Capítulo 10

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—Como estuvo —dijo con una voz suave—, pensé que jamás volverías.

Sus bellos ojos se acercaban a mis azules ojitos... inclino todo su cuerpo, aunque ya estaba encima de mí y su mano entre mis piernas muy cerca de su pecho rozando el mío. Y con su otra mano libre; sorpresivamente, me agarra la nuca, tira de mi y sus labios junto a su lengua batallaron con los míos...

—Tuve que resolver unos problemas. Okey —dijo—, viajarás con Paris. Solo que no las acompañaré en este viaje.

—D'Chenniel, ¿por qué, no vendrás? —pregunta—, anoche me dijiste que nos acompañarías, que no nos dejarías solas.

—¡Y lo cumpliré! Solo que no abordaré ese vuelo, ¡ese no! —Dijo D'Chenniel. Hace una mueca.

—Como digas... siempre es así —expresó sin ánimos y mirado a la ventana.

—«'¿Siempre es así?'» ¡escúchame! —su voz era baja, pero la entona en “escúchame”—. Sabes cómo soy y que no cambiaré. Será mejor que te acostumbres, si es que quieres volverte mi esposa.

—¿E-es-posa? —habló a dudas. Tanto que deletreo esas palabras que llenaron mi corazón y alma, pero a la misma vez, lo vaciaron—. Si me vuelvo tu esposa, ¿qué cambiaría D'Chenniel? Si sé que no cambiarás, como quieres que me casé contigo...

—¡Carajo! —encabronado salió sin responderle.

Y al ir hasta la puerta y abrir esta, justo en frente, lista para dar un par de toques y anunciarse. Dhiovanna, lo miró y soltó un leve suspiró.

—D... —dijo sin terminar.

—Ahora no —dijo. Pasando a su lado con total irritación. Le sostiene el brazo. Y la miré.

—D'Chenniel, ¡por favor! —pide Dhiovanna con la voz baja.

Se pegó a ella. —Sueltame, quieres —ordenó—, ya estamos mayorcitos para esto.

Abrió su mano y le dejo ir. Sabía lo que pasaría después de eso, y solo lo dejo irse con ese mal genio. Y entró a la habitación. 

******

Fue un duró apretón el nuestro. —Estaremos en contacto. Tan rápido apartó su mano de la suya, se levantó y a su lado Giuseppe, ambos abrochan los botones de sus chaquetas oscuras y se retiraron.

Los hombres permanecieron en cuchicheos al estos retirarse, se quedaron disfrutado de la sustancia ofrecida por estos caballeros.

Llegaron al lobby. Salieron y subieron al coche de estos.

D'Chenniel deja su cabeza apoyada en la ventanilla. Era un deportivo moderno de última generación. Al volante Giuseppe, su primo. Black agachó la mirada y se le perdió entre los mensajes de su smartphone.

—Giuseppe, ¡vámonos de aquí! —dijo D'Chenniel sin ganas.

El coche acelera y deja atrás el sitio donde estos estaban. Era un glamuroso y excéntrico hotel polaco, con un exquisito toque de elegancia y fineza en cuanto a todo más el inmenso lobby del mismo y más la ubicación de este y las vistas de las habitaciones y, donde estos estaban minutos atrás se trataba de unas de las extravagantes suite del hotel: incluyendo alberca en su sala estándar, habitaciones grandes, etcétera...

Ya de noche. Las luces de algunos centros se reflejaban en el oscuro auto. D'Chenniel seguía con la cabeza pegada a la ventanilla; iban regreso al hotel donde estaría su chica. Fabiana. Y quizás si corriera con suerte se encontraría con su hermana Dhiovanna.

Pasada la hora. D'Chenniel ya estaba tomando el elevador y subiendo a su suite. Llegó. Camino a su habitación, entró, y miró… Fabiana no estaba.

—Donde se supone que estás ahora.

Tomo su teléfono y le llamó.

Llamada número de, Fabiana:

El número que usted llama esta apagado...

Miró su smartphone e hizo una mueca. —¡Mierda! —enojado soltó un gritó.

Fue hasta la sala estándar y en la mesita de centro circular vio una nota, va a está, la toma en sus manos y con la vista la miró.

Hize lo que querías. Me he ido. Solo que adelante el vuelo, Dhiovanna no me acompañará vendrá mañana.

Irritado estrujó el papel y lo lanzó al otro lado de la sala, igual que su smartphone que lo lanza contra la mesa. Este quedó con la pantalla  absolutamente rota, hasta más, los pequeños vidrios estaban por encima de la alfombra o mesita.

Gire atrás y fui al Mini bar, un trago; me lo terminé de un solo sorbo y dejó el vaso en la misma meseta.

—¡Carajo! —apartó todo lo que estaba encima del Mini bar: su vaso y un par de costosas botellas. Y más que luego de, pegó un puñetazo a esta, para luego hacer una serie de muecas. —Mierda.

Blanco Y NegroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora