El balls dio inicio con una suave y a la vez dulce melodía. De instrumentales.
Resultaba qué; los invitados llegarían por la puerta principal y está demás decir sobre la estricta seguridad desde hasta. Ya que el baile sería llevado acabo en el nuevo e inaugurado hotel cinco estrellas del siciliano y don Boniffel. Después de que los invitados pasarán por el lobby, pasarían al salón por pasillo el cual estaría lleno de periodistas para la hora del paso de estos —buscando la nota exclusiva y una primicia sobre los presentes—, el salón que se tomaría, contaba con una vista a una piscina pequeña. Tras unos ventanales transparentes y cortinas cayendo por este en color rojo, y las mesas eran de centro circular con manteles largos y finos en tono oscuro, que le daba un toque de referencia al nombre del centro turístico: «“Black Ffel 5 estrellas”»
A penas y el reloj colgado a la pared, de números romanos llegaba a las doce en punto, hora, exacta para el comienzo de la llegada.
12:00 p.m.
Y los autos negros llegaban a la entrada, los de la recepción, encargados de recibir los autos y llevarlos hasta el párking del glamuroso hotel. Los de seguridad sincronizados por audífonos inalámbricos. Eran los principales responsables de la seguridad de la entrada más la de recibir a los empresarios, hombres de negocios (dones) más a sus acompañantes.
¡Por fin! La fila de autos... más esperada se anuncia. Desde el centro el rugido del motor del deportivo tipo Bugatti Veyron en negro, daba fuertes aceleraciones, al timón la dama rubia y traje negro y gafas transparente. Eran exclusivos esos coches iban desde modelos 4x4 hasta 2x2, y que por encima se veían las prestigiosas marcas: Mercedes Benz, Bugatti, Ferrari, Lamborghini... etcétera.
Tan importante era la imagen de estos, Cattorini, para el siciliano que el mismo don Boniffel le esperaba en la puerta rodeado de hombres, de cuerpos corpulentos.
Pero; además de los autos costosos y exclusivos de estos, más atrás venían los típicos autos negros de su personal. Sí, aunque hubiera seguridad estos llegarían con su propio personal de protección y por lo que dejaban ver de ellos, era toda una caballería, ejército a sus espaldas.
La fila de los autos de los Cattorini: el modelo La Ferrari, la joya donde iba Giuseppe y su chica; atrás de él. Tomasso, asesor, en un 4x4 modelo Mercedes Benz, que en el mismo iba Paris y los pequeños de la Familia: Chelinni y Adriana. El feroz Bugatti Veyron en negro desde gomas y pintura hasta cristales, D'Chenniel el black de la familia en el asiento del copiloto y al volante la bella dama: Dhiovanna. De últimos los padres del gran tronco siciliano, Ana y don Mateo en su Lamborghini, de color negro.
Extendió el brazo y esta sosteniendo el bolso de mano de brillo y negro en combinación del vestido y su brazo lo cruzó con el de él. D'Chenniel. —Ya son veintiséis y.... Hermano. Dijo Dhiovanna.
La familia reunida subía por las escaleras, camino a la entrada mientras eran fotografiados por todo el tumulto de personas.
***
En el balls, se dejaba ver en el mismísimo centro de las parejas a la más glamurosa. Los hermanos Cattorini: D'Chenniel y Dhiovanna. Que tomándose de cintura y hombro bailaban al ritmo de la música.
Al oído de don Boniffel le habló su mano derecha, tras escucharle, se dirigió a su asesor. —¿Por qué ¡carajo, ocúpate de ello!? Ordenó don Boniffel. Que sin chistear y al asentar de forma que sí, se marchó de su lado. Dionelio el asesor del mismo.
Pero como todo Alfa que solo cuida a los suyos e iendose por encima de todos —sea quien sea (aunque traiga problemas) eso es ser un Cattorini— lo que es D'Chenniel el hombre de este tronco. Hablaba con su hermana, sí, pero siempre al pendiente de todo de lo que le rodeaba a él y los suyos.... Con tan solo mirar el movimiento extraño de don Boniffel le extrañó y quiso saber el que pasaba. Escuchando a Dhiovanna...
—Dame un momento.... Dijo el mismo, señale a Tomasso y este viene. —Pasa algo entre la gente de don Boniffel. Ya sabes ¿verdad?, la familia está aquí, no quiero inconvenientes. Iré y hablaré con mi padre, ¡ocúpate de lo que te dije! Solo se discreto.
