Cerca de una de las playas sicilianas, al oeste del Mediterráneo.
D'Chenniel tenía sus manos dentro de los bolsillos, de ahí, las pasa a cruzarlas entre sí. Pasos atrás estaban Giuseppe y Tomasso con una pose de firme o con las manos en los bolsillos. Y al lado de Balck estaba su padre, don Mateo.
No menos de cinco hombres y dos coches estaban estacionados, los hombres atentos y cuidando las espaldas de los Catorrini.
—Veo que andas tras la chica esa...
—Fabiana —interrumpe D'Chenniel.
Don Mateo sonríe a este.
—Ánimo hijo, si no fuera por tu primo... estarías como loco. ¡Pero hijo! Yo hoy no estoy aquí por esa chica o por los negocios —dijo don Mateo, se giró a él completamente, D'Chenniel también. Don mateo llevo sus manos a sus hombros y hablaba. Platica que era con la mirada penetrante, clavada en los bellos ojos de su hijo varón. Exhala el aire que tomó—. ¿Qué es eso de tu limbo oscuro? Dejáis que vuestra mente os apodere de ti.—D'Chennielle cambia la cara—. ¡D'Chenniel! Eres mi hijo, tenéis responsabilidades que atender como para estar, con esos jueguitos y amoríos. Así nunca volverás con Fabiana. ¿Quieres perderla? ¿Eso quieres?— D'Chenniel volvió a él.
—Lo sé padre, pero... —dijo D'Chenniel sin terminar.
—Sabes que no tienes necesidad de eso... ¿por que lo haces? Encárgate de tus asuntos personales y luego hablaremos... —habló don Mateo y tras terminar dio la espalda, hizo una seña con sus manos a sus guardaespaldas y su asesor, Tomasso, le siguen tras pasar pegado a Giuseppe. A este miró e hizo una sonrisa discreta y se marchaba moviendo la cabeza de forma de no y llevando sus lentes oscuros a su cara. Se sube a su auto y dejo a solas a D'Chenniel y con la compañía a varios pasos de Giuseppe su primo.
Lentamente giré a Giuseppe, quien aún guardaba sus manos en los bolsillos.
Me recompuse y Inhalé. Exhalo y ahí me quede... mirando el claro atardecer, guardo mis manos igual que Giuseppe y deje que la puesta del sol destellará en mi rostro. Ya los ojos de D'Chenniel comenzaban a achinarse por las radiaciones.
—Giuseppe, terminemos con esto de una vez —dándose la vuelta y dándole la espalda a la puesta de sol, colocó en su rostro sus lentes oscuros. Y va camino a su coche.
Giuseppe exhala y de su bolsillo saca las manos. Tras una diferencia de pasos, le sigue.
Subieron al auto y dejaron atrás aquel sitio en el que estaban...
******
Se estaciona un coche. Y de él bajan dos hombres bien robustos; de un cuerpo a soñar. Después bajo D'Chenniel con su traje negro y la compañía de su primo y mano derecha a la vez: Giuseppe.
Miró D'Chenniel hacia el cielo estrellado, si es de noche, y recompuso su mirada. Los hombres al igual que su primo le siguen sus pasos que él mismo va y entra en la complejo hotelero. Va al lobby. Y; de ahí se dirige al ascensor, los hombres, sus guardaespaldas alzaron las cejas puesto a su cuerpo bien formado y físicamente notable, los cuatro no podían ir en el ascensor, así que irían en el próximo o en el de al lado o por las escaleras.
Así fue; esperaron y tras llegar el otro, estos, subieron. Aunque el único que les esperaba en el pasillo era Giuseppe y no ambos, ósea: —D'Chenniel sin la autoridad de la gerencia del hotel interrumpe en una de las habitaciones de este lujoso complejo (prepotente como siempre lo ha sido)—.
D'Chenniel una vez dentro.
Miraba la cama, desarreglada y con un par de vestidos y lencerías e hilos y bragas tanto normales como de encaje. Sonríe. Y va al baño, qué, se podía escuchar como las gotas de agua caían.
Fue.
Y para su sorpresa—aunque no era así— se encoraba a una dama delgada, de un cuerpo bien cuidado. A espaldas de él, totalmente desnuda de pies a cabeza con el pelo mojado y misma pasaba ambas manos por su cabellera negra. ¡Fue sorpresivo! Ese cambio de look en su cabello pero aún así seguía deslumbrado ante esta.
Sin pensarlo entró junto con esta a la ducha.
—Pensé que te perdería —susurró a al oído y en breve toco su hombro con su dedo índice.
Luego pegó su cuerpo a ella, ella, sabía que solo una persona podría hacer eso: D'Chenniel o su Black.
Volvió a él y sus ojos miró, él también le miró sus ojos. Y lo besó tras rodearlo por el cuello con sus brazos.
Ella salía tomada de la mano con él por todo el hobby, aunque su pelo estuviera aún húmedo siguieron adelante.
Suben al auto y D'Chenniel da la orden de partida.
Mientras que iban camino a un departamento, Fabiana miraba por la ventanilla. Y al sentir los labios superiores e inferiores en su mano giro a mirar a D'Chenniel. Su esposo (aunque no estén casados "aún").
—Mañana se casa mi hermana —mira por segundos a la ventana oscura al decirlo.
—Me alegro por ella.
—Hoy irás a probarte el vestido y comprarte alguna cosas. Por lo que veo, mi hermana se estuvo ocupando de ti al yo estar tratando con mis asuntos.
—Tu limbo oscuro.
Él solo sonríe. Ella también lo hace.
Así fue todo el trayecto hasta el lugar mencionado por él. Eran unos verdaderos tortolitos.
El auto entra en una gigantesca casa, una mansión, y al llegar a la puerta el coche oscuro se detiene para dejar bajar a estos. Giuseppe baja junto a su chófer que era uno de los dos guardaespaldas, en el coche de atrás donde viajaban la pareja: Fabiana y D'Chenniel. El chófer les abrió la puerta y estos bajaron y entraron en la casa.
Horas después
Ya Fabiana se había probado varios vestidos elegantes, pero terminó quedándose con uno bastante llamativo y con decoraciones extravagantes: piedras hermosas. Ya de camino a casa, esta misma, apoyaba la cabeza en la ventanilla del auto. Solo que a su lado iba vacío, D'Chenniel; viajaba en otro coche e iba a otro lugar, lugar al que ella no iba. Sino que iba en dirección a la mansión de la familia.
Su cambio era repentino.
Solo fue de un segundo a otro este cambio de planes.
Planes que él quería, pero ella obviamente no sería incluida.
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Blanco Y Negro
Genç Kurgu[secretos, romances (+18), pasiones] el capo de la mafia vivirá su amor y se apoyará en su otra. Una sé convertirá en su esposa... y la otra su "puñal en la espalda". D'Chenniel Cattorini. De piel mestiza clara, como un color matanza, ojos pardos...
