Giyuu corría por las oscuras y silenciosas calles, el sonido de sus botas resonando con fuerza en el suelo mojado ya que había comenzado a llover. Su katana estaba firmemente empuñada, pero no era la amenaza de los demonios lo que le preocupaba en ese momento, sino una sensación de peligro que lo apretaba en el pecho. Sabía que algo no estaba bien. Había estado buscando por horas, recorriendo callejón tras callejón, pero no encontraba rastro alguno de Senjuro. La preocupación se transformó en ansiedad mientras su mente no dejaba de repetirse que algo malo había sucedido.
De repente, un pequeño ruido le llegó a los oídos. Un sonido suave, casi imperceptible, pero suficiente para llamar su atención. Giyuu se detuvo en seco, su mirada se fijó en la penumbra frente a él. Un leve resplandor, la silueta de algo... no, alguien. Su corazón se detuvo cuando pudo distinguir la figura, su cuerpo tenso al instante.
Senjuro...- de sus finos labios brotó el nombre de aquel joven al que había estado buscando sin descanso
El joven Rengoku estaba tirado en el suelo, su rostro marcado por rasguños y heridas, su cuerpo parecía haberse desplomado allí sin más. Giyuu sintió que un peso invisible le caía sobre los hombros al ver el estado del hermano su compañero. La sensación de culpa se hizo más fuerte en su pecho. Esto no puede estar pasando. Había sido su responsabilidad protegerlo, y había fallado.
Un escalofrío recorrió su columna al entender que esto no era una simple coincidencia. Un demonio, sin duda, había dejado a Senjuro como advertencia. El pensamiento se le clavó como una daga. Giyuu sabía que Akaza, el demonio, tenía un mensaje para ellos, y este solo era el comienzo. Sin pensarlo más, guardó su katana y se acercó rápidamente a Senjuro, cargándolo en sus brazos con la mayor delicadeza posible para llevarlo a un lugar seguro.
El camino hacia la finca de Shinobu parecía eterno, pero al final, llegó. Sin perder tiempo, Giyuu tocó la puerta con desesperación, y Kocho apareció casi al instante. La calma habitual de la pilar del insecto no pudo ocultar por completo su preocupación al ver el estado del joven Rengoku. Sin embargo, mantuvo su compostura.
—¡Kocho! Necesito que lo atiendas ahora mismo —exclamó Giyuu, la tensión en su voz era evidente.
Shinobu asintió en silencio y rápidamente los condujo hacia el interior de su finca. Mientras Senjuro recibía atención médica, Giyuu se retiró a un rincón, el peso de la culpa le caía como una losa. Un cuervo salió volando desde la finca con destino a la casa de los Rengoku, una señal de que necesitaba avisar a Kyojuro sobre la situación.
El aire frío de la noche hacía que las estrellas brillaran con intensidad, pero no podían ofrecer consuelo. El sonido de los grillos resonaba como un eco lejano mientras Giyuu se frotaba las sienes, frustrado consigo mismo. No debí dejarlo ir solo... pensaba. Debí haber estado allí, debía haberlo protegido. Esa culpa lo consumía.
Pronto, Kyojuro llegó. Se notaba que había corrido. Su rostro estaba cansado, pero la preocupación por su hermano estaba escrita en cada línea de su rostro. Giyuu se quedó mirando al mayor, sus palabras salieron con un tono bajo y lleno de arrepentimiento.
—Lo siento, Kyojuro... lo siento. No debí dejarlo ir solo, no debí... —su voz se rompió un poco mientras miraba al suelo, incapaz de sostener la mirada.
Kyojuro lo miró con una mezcla de frustración y comprensión, pero no dejó que el reproche lo dominara. En lugar de eso, se acercó y lo sostuvo del brazo con firmeza, levantándolo del suelo.
—Giyuu, no tienes que disculparte. Yo también estoy preocupado, pero esto... podía haber pasado en cualquier momento, no podías saberlo —dijo Kyojuro con una sonrisa débil, intentando dar consuelo.
