cap- 13

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Tras varios días en los que Kyojuro se recuperaba de sus heridas, finalmente los dos cazadores pudieron salir del campo de recuperación y regresar a su finca. Kyojuro, aunque aún no completamente restablecido, estaba agradecido de poder estar en casa junto a su hermano Senjuro. El mayor ya no tenía que salir a cazar demonios, y Senjuro se sentía más tranquilo, pues sabía que su hermano estaba a salvo, al menos por ahora. La vida, sin embargo, no volvía completamente a la normalidad; aunque Kyojuro descansaba, Shinjuro seguía con sus viejas costumbres, bebiendo y saliendo en la noche, mientras que Senjuro cumplía con sus tareas diarias en casa.

Pero algo extraño comenzaba a ocurrir. Durante las noches, Senjuro no podía evitar la sensación de ser observado. Aunque intentaba mantener la calma, no podía evitar sentirse incómodo, como si alguien estuviera acechando en las sombras. Decidió cerrar las ventanas con más cuidado, convencido de que tal vez solo era su mente jugando trucos. Sin embargo, una noche todo cambió.

El viento se levantó repentinamente, y un aire frío recorrió la habitación de Senjuro. El joven despertó de golpe, y al abrir los ojos, se encontró cara a cara con un ser que, aunque no había visto nunca antes, le era familiar por los relatos de su hermano: Akaza, el tercer miembro de los doce demonios superiores. La presión de su presencia era abrumadora, y Senjuro, al reconocer el temible número en los ojos del demonio, se sintió completamente paralizado por el miedo.

El demonio lo miraba fijamente, y Senjuro no podía moverse. Creyó por un momento que todo aquello no era más que una pesadilla, pero cuando Akaza levantó una mano y la posó suavemente sobre su mejilla, el contacto frío y antinatural lo sacó de su ensueño. Los dedos del demonio exploraron lentamente su rostro, y Senjuro, asustado, intentaba gritar, pero no podía. Su garganta parecía cerrarse, y su voz, aunque intentaba escapar, solo salía como un susurro.

Vaya, parece que estás tan asustado que no puedes ni hablar-  dijo Akaza con una sonrisa burlona en su rostro.- Eres todo lo contrario a tu hermano. Tu expresión es mucho más suave, mucho más... interesante. No pienso hacerte daño, no como a los niños-  añadió mientras retiraba la mano de la mejilla cálida de Senjuro, observando cómo su piel se ruborizaba por el toque.

Senjuro no entendía nada de lo que sucedía. Su mente no podía procesar lo que estaba frente a él. Temblando, sus labios apenas pudieron articular unas palabras- ¿Por qué estás aquí? ¿De verdad esto no es una pesadilla?-

Akaza soltó una risa baja y algo cruel- ¿De verdad creías que esa pelea entre tu hermano y yo iba a quedar así? Qué ingenuo eres. No, esto no ha terminado. Y en cuanto a mi venganza, no se que le dolerá perder más a Kyojuro, si a aquel hombre que está en la otra habitación... o a ti

La tensión aumentaba. Senjuro sentía el miedo en cada fibra de su cuerpo, pero algo dentro de él también se despertó, una chispa de determinación- No te vas a llevar a ninguno, es mi familia-  dijo con voz firme, más decidida de lo que se sentía en realidad, pero aún con el miedo a flor de piel.

Akaza, sin embargo, no mostró el mínimo interés en la amenaza de Senjuro- ¿Ah, sí? Entonces, ¿por qué ese hombre te grita tanto? Se supone que los padres deben tratar bien a sus hijos-  respondió con desdén, sonriendo con más malicia aún. Mientras hablaba, el sol comenzaba a asomarse por el horizonte, tiñendo la habitación con una luz tenue, y Akaza, como si hubiera escuchado el canto de algún reloj invisible, frunció el ceño, claramente molesto. Sin decir más, dio un paso atrás y se alejó a gran velocidad, desapareciendo en un abrir y cerrar de ojos, dejando a Senjuro completamente paralizado en su lugar.

El joven no podía dejar de temblar. Sus lágrimas caían solas, como si su cuerpo no pudiera retenerlas más. ¿Qué había sucedido realmente? ¿Había sido todo un sueño, una pesadilla? El miedo lo envolvía, pero también la confusión. No entendía por qué Akaza había aparecido en su casa, ni por qué había hablado de esa manera. ¿Qué quería con ellos? ¿Y por qué había mencionado a Shinjuro? Las palabras del demonio retumbaban en su cabeza.

De repente, el silencio de la habitación se rompió por un grito. El terror que había estado acumulando en su pecho finalmente explotó, y su voz, que había estado ahogada hasta ese momento, salió con fuerza, despertando a todos en la casa.

Kyojuro, que había estado descansando en su habitación, se levantó rápidamente al escuchar el grito de su hermano. Corrió hacia la habitación de Senjuro, abriendo la puerta de golpe. Al ver a su hermano en un estado tan alterado, acurrucado en una esquina, con los ojos cerrados y el cuerpo temblando, Kyojuro no pudo evitar sentirse alarmado.

Senjuro, en su estado de shock, no podía decir una palabra. Solo se protegía a sí mismo, abrazándose a sí mismo con los brazos, buscando consuelo, aunque nada podría calmar el miedo que sentía. Kyojuro se acercó a él con cuidado, agachándose a su lado para abrazarlo y tranquilizarlo.

Shinjuro, al oír el alboroto, se asomó a la habitación, algo confuso, pero al ver la situación, su rostro cambió. Kyojuro, observando el suelo, notó algo extraño. Bajo la luz tenue de la mañana, podía ver unas huellas de lodo, más grandes que las de Senjuro, y a simple vista parecían ser de un hombre adulto. Esto solo los llenó de más preocupación. ¿Quién había estado en la habitación de Senjuro? Y lo más inquietante, ¿cómo era posible que esas huellas no fueran vistas por ninguno de ellos antes?

Ambos hombres miraron hacia la ventana abierta, entendiendo que algo más estaba sucediendo, algo que no podían comprender completamente. Sin embargo, lo único que pudieron hacer por el momento fue calmar a Senjuro. No sabían qué había pasado ni qué significaba, pero estaban decididos a protegerlo a toda costa. Aunque en sus corazones, una sensación de incertidumbre y miedo se instalaba, pues sabían que Akaza no los dejaría en paz tan fácilmente.

Senjuro, por su parte, no lograba comprender lo que había vivido. Todo había sido tan surrealista. ¿Había estado soñando? ¿O realmente Akaza había estado allí, en su habitación, amenazando su vida y la de su familia? Pero una cosa era cierta: ya nada volvería a ser lo mismo, no hasta que ese demonio muriera. 

━ 𝕮uando 𝕹os 𝕱lechamosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora