Antes de ir a Polonia
Todos, sin chistear entraron; rodearon la casa estilo moderna de un gran jardín delantero y trasero y un garaje con varios autos deportivos en color negro. Los mismos eran los encargados de mantener asegurada la casa para la llegada de D'Chenniel, Giuseppe y Tomasso. Al iniciar la llamada de estos, se prepararon todos, tres coches oscuros y el auto de D'Chenniel. Un poderoso 4x4 llegó con ruido, que provocaban los caballos de fuerza de este. Su zapato de tacón y punta, en negro, es lo primero en verse. Y los autos de atrás; los guardaespaldas tan rápido llegaron y aparcaron, se bajaron y abren la puerta de estos.
Ya abajo, son guiados a donde estaban, dentro, van a la sala. Y ahí lo miró, de arriba abajo. Y para terminar lo despreció con la mirada, giro a un rincón; la mesa de centro circular: buena madera y de cuatro sillas. Extendió su mano y pido una de estas... teniéndola en su mano, la volteo hacia él y tomó asiento. Sus brazos los apoyo encima del espaldar de esta.
Suspiré y mis gafas de sol, me las quite.
—Esta fachada. Te asienta bien. Michelle Bonecio. Dijo D'Chenniel con desprecio y arrogancia. Disfrutando, de su aspecto golpeado.
A penas Don Michelle podía sostener la mirada, solo en él, se veían chorros y chorros de sangre en su cabeza, pecho y de muslos hasta la tobillera. Que al toser, éste, un resto de saliva en baño de sangre cayo al suelo. Para que las salpicaduras, cayeran en los finos zapatos de D'Chenniel. El mismo agachó la mirada y miró. Manchados.
Suspiró D'Chenniel y dispone en hablarle. Pero antes, Don Michelle balbucea un par de palabras, qué, por su estado crítico, por las heridas. Impiden que sea entendible lo que este balbuceaba.
—¿Dices algo? Porque no te escucho. Dijo D'Chenniel.
Don Michelle sostuvo la mirada, aunque, le constará. Y logra un cruce de vista con el joven Cattorini , con el rabillo del ojo del mismo Cattorini agachó y apunto a su calzado oscuro. Volvió a Giuseppe y Tomasso. Estos, parados a su espalda.
—Mi padre ya lo hubiera eliminado. Pero es mi padre. ¡Tienes suerte! Sonríe al decirlo. Y vuelve al don. —Y una mierda el porque lo hiciste. Ya esto no justificará tus actos Michelle Bonecio. Si te hubieses ido ese día sin más... en vez de amenazarme, seguirías al lado de tu familia. Con vida. Pero me restaste. Y no hubieras tentado contra mí.
Sonríe un poco Michelle —solo mostró sus dientes con sangre y algunos rotos o sacados—, aunque le era doloroso soltar una carcajada. Este la soltó.
Mire a Cattorini.
—Iré al infierno. Lo sé. Pero te pienso esperar. Espero que lo sepas. Dijo Michelle. —Ahora no toques a…
—¡Shh! Calla. Seré un monstruo. ¡Sí! Pero no toco a las familias de mis enemigos, por muy bajo que caigan ellos... entendiste. Corrigió D'Chenniel a Michelle respecto a su insinuación sobre su próximo movimiento.
Miró su reloj de pulsera negra y brillo de piedra.
—...Tomasso. Giuseppe. Es momento de irnos. Dijo D'Chenniel. Se levantó y le dio la espalda. —Este será tu castigo por tu falta hacia mí y mi familia Don Bonecio.
Salieron tras el disparo... los ojos pardos ante el sonido fueron cerrados en manera de arrepentimiento —aún sin mostrarlo— fuera. Suben a los autos y partieron.
***
Sicilia, en alguna parte, aeropuerto.
"Detrás de todo Imperio hay una mente"
Y hay una gran verdad en esa frase. Y más por parte de esta familia siciliana. Los Cattorini.
No basta con el Imperio de, éstos, una fila de más de, quince autos llegando al aeropuerto. Todos negros desde, llantas a cristales. Se detienen frente al gran avión familiar.
Bajo de primero D'Chenniel acompañado de Giuseppe, su primo, van hasta la escalera de subida al jet. Y de la fila cuatro coches salieron y se detienen delante de estos. Bajo de uno de estos Tomasso, al lado del csbecikks de la familia. Don Mateo Cattorini. En otro una rubia mujer de cuarenta y tantos casi cincuenta años de edad, pero, aún luciendo joven. Del mismo tono de tez que el de D'Chenniel. Misma que tomaba la mano de dos pequeños.
Y en los dos ultimos. Una chica ya adolescente-adulta. Pelo castaño con una mezcla de rubio, ojos verdes, y una cara estirada.
Los que llegaban se detienen frente a frente con D'Chenniel y Giuseppe.
—Madre. Padre. ¿No hubo contratiempos? Pregunta D'Chenniel.
Su padre, sonríe —guardó las palabra de respuesta— y solo subió después de sus pequeños y querida esposa. Atrás iba a pasar su otra querida. Su tercera hija, pero la más consentida.
—Mi tío siempre lo hace... Expresa Giuseppe girando su cabeza a D'Chenniel, este, que también le miró.
—Paris. Hermana. Saludo. —Espero que disfrutes del viaje.
—Solo espero que hallas cumplido con tu apuesta, después de todo. Dices que cumples con tu palabra. Dijo Paris.
D'Chenniel la ve subir y termina con una sonrisa. Y quitando de su cara sus gafas oscuras.
Tomasso paso a su lado, y su hombro toco par de veces.
—Estos consentidos Cattorini. ¡Animo Cattorini! ¡¿Cattorini?! Dijo Tomasso al tocarlo.
Subió y solo faltan estos dos. D'Chenniel y Giuseppe. Ambos se miraron.
—¿Lo harás? Preguntó Giuseppe al ir subiendo por la escalera.
—Es mía. Desde mucho antes de irnos a Polonia...
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Blanco Y Negro
Novela Juvenil[secretos, romances (+18), pasiones] el capo de la mafia vivirá su amor y se apoyará en su otra. Una sé convertirá en su esposa... y la otra su "puñal en la espalda". D'Chenniel Cattorini. De piel mestiza clara, como un color matanza, ojos pardos...