A Dhiovanna el comportamiento de este, le extraña y enseguida su mente se hacía un par de ideas, «ideas» que la misma llega a olvidar para seguir con su brillo y sonrisa. Sabía bien como es su hermano. Black.
A la mesa de la familia; D'Chenniel se acercaba y al estar un par de pasos de su padre. En frente de él, se plantó un hombre de traje negro y tez mestiza. Un guardaespaldas de Dhiovanna. Don Mateo miró y sus cejas arrugó. Pero continuó charlando con su señora —todo delante de sus narices y sin interrumpir—, a este solo le quedó volver con su hermana.
Bebía un sorbo y miraba a su D'Chenniel con total calma. Relajada.
—Que carajos haces, ¡quita a ese estúpido de mi camino o.... Advirtió D'Chenniel con un tono desafiante y su voz aguda. Ella solo le miraba y sosteniendo una mirada discreta le cambió la vista.
—¿«“O”» qué? ¿Le matarás ¡eso haces!? ¿Verdad? Insinúa y tienta a la vez. Sé como trata los asuntos mi hermano pero, no se atrevería a hacer tal cosa y menos en una noche como esta. De ahí mi exquisito gustó por tentarle.
Enfurecido. Soltó un suspiró y a ella se le pego más de lo que estaba. Cara a cara. Tanto que las respiraciones de estos, individualmente podían sentirla en su piel.
La mano abierta roza la cara de ella, esta, parpadeó una vez y suspiró. —¡Dhiovanna, quitaló de una maldita vez! No hagas que...
—Suéltala. Ordenó una voz inconfundible y sin corte. Dhiovanna desvía la mirada a esta voz y sus ojos se agrandaron. Él; solo cerró sus ojos y trago saliva, alejándose un poco de esta. Miró... y su padre con la cara estirada les miraba. Rudo como siempre. —¿Qué creen que hacen ¡los dos!? Están haciendo un verdadero, ¡show! ¿En qué piensan ¡los dos!? ¿Eh?
Dhiovanna intenta explicar pero, don Mateo, le interrumpe al alzar sus cejas.
—Dhiovanna ve con tu madre, ¡ahora! Ordenó. Tras su hija obedecerle y dejar a estos a solas con su hijo. Este le miró fijo y su mano la llevó a su hombro. —¿Qué sucede D'Chenniel? ¿Eh?. Te conozco hijo, usted no pelea por cosas absurdas sino por verdaderas cosas. ¿Qué os preocupa: se trata de esas ratas que nos robaron o...
—Papá. Me estoy ocupando de esto. Dijo D'Chenniel con firmeza de sus palabras. Giró a Giuseppe y le hizo una seña. Al unírseles, asentó ante cualquier decisión de su primo.
—Mm... entiendo, ¡bueno! Os dejaré. Dijo don Mateo. Los presentes sintieron el sonido de notificación entrante.
—Giuseppe. Debemos irnos padre. Dijo D'Chenniel.
Asentó su padre y se marchó tras estos haberle dado la espalda.
—Era él. Afirma Tomasso. Rodeado por varios de sus hombres y en compañía de la presencia de D'Chenniel y Giuseppe.
—Mm.... Sin sentimiento expresa D'Chenniel.
El mismo se agachó al suelo, la punta de sus zapatos se doblaban al agacharse —a puntilla de pie— miró de arriba abajo al hombre e intimidando con esos sicilianos a su alrededor y, su pistola en mano.
Volteó a Tomasso y su arma se la entregó. Volvió nuevamente al desconocido.
—¿Qué tramas? Preguntó D'Chenniel. El hombre de tez oscura le miraba temblando, sus ojos verdes claros —abiertos como plato— más las gotas de sudor corriendo desde la punta de su frente hasta su mejilla. Esperó D'Chenniel. —No te confundas si piensas que soy un matón de don Boniffel, lo conoces ¿verdad? Bueno si es así. ¡Habla!
Este ante el capo siciliano, D'Chenniel, y desconfiando si es o no es «matón de don Boniffel»; trago saliva.
—Soy Sulien Ferrari o... Sulien Boniffel. Soy hijo de don Julián Boniffel, al que le llaman don Boniffel. Dijo Sulien. Su voz se cortaba de lo aguda que lo puso el mismo al explicar quien era.
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Blanco Y Negro
Teen Fiction[secretos, romances (+18), pasiones] el capo de la mafia vivirá su amor y se apoyará en su otra. Una sé convertirá en su esposa... y la otra su "puñal en la espalda". D'Chenniel Cattorini. De piel mestiza clara, como un color matanza, ojos pardos...
