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Mo estaba absorto en los labios cálidos y carnosos del moreno, las caricias por su piel, el hormigueo e incluso el sentimiento de electricidad recorriendo su abdomen y todo aquel lugar por donde sus dedos gozaran de pasar... ¿Cómo se había dejado llevar otra vez?

Tal vez el primer beso entre los dos había sido pésimo y carente de cualquier emoción que sus cerebros pudieran procesar y más aún somatizar,  Con los que siguieron a ese, a Mo se le saturaba el paladar con la mezcla de sabores a menta y cigarro caro en la boca del moreno que había ido identificando con cada vez más precisión.

Hoy estaba sintiendo el sabor menos molesto a otras veces, tal vez se había acostumbrado a ello por la tarde con los besos que se habían dado en la biblioteca hace varias horas. Y  Mo Guan Shan sabía que estaba mal, que ni siquiera era la razón para estar en el departamento del moreno esa noche, pero He Tian terminaba siempre arrastrándolo a su charco de mierda, quisiera o no. 

Y Mo era completamente consiente de que todo era una maldita excusa, era consiente que estaba ahí por voluntad y por tal vez algo de compañía en un momento en el que no se encontraba en un buen estado emocional. Se volvía débil cuando el moreno lo destripaba con la mirada y lo acariciaba con esas manos de niño que nunca tocó una escoba.

Quería reír a ratos de su propia desgracia, Mo Guan Shan nunca fue participe de infidelidades, no le gustaba, tenía moral, pero los besos que se daban generalmente eran roces lentos de labios y picos suaves, besos experimentales faltantes de alma que de alguna forma hacían sentir mejor al pelirrojo.

Usar al moreno de esa forma tampoco lo hacía sentir como una buena persona. Se había dicho que no lo volvería a permitir.

Pero, quizás era la cerveza en sus sistemas o la emoción de que habían adelantado una buena parte de la investigación, pero tan pronto como Mo dijo que necesitaba un descanso ya que el cansancio del día le empezaba a pesar en los párpados. He Tian lo tomó de la mandíbula y no tardó en juntar sus labios suavemente.

Aunque Mo se negó rotundamente tan pronto sintió el roce, el moreno no dio brazo a torcer, sin darle importancia a si tal vez apretaba un poco demás las muñecas de Mo o las veces que se quejó llamándolo por su nombre seguido de un montón de palabras vulgares.

He Tian se tumbó sobre el cuerpo del pelirrojo en el sofá, poniendo fuerza en mantener las manos de Mo a cada lado de su cabeza.

—Eres un maldito mentiroso —se quejo el pelirrojo, sentía que la sangre se le subía a la cabeza, no sabía si por el alcohol o por el bochorno y esfuerzo de intentar sacarse a He Tian de encima.

—¡Oh! que novedad —se río de ver cómo un agotado Mo Guan Shan sucumbía y por fin permanecía quieto, se mantenían la mirada con intensidad—. Pensé que ya te habías dado cuenta de eso.

Mo refunfuño en su lugar y He Tian en respuesta se reía, soltó lentamente las muñecas del bermejo, aún habiéndose encontrado libre ya, no se movió; suspiró con pesadez mirando la sonrisa bañada en sorna del pelinegro.

—¿Puedo hacerlo? —pregunto en cuanto enserió el rostro.

—¿Hacer qué?

—Besarte.

Mo lo miró indiferente.

—Si no quieres no te obligare.

—El hecho de que sigas encima mío me dice todo lo contrario.

—No quiero que digas que no.

—Entonces realmente te importa una mierda lo que diga.

—No... Pero no te dejaré irte hasta que me digas que puedo.

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