Capítulo 6

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Había caminado algunas cuadras, tomando la mano de la ojiverde la cual iba mirando al suelo, sollozando en silencio.

La rabia estaba pasmada en su rostro luego de ver aquello, debatiéndose entre volver o no a aquel lugar.

Anaya miró al mayor, deteniéndose ambos en el semáforo en rojo, esperando a que la luz cambiara y alzo sus brazos, abrazando su espalda con cariño, sintiendo su olor.

—Hanma... —Sintio la tensión en el cuerpo del mayor.

—Ahora no— Dijo intranquilo— Lleguemos a mi casa... solo quiero devolverme a matarlos.

—Lo siento... —Susurro, hundiendo aún más su rostro en su espalda.

Hanma toco sus manos, notando las pequeñas heridas en ellas, colocando las suyas para tocarlas, sintiendo la calidez de ella.

La luz dio verde, rompiendo el abrazo para caminar otro tramo, llegando a un complejo de departamentos, subiendo al quinto piso.

—No te asustes— Dijo Hanma, subiendo las escaleras.

—Estoy bien... —Forzó una sonrisa, siguiendo al mayor.

Hanma abrió la puerta, sacando sus zapatos y la ojiverde hizo lo mismo, mirando el pequeño recibidor donde el ojiambar dejo sus llaves.

—Entra, no hay nadie.

—¿Vives solo?-Pregunto, siguiendo al más alto hacia la sala, tomando asiento en un gran sofá.

—Sí, iré por el botiquín ahora.

No acostumbraba a traer mujeres a la casa y a nadie más que a Kisaki y una que otra vez a Haru cuando aceptaba ir, restándole importancia si estaba desordenado o no, aunque la mayoría del tiempo se encontraba pulcro y vacío, pasando el mínimo de tiempo allí.

Saco el botiquín del baño, volviendo a la sala donde vio a Anaya acomodar su cabello, sacando su chaleco para sacudirlo.

—Te traeré algo para lavar eso. Deberías denunciarlas por la mariconada que te han hecho.

—Pero no lo hicieron... tú llegaste... y...

—No se quedará así— Sus ojos ámbar lucían vacíos.

—Hanma... ¿Por qué fuiste? ...

—Un sujeto comento sobre ti en el bar donde estaba...

Vertió el alcohol en el algodón, limpiando primero las rodillas de la ojiverde, soplándolas para que no ardieran tanto.

Aquella acción alivió el dolor, tranquilizándose de que él la curara, agradeciendo internamente todas las atenciones que le estaba dando Hanma.

Boto los algodones a un lado, acercando otro totalmente limpio hacia los labios de ella, pasándolo con cuidado, haciendo que Anaya hiciera una mueca de molestia.

Aquella herida si dolió, sintiendo que sería la más notoria en su rostro.

—Anaya... ¿Estás segura de que no te hicieron nada? —Pregunto serio, colocando sus dos manos al costado de ella, mirándola fijamente.

—Solo me golpearon... y luego me tiraron al suelo…-Comento, desviando su mirada al recordar— Luego llegaste tú sí que...

—Llama a tu casa, nos demoraremos en esto. Supongo que no dirás nada y, por lo tanto, no llegarás en esas condiciones a tu casa. Hay mucho que ocultar.

—Por favor… no quiero causarle problemas a mis padres y también… no me dejarían hacer nada sola... perdería la poca libertad que tengo.

—Bien, yo arreglaré esto a mi manera.

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