Ni Contigo Ni Sin Ti (Milo)

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La luna se cernía en el cielo nocturno en su cuarto creciente. Afrodita, tumbada sobre el suave césped del jardín de su templo la contemplaba perdida en sus pensamientos. Imaginando escenarios ficticios donde era dueña de su propio destino, un mundo sin máscaras, mentira e intrigas como las que rodeaban su vida, mismas de las que había sido cómplice y que más de una había sido tejida por ella. No se arrepentía de absolutamente de nada, no se engañaba, salvo que el amor que albergaba desde hace años lo mantenía en silencio porque era lo mejor. Él merecía algo mejor, alguien que se entregara sin restricciones, secretos o verdades a medias, desafortunadamente su vida entera estaba totalmente fragmentada. No le quedaba más que imaginar con cosas que jamás serán. Se burló de sí misma por fijarse en una de las pocas personas con las que no tenía derecho a ni siquiera soñar.

Solo ahí, en la privacidad de su templo y con la noche por testigo, se atrevía ser totalmente abierta con sus sentimientos. Confesarle a la luna el amor qué sentía por el guardián del octavo templo. Un amor limpio y puro que le daba el consuelo necesario para continuar con toda la porquería que era su vida. Si no mandaba todo y a todos al diablo era únicamente por él, porque no sabía lo que sus acciones pudieran repercutir en su vida y si había algo que atesoraba más que su deber como santo, era Milo de Escorpio. Las cosas se estaban poniendo turbulentas, sabía que se avecinaba una batalla decisiva y por supuesto lucharía con todo para ganar, pero si el destino decidía ponerla en el bando perdedor no se quejaría siempre y cuando implicara que él estuviera bien. Estaba dispuesta a dar su vida no solo por deber, sino también por amor.

No importaba el resultado de la batalla. Era completamente irrelevante si salía airosa de la batalla contra Saori Kido y los santos de bronce, no guardaba ninguna esperanza con Milo. Sabía que su amor se lo llevaría a la tumba. Era lo mejor para todos, sobre todo para él, confesarse sería causarle un sufrimiento innecesario en el caso de que sus sentimientos fueran correspondidos ¿qué pasaría cuándo todo saliera a la luz? Milo la odiaría, lo conocía bien para saber que ese era el tipo de traiciones qué el Escorpio jamás perdonaría y solo lo condenaría con ello. No, su amor debía quedarse guardado en su corazón, aunque eso la desgarrara por dentro y le doliera tanto que casi era físico, debía seguir todo como estaba él con su vida y sus amigos y ella con la suya y todas las telarañas a su alrededor.

Unos pasos interrumpieron su línea de pensamiento y se giró solo para ver a uno de sus amigos entrar. Sonrió amargamente y volvió sus ojos a la luna.

—Es de mala educación entrar a un templo ajeno sin permiso —fue su saludo.

—Recuérdalo cuando entres a Cáncer —le respondieron con burla dejándose caer a su lado—. ¿Nerviosa por la batalla de mañana? ¿O estás pensando en el bicho?

—Feliz de que finalmente todo acabe —se giró para ver a Deathmask—, sabemos que sin importar el resultado, todo se sabrá ¿no?

—Seguro —se recostó poniendo sus manos sobre su nuca y la imitó viendo al cielo—. Entonces estabas pensando en el bicho —sonrió irónico al darse cuenta que había ignorado su segunda pregunta-. Nos van a odiar.

—Nada que no sepamos —se encogió de hombros.

—Vi a Milo entrar al templo de Leo —Afrodita lo volteó a ver.

—Por eso subiste —afirmó. Deathmask se limitó a asentir—. Me alegra de qué al menos lo tenga a él.

—Sí, son buena opción el uno para el otro. Se necesitarán para cuándo todo esto acabe.

—Así es. Sabrán apoyarse mutuamente.

Sí, sabía que Aioria era lo que Milo necesitaba,
no era un secreto la relación que mantenían, así que eso la dejaba tranquila, no estaba solo y eso estaba bien, sería tan feliz como su responsabilidad lo permitiera.

—Te tomas demasiado bien su relación.

—Igual qué tú —minimizó.

—Pagamos caro con nuestro silencio ¿no? –se burló Deathmask.

—Sí —concordó— y creo que te llevaste la peor parte —bromeó con tristeza al recordar que su amigo amaba a Aioria, el más afectado en todo.

—Nos queda sufrir en silencio, tú no aprovechaste tu oportunidad, pudiste haberlo tenido —le recordó qué unos años atrás, Milo buscaba su compañía—, pero decidiste callar.

—¿Con todo lo que había a nuestro alrededor? Sabes que era imposible, debía protegerlo.

—Mejor me voy, esta conversación no nos va ayudar y mañana debemos estar con la mente despejada. Aunque tengo el presentimiento de que ya no habrá otra.

—Posiblemente —fue lo último que le dijo a su amigo.

Veinticuatro horas después la batalla había terminado y toda la verdad salía a la luz. Milo lloraba sobre los pétalos de las rosas qué poco a poco se marchitaban en el Templo de los Peces Gemelos.

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¡Gracias por leer!

¡Tenía que hacer este songfic! Dos temas de Pepe Aguilar me hacen pensar en esta pareja al escucharlas (con esta canción en particular también pienso en la pareja de Deathmask x Aioria y por eso le di una pincelada), la siguiente historia será la continuación de esta.

Afrodita De Piscis Donde viven las historias. Descúbrelo ahora