En los aires del Mediterráneo
En el cómodo asiento, relajado, estaba D'Chenniel, y en los dos puestos a su frente y que de intermedio hay una mesa de centro cuadrado. Estaban los pequeños. Los más pequeño de los Cattorini; Chelinni y Adriana Cattorini. Al lado de D'Chenniel, va a tomar puesto Giuseppe. Lo miro rápido su primo y movió en corto la cabeza de izquierda a derecha.
—¿Qué haces? Pregunta - susurró D'Chenniel.
—Sentarme. Despistado responde Giuseppe.
Los mayores e incluyendo al asesor lo miraron. Este, volvió a ellos. Aún no comprendía el porque no podía 'sentarse" en ese sitio.
—Y tú que haces. Permiso. Ahí voy yo. Dijo a espalda de Giuseppe. Paris.
Giuseppe desiste de sentarse junto a D'Chenniel y le sede a Paris.
Ya todos en sus puestos. Comenzaron a beber excepto por D'Chenniel, Paris y sus hermanitos. Esta; se acomoda para girar su cuerpo a su hermano mayor.
—Adriana y Chelinni. Vuestro hermano nos tiene una sorpresa. Dijo Paris.
—¿Sorpresa? Pregunta sorprendido Don Mateo.
—¡Ahí viene! Expresó Giuseppe.
Tomasso gesta como si fuera a sonreír —no lo hace— y termina mirando a través de la ventanilla del avión.
—Hijo, ¿de qué sorpresa habla Paris? Preguntó la madre de estos. La señora Ana.
—He comprado una casa en Polonia. Así no tenemos que ir a algún hotel y menos al de Boniffel. Explica D'Chenniel, sin mirarlos. Su vista al techo y bien estirado en el asiento. —¿Ah? Ellos nos esperan...
Para los hombres de este tronco, «ellos» —sabían a que se refería uno de los mayores de la familia, (sus guardaespaldas) y la razón por la que no lo dijo, ¡simple! Por los pequeños, que, aunque vivan en esa familia y serán parte de ese mundo "hablar de eso era innecesario, por ahora"— ya su hermana Paris, su madre Ana, y su otra hermana están acostumbradas, pero ellos los ven, pero a su edad es algo imposible que lo comprendan. Y de ahí viene la idea de esa exagerada fila de autos negros para solo una familia de ocho más el asesor.
Y aunque Black (D'Chenniel) sea tan estricto y impulsivo. Su debilidad es la familia que le tiene, aunque, sea sabido esta oportunidad de derrotarlo. No le preocupa. Ya que son pocos —sin decir ninguno— que sea suicida para atacar a un Cattorini que no esté presente en el crimen organizado.
Los minutos pasaban y D'Chenniel como niñera, con la vista cuidaba a sus pequeños hermanos. Tanto, que espera unos segundos más y los lleva a ambos en sus piernas y encima de la mesa después. Jugaba con ellos.
—¡Iré atrás! No quiero sentir sus llantos cuando de ti se aburran. Dijo Paris.
Pero; era lo contrario a lo que dijo su hermana. Estos solo reían y se divertían con él, D'Chenniel, para quedarse rendidos encima de el. Y ahí llamo a la niñera personal de estos. Una bonita dama, de procedencia francesa y con más de dos idiomas a parte de su idioma natal.
Se levantó y va a la zona donde todos estaban. Una zona estándar para almorzar, cenar y desayunar.
Lo vieron llegar.
—¿Ya se hartaron de ti? Hermano. Dijo Paris.
—¡Imposible! Le adoran. Más que a nosotros. Y somos sus padres. Dijo Ana. Mientras que su hijo tomaba asiento en la mesa y disponía en servirse un trago.
—Casi llegamos. D'Chenniel, Giuseppe irán conmigo a reunirnos con tu padre, sobrino. ¡Será rápido! Habló don Mateo antes de darle un mordisco a su tostada. Tragó, tras esto, bebé un sorbo de su jugo. —Tomasso irás con la familia a la casa que mi hijo compró.
Tomasso, solo asentó de forma que si.
D'Chenniel se mantuvo a raya, sin chistear, al igual que Tomasso, asintió en forma que si. Para terminar con sus brazos cruzados encima de la mesa. Y Giuseppe; dispuso en navegar entre algunos mensajes de su teléfono.
Los autos fueron divididos en dos de filas. Las del Don y su hijo y su sobrino; el otro, la señora de la familia, Ana, y sus hijos junto al asesor de la familia.
Solo bastó con la orden del jefe mayor, Don Mateo, quien da la voz de partir tan pronto bajaron de su vuelo privado y subieron a sus deportivos.
Al gusto del Don, éste, viajaba en el asiento delantero al lado del chófer, atrás Giuseppe y D'Chenniel. Quien giro su cabeza a su primo; que curiosamente le llama la atención la pantalla de su móvil. Giuseppe tarda solo un par de segundos en percatarse, al mirarlo, como estaba de atento D'Chenniel encima de él. Solo guardó su smartphone en su negra chaqueta.
—Quieres una... Dijo Giuseppe con esa cara insinuadora, la voz baja y lenta, todo, a la misma vez.
—¿Qué? Una dama de compañía. No la necesito. ¡Ahora tú! Si que la vas a necesitar. Habló D'Chenniel casi a susurros y poco entendible por su tono tan bajo.
Pero a Don Mateo el tema del que hablan de tras, le resulta cómico, tanto como para soltar una carcajada.
—Giuseppe. Deja a D'Chenniel; de seguro entrará tomado del brazo. Igual que lo hizo la última vez... Afirma don Mateo. Y tras decirlo, en D'Chenniel se puede ver una sonrisa discreta, carraspeó y miró a su ventanilla.
Así se la pasó el resto del camino... sin soltar una sola palabra por el resto del viaje.
***
El lugar era acogedor; en las mesas pegadas al balcón estabas estos caballeros: Don Mateo junto a su hijo D'Chenniel y la mano derecha del mismo, Giuseppe, Don Boniffel y su fiel asesor. Dionelio.
Don Boniffel, es de unos cincuenta y cinco años. Pelo largo y estirado de color blanco por sus canas —dándole un tono de señor aún mayor de lo que aparenta— su estatura es baja, de ojos azules.
Su vestimenta era de traje blanco, contrario al de los Cattorini, que de la misma vestimenta oscura iba su asesor. Dionelio. Excepto que, a este, le faltaba el bastón que llevaba su don.
Tras la camarera haberles traído su orden, una tasa de café para D'Chenniel y para el resto un trago de Black Level. Y unos buenos habanos cubanos. Los dones prendieron sus puros...
Aspiraba repetitivamente el tabaco exportado, lo miraba y miraba. De una forma como de estar especulando su puro. —Hablemos de negocio. ¿Que pasará con los romanos esos? Soltó en seco y breve, Don Boniffel.
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Blanco Y Negro
Jugendliteratur[secretos, romances (+18), pasiones] el capo de la mafia vivirá su amor y se apoyará en su otra. Una sé convertirá en su esposa... y la otra su "puñal en la espalda". D'Chenniel Cattorini. De piel mestiza clara, como un color matanza, ojos pardos...
