Capítulo 15 (+18)

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Sara

Doy dos suaves toques a la puerta del despacho, tras la cual; sé que me espera Kuroo. Trago duro intentando controlar los nervios que la presencia del capitán de los Gatos aún me causa. El recuerdo de nuestro último encuentro en ese despacho; sus manos rozando mi cuerpo... me roban un suspiro y un fogonazo de calor se expande desde mi entrepierna a cada terminación nerviosa de mi ser. Siento como mis pezones se endurecen tensando el escotado top que llevo y muerdo mi labio inferior, maquillado con un labial de un rojo intenso, para acallar un jadeo.

Sé que no he venido a firmar actas y me he vestido para la ocasión:

Una corta falda negra y unos altos tacones rojos combinan con el atrevido top del mismo color.

A pesar de mi intento por sentarme cerca de Kuroo a la hora de la cena, cuando llegué ya estaba rodeado de sus compañeros de equipo, varios miembros del Karasuno y del Fukurodani acababan de completar la larga mesa de comedor.

Opté por sentarme con mis compañeras que me llamaron nada más verme entrar en la estancia, recuerdo como una sonrisa escapó de mis labios al percatarme de la rapidez con la que Kuroo se volteó para encontrar mi mirada cuando las chicas gritaron mi nombre.

Kuroo Tetsuro, está comenzando a causar sensaciones desconocidas en mí y, a pesar de qué es algo que me aterra, la atracción que siento por él es más poderosa que la inseguridad a mostrarme demasiado accesible y vulnerable. El triste y doloroso recuerdo de lo sucedido en mi anterior instituto golpea mi mente, pero me tranquilizo al recordar el lema de mi capitán y sus chicos, "los hombres no tienen memoria". No sé la razón, pero confío en Kuroo y sé que no irá por ahí contando lo que hacemos y dejamos de hacer. Obviamente, soy consciente de que los del Nekoma y algún amigo de confianza, saben que hoy hemos vuelto a quedar para algo más que firmar las actas, pero también sé, que los detalles de lo que hagamos, quedará entre nosotros.

La puerta del despacho se abre, mostrando a Kuroo regalándome una de sus irresistibles sonrisas, se ha quitado la americana y el chaleco del uniforme y está en mangas de camisa. Mi mirada se pierde en su camisa abierta que muestra su musculoso y trabajado torso. El muy presumido, ha abierto varios botones para alardear de cuerpo de infarto. Maldito sea, sin duda sabe cómo captar mi atención.

Él se aparta para dejarme entrar sin parar de sonreír y una vez cierra la puerta, veo cómo pasa el pestillo. No me da tiempo a pensar en nada, ni siquiera puedo saludarle, cuando une sus labios con los míos y me roba el primer gemido de la noche.

Su lengua se cuela en mi boca con una destreza y una habilidad que consiguen que me olvide incluso de mi nombre. Siento como ese calor que percibí al pararme frente a la puerta, domina todo mi ser.

Noto a Kuroo desesperado, está distinto e intuyo que la razón tiene mucho que ver con su salida precipitada la noche anterior. Sé que está pasando por una situación personal complicada. A pesar de que los Gatos no me dieron detalles, sí que dejaron claro ese punto y su actitud lo demuestra. Sus besos son más agresivos y sus manos mucho más atrevidas. No hace ni un minuto que ha comenzado a besarme y ya presiona mis pechos de manera dolorosamente placentera.

Su boca ha abandonado mis labios y me succiona con avidez el cuello, esa mano atrevida que presionaba mi pecho, ahora pellizca mi pezón robándome jadeos de gozo.

Estoy perdida.

En sus labios, en sus exigentes caricias que batallan por robarme gemidos cada vez más fuertes, ¿qué demonios le ocurre a Kuroo hoy? Lo desesperado de sus gestos, aún consigue prenderme más. No sé ni cómo demonios lo ha hecho, pero aún seguimos de pie y ambos estamos desnudos de cintura para arriba, el calor de su torso es tan exquisito que temo perder pie y caer al suelo.

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