—Necesitamos arreglar ya su habitación, no podemos seguir postergándolo. ¿Este fin de semana vamos por las cosas? Tengo que aprovechar en lo que aún puedo caminar un poco más de 15 minutos sin caer rendida, recuerda lo que dijo la doctora.
—Cierto, este fin de semana vamos, le diré a Rosé que me recomiende lugares, también debemos de terminar de traer tus cosas para acá, no puedes vivir con solo mi ropa, cariño.
—Es que es tan cómoda.— ya habíamos dado el paso a vivir juntas completamente, no era nada accesible que Lisa estuviera en casa y yo me la pasara en la de ella, aun con nuestras cosas en lugares diferentes, yo me mudé a su departamento.
—Sí, pero mi amor, ya no te queda tampoco— aunque lo dijo de manera dulce y sin intención, me dolió, no era mentira que las últimas semanas había crecido de manera desmedida, ya solo alcanzaba a ver mis dedos de mis pies. Sin embargo, no dije nada al respecto.
—Uh, bueno, podemos ir el viernes después de clases.
—Me parece perfecto. ¿Quieres salir a almorzar hoy o prefieres pedir algo a domicilio?
—No tengo ganas de salir, mis pies están algo hinchados y no sé por qué, pide algo.
—Cierto, ¿qué se te antoja?
—Tú.
—¿Sí?— asentí, Lisa me ayudo a recargarme un poco más en el sofá, se acercó más a mi y me dio un corto beso, el cual profundizó momentos después. Sin esperarlo, se pasó a mi cuello, el cual siguió besando con el mismo esmero, una de sus manos empezó a acariciar mi cintura y dio un apretón en ella, ahí lo noté, ya no era solo músculo o tocaba mis costillas, ella había encontrado grasa. Dios. La excitación que estaba sintiendo se me bajó en un segundo.
—Creo que tengo que ir a hacer pis, vengo en un rato.— note la desilusión en su cara, pero no dijo nada, simplemente asintió y se acomodó en el sillón, prendiendo su televisor.
Nuevamente, por la noche, intentó iniciar algo, a lo que le corté de manera inmediata, diciéndole que estaba demasiado cansada, solo me volteé a mi lado y me dispuse a dormir, nunca me había sentido incómoda con mi apariencia, pero esta mañana, al analizarme frente al espejo, noté demasiadas cosas que no me había dado a la tarea de analizar.
Cosas que no me habían gustado para nada.
Esto se estaba repitiendo cada mañana, cada noche, cada vez que Lisa intentaba tocarme en lugares de mi cuerpo que no me agradaban en apariencia y en tacto, me dolía tanto rechazarla, pero ella nunca me insistía y aceptaba amablemente mis débiles excusas. Simplemente me daba cariños, como si de adolescentes virginales nos tratáramos.
Igual estaba muy ocupada en su trabajo, por lo que, luego de charlas ligeras, caía rendida al sueño.
Muy ocupada y cansada como para notar que, algunas veces en la madrugada, lloraba porque no me estaba sintiendo lo suficiente para ella.
Ya no era solo un pensamiento ocasional, para mi se estaba convirtiendo en un martirio, uno silencioso.
Llegó muy pronto el fin de semana, era domingo, ayer habíamos terminado de pintar el cuarto de nuestra pequeña, optamos por el rosa, ya que era mi color favorito y agregamos detalles amarillos, por Lisa.
Estaba a punto de abrir los ojos para salir completamente de mi sueño, pero sentí como Lisa removió un poco mi blusa, tuve que detener el impulso de taparme ante ella y fingí que seguía dormida.
Se acercó levemente.
—Hola, pequeña, ¿cómo amaneciste mi amor? ¿Sigues dormida?— Susurró y posó una de sus manos en mi estómago para empezar a acariciarlo.— No puedo esperar a que salgas de ahí y nos desveles a mi y a mamá.
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Paper Rings |Jenlisa|
FanfictionLalisa Manobal es una mujer exitosa, siente que su vida está en el punto más alto de la felicidad, es una talentosa arquitecta con un despacho sumamente próspero, realmente hermosa, tiene un prometido bien parecido y está a punto de contraer matrimo...
