cap- 17

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La noche, tan densa y pesada, finalmente empezó a desvanecerse, cediendo ante la luz suave del amanecer. Senjuro despertó lentamente, el dolor en su cuerpo era palpable. Sus heridas aún estaban frescas, y su piel ardía como si el fuego hubiese marcado su ser. Pero algo le dio consuelo, una presencia cálida junto a él. Al abrir los ojos, vio la figura de su hermano, Kyojuro, dormido a su lado, su mano descansando suavemente sobre la suya. La calidez de esa mano era reconfortante, y el latido de su corazón, al menos por un momento, le dio la sensación de que todo estaría bien.

Kyojuro despertó al sentir que su hermano se movía. Cuando sus ojos se encontraron, un par de lágrimas brillaron en sus pupilas, desbordando la preocupación y el amor que sentía por él. Sin dudarlo, lo abrazó con cuidado, como si temiera que cualquier movimiento brusco pudiera causarle más daño. El dolor de Senjuro no le pasaba desapercibido, pero lo que más le preocupaba era ver la incertidumbre y el miedo reflejados en los ojos del menor.

—Senjuro... —dijo en voz baja, con ternura, mientras lo abrazaba con más fuerza—. Todo estará bien, estoy aquí contigo.

Senjuro, aún débil, se aferró a la ropa de Kyojuro, buscando consuelo en su presencia, pero no pudo evitar hablar del dolor que lo embargaba.

—Kyo... me duele todo. Siento como si mi cuerpo estuviera ardiendo. ¿Qué pasó? No recuerdo mucho... solo recuerdo que vi a Akaza... me atrapó cuando iba de regreso a la finca... —Su voz tembló al recordar los momentos previos, la sensación de ser perseguido, atrapado, y la pesadilla de haber sido dejado a su suerte.

Kyojuro lo miró con una profunda empatía, pero también con la firme determinación de hacer todo lo posible para que su hermano se sintiera seguro. Sus palabras, cargadas de calma, lo envolvieron como una manta protectora.

—No temas, Senjuro. Yo y Giyuu te protegeremos, te lo prometo. Lo que ocurrió... fue solo un accidente. Akaza no va a salirse con la suya. Ahora, lo más importante es que descanses, que te recuperes y te hagas más fuerte. Yo estaré aquí para ti, siempre. —Su voz era suave, pero su mirada estaba llena de un amor inquebrantable. No era solo un hermano mayor preocupado, era alguien dispuesto a darlo todo por la seguridad de los suyos.

Kyojuro acarició suavemente la mejilla de Senjuro, un gesto tierno que hizo que el menor sintiera una mezcla de alivio y calor. Luego, en un impulso, llevó su mano a la frente de Senjuro, dándole un suave beso. El gesto fue tan sincero que hizo que Senjuro soltará una pequeña risita nerviosa, sus mejillas se tiñeron de un rosa suave, como si el beso le hubiera despertado una oleada de emociones.

—Kyojuro... —murmuró, avergonzado, pero su rostro reflejaba la calidez de la conexión que compartían.

Sin pensarlo dos veces, Senjuro se acercó a su hermano y, de una forma casi instintiva, le dio un beso en los labios. Fue rápido, casi un susurro de labios, y tan inesperado que hizo que Senjuro se avergonzara al instante. Ocultó su rostro entre sus manos, sintiendo el rubor recorrerle las mejillas, pero al mismo tiempo, sentía una extraña calma en su interior.

Kyojuro, al principio sorprendido, sintió que sus mejillas ardían como nunca antes. Incluso sus orejas, tan acostumbradas al calor del combate, parecían incendiadas por la vergüenza. Sin embargo, no apartó su mirada de Senjuro, quien se escondía en sus propias manos, avergonzado. En silencio, Kyojuro sonrió, sintiendo una calidez que solo su hermano podría provocarle.

En ese momento, la puerta de la habitación se abrió suavemente. Giyuu apareció en el umbral, aunque al instante se percató de la situación. Instintivamente, desvió la mirada, dándose cuenta de que había interrumpido algo personal. Lo siento... no era mi intención ver esto, pensó, aunque una ligera sonrisa apareció en su rostro al ver a los dos hermanos, tan humanos, tan vulnerables.

—Rengoku, Senjuro... —dijo Giyuu, en un tono más serio pero cálido—. ¿Ya te sientes mejor? Quiero pedirte disculpas, por no haberte protegido como debía. Fue mi deber, y no lo hice. —Las palabras salieron de su boca con el mismo peso que había cargado toda su vida: la culpa de no haber podido salvar a Sabito y el temor de fallar nuevamente.

Kyojuro lo miró con calma, su voz suave pero firme.

—Tomioka-san, no quiero que te sigas culpando por lo que pasó. No es necesario que te disculpes. Todo está bien, ¿verdad, Senjuro? —le dijo, y Senjuro asintió, aunque con una expresión aún de cansancio y dolor, pero sintiéndose algo más tranquilo con las palabras de su hermano.

Giyuu observó los ojos de Senjuro, esos ojos cristalinos que reflejaban no solo el dolor, sino también la vulnerabilidad y la esperanza. Eran unos ojos tan parecidos a los de Kyojuro, pero con una chispa diferente, una luz única. Algo en esa mirada hizo que Giyuu se detuviera por un momento, contemplando la sinceridad de sus sentimientos.

Sin querer, sonrió levemente. Asintió con la cabeza, sintiendo la necesidad de ser fuerte para ellos, para el futuro que debían enfrentar juntos.

—Les prometo que haré todo lo posible para detener a Akaza. Esto no se quedará así. —La firmeza en su voz era evidente, su determinación palpable. Aunque sabía que no sería fácil, había algo en su interior que le decía que no podía permitir que el sufrimiento de sus compañeros fuera en vano. Había un enemigo que debía enfrentarse, y con cada palabra, su propósito se fortalecía.

Los tres compartieron un momento de silencio, pero había una comprensión mutua en el aire. Sabían que el camino que se les venía por delante no sería fácil, y aunque tendrían que hacer frente a enormes dificultades, estaban decididos a seguir luchando.

Giyuu, aunque tranquilo por fuera, sentía que algo más grande estaba en juego. Sabía que tendrían que reunir más fuerzas para derrotar a Akaza. Al mismo tiempo, no podía evitar ver este momento como un desafío personal, un reto que debía cumplir. No solo por ellos, sino por todos los que aún dependían de la protección de los pilares.

Antes de irse, Giyuu miró una vez más a los dos hermanos Rengoku. Aunque las sombras del pasado y las incertidumbres del futuro los rodeaban, había algo en sus corazones que los unía: la promesa de que lucharían juntos hasta el final.

—Nos enfrentaremos a Akaza, sin importar lo que cueste. Esto no termina aquí —dijo, más para sí mismo que para los demás, y con esa resolución, se retiró, dispuesto a idear un plan que podría cambiar el destino de todos.

Pero antes de eso, sabía que tenía que hablar con el patrón.

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