Giyuu no podía levantar la vista, sus ojos aún fijos en el suelo mientras el peso de la culpa lo mantenía atado. Kyojuro suspiró, pero su tono era suave, cercano.
—Solo... no te hagas más daño a ti mismo. Tus esfuerzos son suficientes. Lo importante ahora es que Senjuro está fuera de peligro, y eso es lo que importa —añadió, alzando ligeramente el rostro de Giyuu con la mano. Intentaba que sus ojos se encontraran, pero Giyuu solo podía mirar al vacío, sumido en sus pensamientos.
Fue en ese momento cuando la tranquila voz de Kocho cortó el silencio de la habitación. Ella se acercó a los dos, como siempre serena, aunque había un leve tinte de preocupación en su mirada.
—Buenas noches a ambos —saludó, y con una mirada a Giyuu continuó—. Kyojuro, tu hermano está descansando. Sus heridas han sido tratadas y ya no corre peligro. Pero Giyuu, necesito hablar contigo afuera.
Giyuu la miró, confundido. ¿Qué más había que hablar? ¿Qué podría ser tan importante en este momento? Sin decir palabra alguna, siguió a Kocho fuera de la finca, su cuerpo aún tenso, su mente atormentada.
El aire frío de la noche les envolvía mientras caminaban fuera. Kocho lo miró de reojo, su rostro sereno, pero con una intensidad que no pudo ocultar.
—Giyuu... sé que es abrupto, pero necesito que me respondas algo. ¿Dónde encontraste a Senjuro? —preguntó, sus ojos fijos en él con una profunda preocupación.
Giyuu la miró, su mente llena de pensamientos contradictorios, pero sabía que tenía que responder.
—Lo encontré en un callejón. Había ido a hacer unas compras, pero no volvió. Fue entonces cuando salí a buscarlo... no le avisé a Kyojuro. No quería que él también se preocupara por las heridas que tenía. —Su voz era baja, la culpa aún pesaba sobre él.
Kocho guardó silencio por un momento, asimilando sus palabras. Cuando finalmente habló, la seriedad en su tono era clara.
—Esto es algo más grave, Giyuu. Un demonio lo dejó como advertencia. —Las palabras de Kocho fueron como un golpe frío y directo, y Giyuu pudo ver en sus ojos la misma preocupación que él sentía. No era solo un ataque aislado, era un mensaje de Akaza.
Giyuu sintió una punzada de ira y tristeza recorrer su cuerpo. Quería responder, decir que se encargaría de todo, que lo controlaría, pero las palabras le quedaron atoradas en la garganta. Solo asintió, su expresión se endureció.
—Lo sé. Yo lo resolveré —dijo finalmente, con una voz llena de determinación.
Sin más palabras, se dio la vuelta y comenzó a caminar de regreso a la finca de los Rengoku. Su katana vibraba en su mano mientras sus pensamientos recorrían el camino oscuro hacia lo que se avecinaba. No puedo fallar de nuevo. La lucha que se avecinaba no solo era contra los demonios, sino también contra la sensación de no haber hecho lo suficiente para proteger a aquellos que más le importaban.
Dentro de la finca, Kyojuro estaba con su hermano, vigilando su sueño. La expresión de preocupación en su rostro era inconfundible, y mientras sostenía la fría mano de Senjuro, se acercó para proporcionar un beso en su mejilla pero no podía evitar mirar por la ventana. La noche se veía extrañamente solitaria, y una sensación de incertidumbre lo invadió. Sabía que, a partir de ese momento, todo cambiaría.
El futuro era incierto, pero no podía dejar que el miedo lo dominara. Tenía que ser fuerte, por Senjuro, por su familia, por todos. Y aunque la preocupación lo envolviera, Kyojuro sabía que, juntos, seguirían luchando.
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━ 𝕮uando 𝕹os 𝕱lechamos
Bilim KurguSus ojos se cruzaron junto con sus deseos más íntimos, sin poder evitar mirarse con deseo. Cupido les hizo una jugada mala y ahora su relación cambiará drásticamente, las flechas llegaron al unísono a sus corazones apagados que ahora una fuerte lla...