Capítulo 10. No estamos solos

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A la mañana siguiente, cuando desperté, todo era normal. El árbol de enfrente de mi casa estaba en pie, las ventanas estaban bien, el suelo seco y yo estaba en la cama, como si nada de la noche anterior hubiese pasado. Miré todo a mi al rededor y no me podía creer que todo estuviese bien. Pensé que todo había sido un sueño así que fui al baño. Completé mi rutina mañanera y bajé a desayunar. Después de hacerlo subí arriba y me vestí.

Me puse unos leggins negros, un crop top y una sudadera negra de cremallera. Fui al baño, me cepille los dientes y me peiné. Después me puse mis vans negras y el abrigo, cogí la mochila y fui hacia el instituto.

Al llegar me encontré con que todas mis amigas estaban ya ahí así que decidí contarles todo lo que había vivido el día anterior. Al principio se empezaron a reír, ya que se pensaban que las estaba vacilando pero cuando les enseñé una foto de como estaba mi cuarto la noche anterior dejaron de hacerlo, me miraron de forma extraña y no dijeron nada más. Algo había cambiado, sin duda. No me hablaron en todo el día y juraría que las había oído decir a mis compañeros de clase "No os juntéis con esa, esta loca".

El día pasó super lento y no veía cuando saldría de aquel infierno.
Cuando tocó la campana hice lo que hice el día anterior, es decir, recoger todo lo rápido que pude e irme a casa sola. Al llegar empecé a llorar y subí a mi cuarto. Me tumbé en la cama y empecé a oír esa voz otra vez.

Esta vez no susurraba, gritaba. Lo hacía en otro idioma, ya que no entendía nada y se puede decir que me provocaba dolor de cabeza.

-¡¡Cállate!! -grité entre lágrimas.

-¡¡Te tendrías que haber callado tú!! Todo ha sido tu culpa, no tendrías que haber dicho nada -gritaba frío y sin piedad- mírate, ahora eres la loca del instituto, no tendrías que haber dicho nada, ni tampoco haber querido jugar a la ouija, cualquiera podría haberse metido a jugar en vez de yo -decía cada vez más alto y más enfadado.

Me levanté y fui al baño, busqué una cuchilla y cuando encontré una, me miré al espejo para verme, pero éste estaba negro. No le di mucha importancia y empecé a hacerme cortes, no muy profundos, solo necesitaba desahogarme, sentir dolor, sentir lo que era, una gran mierda.

Cuando vi que eran bastantes, fui a guardar la cuchilla. Abrí el grifo para limpiarme los cortes y ya no estaban.
Cuando lo vi, grité asustada.

-No lo hagas -susurró esa voz de nuevo implorándome que no me hiciera daño.

Bajé abajo y busqué el tablero de la ouija sin parar, cuando lo encontré, estaba bajo el sofá.

《¿Como ha llegado hasta aquí?》

Fui a la habitación de mis padres y empecé a jugar; pero antes de hacerlo, decidí apagar todo lo que pudiera distraerme del juego.

Una vez que dió señales de que había un espíritu en la habitación, comenzaron las preguntas.

-¿Cómo te llamas?
El puntero se movió de letra en letra indicando que se llamaba Ezra

-¿Cuántos años tienes?
El puntero indicó 24

-¿Cómo moriste?
"Me suicidé, no podía vivir más, todo me superaba" señaló el tablero.

-¿Cuantos espíritus hay en esta habitación?
El puntero señaló el número 3

-¿Eres bueno?
"Sí" se movió el puntero.

Pensé que era apropiado terminar de jugar ya, así que pregunté:

-¿Puedo irme?
Y esta vez el puntero señaló al no.

Soledad Inesperada [#WGA2017] [#FBAwards2017] [#VanirAwards] [#CloudAwards]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora