Capítulo 4

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Sus pies descalzos recorrieron la alfombra beige con lentitud, sentía aquella suavidad como si fuera la primera vez, pero al mismo tiempo le resultaba nostálgico.

¿Sería aquella alfombra partícipe de algún suceso importante en su vida?

No lo sabía.

Pero intentaría recordar esa pregunta y otras más para preguntarle a su guía cuando lo encuentre.

Pero, hablando de su guía, ya no pensaba en él cómo solo eso, debe ser alguien que lo conoce desde hace mucho tiempo, y no solo eso, era una persona cercana a él, quizá un amigo o un familiar, pero tampoco lo sabría con exactitud. No hasta encontrarle. Así que por ahora mantendría su apodo de "ángel guardián".

Elevó ambos brazos hacia arriba y estiró su adolorida espalda, llevó ambos pies a la cama y se abrazó a sus rodillas, tenía una molesta duda que no quería enfrentar pero le seria imposible evitar.

¿De verdad podría caminar con aquellas débiles piernas?

¿Y si se caía?

Bueno, no moriría por una caída, pero, ¿Y si no lograba regresar a la cama? O peor... ¿Al baño?

Volvió a posar sus pies en la alfombra cuando un nuevo temblor interrumpió sus pensamientos. Tomó el par de medias marrones que estaban juntos a las pantuflas y se las puso, al tiempo que masajeaba sus adormecidos piecitos.

Alcanzó la tercera nota y la observó con detenimiento antes de juntarla con las otras dos, para finalmente calzarse las pantuflas de gatito.

Balancear su peso de un pie al otro no sonaba tan difícil, así que decidió ignorar su miedo y mantener la calma como lo dijo su ángel guardián.

Cerró los ojos, flexionó sus codos y con las manos frente a su pecho se inclinó hacia adelante distribuyendo todo su peso en ambos pies.

Su gesto temeroso pasó a ser de sorpresa cuando no se sintió caer.

Vaya confianza se tenía.

Con mucha lentitud, bajó la mirada hacia abajo, pues temía perder el equilibrio, y vió como sus temblorosas piernas lo mantenían de pie. Sin embargo, sintió que no sería por mucho, así que inclinó todo su cuerpo al frente y movió su pierna derecha.

Paso uno: listo.

Enseguida volvió a hacer lo mismo, pero se inclinó demaciado y no solo movió su izquierda, si no que por inercia volvió a mover la derecha, pero esta flaqueó y de repente sintió el frío del piso en su cuerpo y dolor en el trasero.

Había caído de costado, sobre su nalga y brazo derecho. Gruñó frustrado y se volteó quedando de panza, con la cara escondida entre sus brazos.

Sollozó un momento pero dejó de hacerlo repentinamente, le habían pedido que no llorara.

Levantó la cabeza y miró hacia su destino para encontrar justo allí, en aquella puerta blanca semi abierta, otra notita amarilla...

"Tú puedes, Jimin."


Pd. No se preocupen si no entienden, poco a poco esclarecerá el asunto 😉

Notitas Amarillas [YM]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora