Capítulo 9

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Dos semanas

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Dos semanas. Dos encuentros. Para ninguno eso era suficiente. Jungkook y Lisa habían compartido el espacio de la cafetería por breves minutos las mañanas del domingo, pero el resto de la semana ardían en desesperación. No habían dejado de pedir perdón, pero ya no era por solo una aventura, sino todo un ciclo de encuentros sexuales que no estaban dispuestos a cerrar.

La rubia había dado un cambio drástico. No habían ojos que no se detuvieran a verla, no habían bocas que no se abrieran para ofrecerle cumplidos. Se había convertido en alguien distinta. Más risueña, más coqueta y atenta en su forma de vestir.

Jungkook observaba ese cambio desde lejos. Totalmente obsesionado con ponerla de rodillas y sentir sus labios teñidos de rojo sobre su erección. Una que ya no estaba a salvo ni en la misma iglesia. Él lo admiraba todo en segundo plano, pero Gong Yoo de cerca.

Irene había invitado a la pareja al cumpleaños de Jeongsan. El pequeño iba a cumplir siete añitos y con motivo de ello se celebraría una fiesta con los hermanos de la iglesia y sus hijos.

Lisa miraba atenta la sección de juguetes intentando elegir el regalo perfecto para Jeongsan. Le había tomado muchísimo cariño al crío, aunque sabía que en parte su devoción era debida a su locura reciente por su padre. No lo admitía, pero en ocasiones, en esas mañanas donde se quedaba sola en casa un par de horas, no solo se dedicaba a mimar su cuerpo. También miraba el techo y se imaginaba su vida siendo la esposa de Jungkook en vez de la del pastor. Jeongsan sería su hijo y al menos estaría feliz con un hombre que veneraba su cuerpo y la besaba con pasión.

- Le va a encantar esto.

Lisa sostuvo entre sus manos un enorme set de un hospital infantil, con sus ambulancias y camillas en miniatura. Caminó sonriente hasta el mostrador y el chico detrás la miró embobado cobrando el juguete.

- Gracias.

La rubia salió con rumbo a su casa. Le dio el tiempo suficiente para llegar antes que anocheciera, y tras dejar el set en la cocina para no olvidar que debía envolverlo, subió a la segunda planta y se encontró allí a su marido.

- Hola.

Gong Yoo había utilizado un tono de voz carente de emoción. El hombre solo se dedicó a examinar la vestimenta de su mujer.

Lisa no había comenzado a usar ropas ceñidas ni insinuantes. Lo que llamaba la atención era su fina capa de maquillaje y su nueva forma de conjuntar sus vestidos. A Gong Yoo le gustaba eso, pero a la vez comenzaba a aterrarle. Sabía que su esposa era joven y que empezara a revelar esa faceta en su vida lo desestabilizaba un poco.

- Hola - respondió ella dejando el bolso blanco en el asiento que tenían tras la puerta.

- ¿Dónde estabas?

- Salí del trabajo, tomé el bus y me quedé en el centro comercial buscando el regalo para Jeongsan.

- Le regalaré una Biblia para niños.

Without Sin ~ Lizkook ~Donde viven las historias. Descúbrelo ahora