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❝ Soy Emma Stark, yo nunca pierdo... ❞
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El desayuno fue muy bullicioso en la mesa de Gryffindor la mañana de la tercera prueba. Las lechuzas llevaron a Emma y Harry una tarjeta de Sirius para desearle buena suerte.
Mucha suerte Lyra. No me importa si ganas o pierdes, estaré orgulloso de todas formas, sólo quiero queestés a salvo. Te amo cachorrita.
La de Harry no era más que un trozo de pergamino doblado con la huella de una pata de perro, pero la agradeció de todas maneras.
A Emma también le llego una carta de su padrino:
Muchas suerte esta noche Emma. Estoy orgulloso de todo lo que has logrado, pero no importa el resultado, solo que salgas a salvo de allí.
Te ama, Remus.
Llegó una lechuza para Hermione llevándole su acostumbrado ejemplar de El Profeta. Lo desplegó, miró la primera página y escupió sin querer el zumo de calabaza que tenía en la boca.
—¿Qué…? — preguntaron al mismo tiempo Emma, Harry y Ron, mirándola.
—Nada —se apresuró a contestar ella, intentando retirar el periódico de la vista. Pero Emma y Ron lo tomaron. Miraron el titular.
— Pero que ganas de joder que tiene esa vieja — dijo Emma.
—No puede ser. Hoy no. Esa vieja rata…— dijo Ron.
—¿Qué? —preguntó Harry.—¿Otra vez Rita Skeeter?
— No — dijo Emma, e, igual que había hecho Hermione, intentó retirar el periódico.