La expresión de sorpresa no tuvo lugar en su rostro, pero en cuestión de segundos, una de completa determinación lo ocupó.
Sus cejas fruncidas y sus labios en línea recta, eran prueba del esfuerzo que estaba haciendo para ponerse de rodillas.
Su pierna derecha le dolía al moverla pero con su ángel guardián alentándolo no se rendiría tan facilmente.
Sosteniéndose con sus manos y rodillas, miró a su alrededor, la silla del escritorio estaba bastante cerca por lo que optó por sentarse sobre sus talones y atraer a la misma hacia sí.
Se aferró a aquella silla como si su vida dependiera de ello, la molestia en su vejiga pasó a ser dolorosa y tampoco se permitiría defraudar a su ángel guardián.
Una vez sentado, soltó un suspiro cansado e intentó relajarse, ahora solo tendría que volver a pararse como lo hizo la primera vez.
Esperó un momento más para recobrar fuerzas y se inclinó para pararse, nuevamente movió su pierna izquierda y dió un paso más hacia el baño.
Su pierna derecha seguía adolorida así que decidió que solo la juntaría con la otra y avanzaría de nueva cuenta con la izquierda.
Solo un paso más y llegó a la puerta. Infló su pecho pues ya no se sentía tan fracasado, había caminado tres metros él solo con sus debiluchas piernas de pollo.
¿Se había caído? Si. Pero su ángel guardián estuvo allí para apoyarlo, y se levantó.
Agarrado al picaporte de la puerta se agachó con cuidado para despegar la alentadora notita amarilla, que casualmente se encontraba a unos 20 centímetros del suelo.
¿Acaso su ángel guardián sabía que caería? Y de ser así, ¿Por qué no se lo advirtió?
Nuevas dudas inundaron su mente.
¿Merecía su ángel guardián el ser llamado como tal?
"¡No!" Se reprochó mentalmente.
Sacudió la cabeza a los lados una vez se hubo incorporado con la notita en sus manos. No debía dudar así de su ángel guardián, al fin y al cabo era el único que "estaba allí" para él.
Volteó la mirada y la desesperación reapareció en su interior al ver que tan solo unos tres pasos lo separaban de aquel sagrado objeto llamado inodoro.
Al primer paso notó que sus piernas no aguantarían mucho tiempo más, pues por pura inercia sentía la necesidad de juntarlas para poder aguantar las ganas de orinar.
Al segundo paso se bajó el pantalón y se quitó el pañal.
Al tercer paso, y sin otra posible opción viable, se volteó para dejarse caer en la mullida superficie del tan deseado trono.
Lo dejó salir todo, junto a un largo suspiro de completo alivio, y aún con los ojos cerrados se sintió en paz por un momento.
Cuando su respiración se normalizó y su cuerpo se sintió más ligero, abrió los ojos y en el mueble del lavabo se hallaba otra notita amarilla:
"¡Felicidades! Sabía que lo lograrías, pequeño."

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Notitas Amarillas [YM]
FanfictionEl joven despierta un día sin recordar absolutamente nada. Desconoce el lugar y su propio cuerpo. Siente que enloquecerá si no encuentra pistas que le ayuden a recordar. Pero de pronto descubre que no está solo, si no que una serie de notitas est...
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