Capítulo 2

27 9 0
                                        

Sentado, tranquilo en la silla, como si nada hubiese pasado, bebió un sorbo del trago y señalo con el dedo índice a su hombre. Giuseppe.

—¿Entonces? Giuseppe... –Dijo D’Chenniel con total seguridad y firmeza en sus palabras. No dudó y la mirada ni cambió, al hablar, con sus ojos pardos encima de su hombre. Mano derecha.

18 horas antes

El jet privado acababa de levantar el vuelo desde el aeropuerto de Nueva York. Ya en el cielo. D’Chenniel acompañado de toda su tropa, ¡sí! A este joven e hijo de mafioso, cada, que tiene un viaje de negocios o negociación, demuestra el poder de su familia “Cattorini”; y esta vez se sobrepasó al respecto. Viajaba como si fuera una figura publica de algun país, aunque lo es, pero debajo de la figura y fama de empresario exitoso escondía a todo un capo de la mafia siciliana.

Tome asiento, justo al frente del asiento que daba al de mi mano derecha. Me acomodé y a la camarera le pedí un trago. Lo trajo y sin mirarla, lo tome, bebí un sorbo corto.

Tomasso, se mueve en el cómodo asiento y miró a D’Chenniel, luego cambia la vista a la ventana. En esta; suelta un resoplido, vuelve, y mira a otro lado, que no estuviera el rostro de D’Chenniel.

D’Chenniel, se estiró en su puesto y pasó su lengua por sus labios, de forma para humedecerlos.

—¿Qué pasa? Ya. Me dirás. –Dijo D’Chenniel sin ganas, aún estirado en el asiento.

—Es ese tema de Giuseppe. No me gusta para nada. ¿Ya tienes pensado algo, D’Chenniel? Habló con la voz cansada por la edad, —unos cuarenta y tantos traía encima el hombre—, (pero aún seguía dedicando su vida a los Cattorini). —¡D’Chenniel, un barco completo en medio del Mediterráneo, fue asaltado! ¿En qué pensabais? ¿¡Eh!? .Del insultó y de hablar de carretilla, pega de nuevo su espalda al espaldar de su asiento. Se relaja  con un par de respiraciones rápidas y agitadas.

—Recuperaremos esos contenedores y mataremos a esos hijos de perra que tocaron nuestra cocaína. Giuseppe nos esperará en el aeropuerto con nuestros hombres y autos, de ahí, nos vamos a la casa en Roma. Necesito arreglar un par de cosas. Dijo sin trabas y con la voz firme, que, a pesar de las palabras de Tomasso de carretilla y su alzado de voz. Aún seguía relajado, soltados suspiros, de forma, como si no le importará. —En un par de días volveremos a Sicilia, le rendiremos cuenta a mi padre, ¡ya lo debe saber!

—Es obvio, D’Chenniel… vuestro padre ya lo debe saber a estas alturas. Dijo Tomasso con D’Chenniel.

El chico; D’Chenniel, de su saco oscuro saca un sobresito, de cocaína, introduce su dedo en este sobre y embarrado lo lleva a la encilla encima de sus dientes. Lo saborea, se levanta y va a la parte trasera del Jet, se lanza a un asiento y en este, se acuesta.

El privado avión de este, era lo suficiente lujoso, cumpliendo todas sus expectativas en comodidad y lujo. Aunque no era el único de la familia, también estaba el del padre, y don de la familia. Don Mateo Cattorini. ¡Más esplendor, más grande y el doble de comodidad!

Por encima de las nubes, oscuras por la caída de la noche todos descansaban, excepto por el mismo Don D’Chenniel, que comenzaba a despertarse. Se sienta en el asiento transformable de sofá a cama, toma la cortina y la abre, la desliza para ver la noche, la suelta y esta se recompone con algunas partes arrugadas.

Se levanta y va a la parte de al frente. Y al pasar por el baño, tuvo la sensación húmeda de usar el váter. Abre la puerta sin tocar.

Dentro, la azafata, en bragas y brasier, sorprendida se tapa con la chaqueta manchada. D’Chenniel parpadeó sus ojos y tragó saliva. A pesar de que los efectos aún en él, que, poco a poco iban desvaneciendo; al abrir nuevamente los ojos y verla asi. Sus ojos no la vieron en brasier y en braga, sino que, la vio completamente desnuda y la misma le pedía que él, se la cogiera duro, sin piedad, que la satisficiera. Pero con volvió a parpadear y pudo volver a sí. Y dejarla tranquila, aunque el mismo, se quedó con las ganas. 

Blanco Y NegroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora