Un día, como de costumbre, Senjuro Rengoku realizaba los quehaceres del hogar mientras su padre, Shinjuro, aún dormía profundamente. Mientras tanto, su hermano mayor, Kyojuro, estaba fuera atendiendo una misión. Senjuro, aprovechando un breve descanso, levantó la vista al cielo con la esperanza de ver al cuervo mensajero que anunciaba el regreso de su hermano. Suspiró al no encontrar rastro de él y volvió a concentrarse en su trabajo.
De repente, los pasos pesados de Shinjuro resonaron por la casa, acercándose a Senjuro. Este giró rápidamente y, con la cabeza agachada, lo miró de reojo.
-¿Hiciste el desayuno? Tengo hambre. ¡Apúrate a servirme! -dijo Shinjuro con un tono molesto y una hostilidad evidente en sus palabras.
-Ya está listo. Enseguida se lo sirvo -respondió Senjuro con manos temblorosas. Dejó lo que estaba haciendo y fue hacia la cocina para preparar con cuidado la comida. Sabía que un solo error podría traerle problemas.
Shinjuro se sentó y comenzó a comer en silencio, mientras Senjuro, aún algo nervioso, retomó la tarea de barrer. En medio de la tensión, el sonido de aleteos cercanos rompió la calma. Senjuro levantó la cabeza con emoción, reconociendo que era el cuervo de Kyojuro, lo que significaba que su hermano ya estaba de regreso. Su rostro se iluminó como el de un niño al ver dulces. Dejó la escoba a un lado y corrió hacia la entrada.
Al cruzar la puerta, vio a Kyojuro acercándose con paso rápido. Ambos hermanos corrieron el uno hacia el otro y se abrazaron con fuerza.
-¡Qué alegría que hayas llegado! Te estaba esperando -dijo Senjuro, aferrándose a la capa de cazador de su hermano.
-¡Pues la espera terminó, aquí estoy, Senjuro! -respondió Kyojuro con su característica voz alegre, que parecía capaz de levantar cualquier ánimo.
Después de sonreírse mutuamente, se soltaron y Senjuro tomó la mano de Kyojuro para llevarlo dentro de la casa con cuidado, procurando que Shinjuro no los viera. Entró primero el menor y notó con alivio que su padre ya había terminado de comer.
-¿Quieres comer? La comida está lista, pero come en silencio. Si padre sabe que estás aquí, será un problema -advirtió Senjuro con un tono de angustia.
-¿Por qué importa que sepa que estoy aquí? Quería verlo -respondió Kyojuro con un deje de confusión y desilusión.
-Está de mal humor y no quiero que arruine tu llegada. Hoy no está tan irritable como otros días, pero es mejor no hablarle mucho -murmuró Senjuro mientras servía la comida.
Kyojuro observó en silencio los movimientos tensos de su hermano, notando el miedo en cada acción. Decidió no insistir y se sentó a comer, esta vez sin su habitual entusiasmo, pues comprendía que la situación lo requería. Mientras comía, no podía evitar pensar en lo que sucedía en casa cuando él no estaba. Le molestaba profundamente el trato que Shinjuro le daba a Senjuro, un joven que, más que hijo, parecía un criado.
Sus pensamientos se interrumpieron por un fuerte portazo. Levantó la mirada y vio a Shinjuro tambaleándose, con el rostro enrojecido, gritando el nombre de Senjuro.
-¡Oye! ¡Tráeme más sake! ¡Apúrate, o ya sabes lo que pasará! -rugió mientras arrojaba su jarra vacía hacia el menor, quien solo asintió en silencio y se apresuró a obedecer.
La escena dejó a Kyojuro conmocionado. Incapaz de quedarse callado, terminó de comer, dejó su plato y fue directo a la habitación de su padre. Tocó la puerta unas cuantas veces, pero al no recibir respuesta, la abrió de golpe. Dentro, Shinjuro estaba recostado leyendo, y al ver a su hijo mayor, frunció el ceño.
-¿Ahora qué quieres? -preguntó con hostilidad-. No creas que vas a venir a decirme cómo educar a mi hijo.
-¡No lo estás educando, lo estás maltratando! ¿Qué pensaría mamá si te viera así? -respondió Kyojuro, su semblante serio, un gesto poco común en él.
-¡A tu madre no la metas en esto! -gruñó Shinjuro, cerrando el libro con fuerza mientras se levantaba lentamente-. Yo no lo maltrato, solo lo educo como se debe. Si tiene miedo, es porque es débil.
Kyojuro supo en ese instante que discutir con su padre sería inútil. Shinjuro era terco e ignorante, incapaz de aceptar sus errores. Sin decir más, dio media vuelta y salió de la habitación. Sus pensamientos ahora se centraban en cómo proteger a Senjuro de ese ambiente.
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━ 𝕮uando 𝕹os 𝕱lechamos
Science FictionSus ojos se cruzaron junto con sus deseos más íntimos, sin poder evitar mirarse con deseo. Cupido les hizo una jugada mala y ahora su relación cambiará drásticamente, las flechas llegaron al unísono a sus corazones apagados que ahora una fuerte lla...