no me importaba
la lluvia estaba toda empapada pero nada me detendría, pise un charco y me moje todos los
calcetines pero seguí. Mientras corría mis padres iban detrás gritando que volviera pero corrí y
corrí y llegué hasta mi casa donde en la calle todavía estaban mis amigos en la calle con la
pancarta desteñida de la lluvia.
-Grace, ¿qué haces aquí? ¿no te habías marchado? -dijo Ben.
-Si pero salí del coche y vine corriendo hasta aquí. No me iré de aquí - respondí.
Entonces mis padres que venían en el coche llegaron.
- Grace, sube al coche -dijo mi madre.
- No mama. No huiré por la maldición, si mi destino es luchar, lucharé, pero nunca huiré.
Porque este es mi hogar y estos son mis amigos. Defenderé Wegminton -respondí.
- Está bien, nos quedaremos, pero no vuelvas a salir del coche así - dijeron mis padres.
- Siiiiii!!!! -grité con entusiasmo y mis amigos y yo nos abrazamos.
- Venga, entra en casa y cámbiate, con esa ropa tan húmeda te va a dar una hipotermia. Y
vosotros también chicos. -dijo mi madre.
- Gracias -les dije.
- Nos vemos en un rato en mi casa -les dije a mis amigos.
- Ok, hasta luego.
- Esperad no os vallais. Me acabo de dar cuenta que faltan 5 días. Aquí pasa algo raro, Janelle
dijo que 7 días antes vendría una carta avisando - dije.
- Y ha venido... -dijo Ben.
- ¿Qué? ¿Y por qué no me habíais dicho nada? -exclamé.
- Es que estabas muy triste y como te ibas a mudar solo queríamos que te lo pasaras bien y te
olvidarás de eso -dijo Oliver.
- Sentimos no habértelo contado, pero ha sido por eso -dijo Sophie.
- Bueno, da igual. ¿Dónde están?- dije.
- Yo la tengo en mi casa -dijo Oliver- la cojo y ahora nos vemos en tu casa.
- Vale -respondí.
Entré en casa, ahora tocaba colocar otra vez las cosas en su sitio, pero lo haría más tarde. Me tenía que concentrar en Acabrok.
-¡Hola! Traigo la carta -dijo Oliver.
- Yo traigo picoteo -dijo Ben.
- Ben, esto es serio. Pero... Me quedo con los regalices -dijo Sophie cogiendo el paquete entero
de regaliz.
- Sentaos aquí en los sillones -dije- Oliver ¿puedes leer la carta?
- Sí. Empiezo, la carta dice:
Habitantes de Wegminton, vuestro querido pueblo no durará mucho tiempo. Arrasaré
con él, y nadie me detendrá. Me vengaré de la Supios Eternemis. Os quedan 7 días en vuestro
queridísimo pueblo y después solo quedarán las cenizas.
- ¿Qué se supone que es Supios Eternemis? -pregunté.
- No lo sabemos, hemos preguntado a Janelle y a más personas pero no lo saben.
- ¡Ugh! Esto me frustra, no tenemos ni idea de nada y se nos acaba el tiempo. ¿Qué haremos
cuando todo esté perdido? -dijo Oliver.
Tranquilízate Oliver, yo también me agobio y me frustró con todo esto pero hay que tener
esperanza. Lo arreglaremos. Siempre estaremos unidos. -dije.
- Oliver, te crees que a mí me apetece vivir una maldición. Pues no, yo no controlo el destino de
lo que pasará. Tendríamos culpa si no lo intentáramos. Si fracasamos es mejor fracasar haberlo
intentado que fracasar sin intentarlo. Salvaremos al pueblo, lo haremos con la esperanza. -dijo
Sophie.
- Podemos con esto, pararemos la maldición -dijo Ben.
- Tenéis razón -dijo Oliver- Siempre hay una solución. Si recuperaron el pueblo en 1994
también lo haremos dentro de unos días.
- Deberíamos empezar a buscar cosas con Janelle, cuánta más ayuda mejor.
- Si es así, nosotros también ayudamos -dijeron mis padres, que estaban en la puerta
escuchando lo que hablábamos.
Cuando fuimos a casa de Janelle, antes de llamar al timbre, oímos gritos de dentro que venían
de Janelle. Estaba gritando socorro, ayuda, y cosas por el estilo. Rápidamente nos apartamos y
mi padre hecho la puerta abajo. Encontramos a Janelle en el salón asustada. Mientras que...
Frente a ella había una presencia muy particular a la que ya había visto antes...


LA ESPERANZA DE LA LIBÉLULA ~la maldición de Acabrok~Donde viven las historias. Descúbrelo ahora