El joven despierta un día sin recordar absolutamente nada.
Desconoce el lugar y su propio cuerpo.
Siente que enloquecerá si no encuentra pistas que le ayuden a recordar.
Pero de pronto descubre que no está solo, si no que una serie de notitas est...
Una sonrisa apareció y su corazón se calentó, a pesar de que el temblor y las lágrimas permanecieran. Porque aunque se sintiera abrumado por las sensaciones desconocidas que le invadían de repente, su ángel se encargaba de recordarle que no estaba solo, que le ayudaría, guiaría e incluso reconfortaría.
Esta era la primera vez que, de cierta forma, le retaba a continuar, cuestionandole de una manera un tanto ruda, pero que le llenaba de valor.
Jimin cruzó el pasillo gateando, hasta recostarse a la pared contraria, justo al lado de la notita. Ladeó la cabeza para observarla , aún pegada en la pared, y volvió a preguntarse mentalmente...
¿Cómo es que sabía con exactitud dónde pegar cada notita y qué escribir en ellas?
Sin embargo, Jimin ya se había planteado esa duda con anterioridad, por lo que, siendo consciente de que permanecería con la incertidumbre, se dispuso a anotarla en su cuaderno.
Una vez que la palabra "notitas" fué escrita en la columna de dudas, extendió su brazo izquierdo para despegar el papel de la pared y unirlo al resto, no sin antes revisar la caligrafía.
Esta vez no fué capaz de percibir ninguna irregularidad, sin embargo, cayó en la cuenta de que esa duda no figuraba en su cuaderno.
"Caligrafía" le pareció una palabra innecesariamente larga, por lo que optó por escribír "letra".
Guardó todas sus notitas, unidas entre sí, dentro de su cuaderno, cerrándolo y colocando el bolígrafo dentro del espiral del mismo.
Se puso de pié una vez más, restregó sus ojos y mejillas, deshaciéndose de las lágrimas secas, y se enfrentó a aquella puerta que le provocaba tantos sentimientos.
Porque no. No se iba a rendir tan fácilmente.
Una vez más el picaporte no respondió pese a sus esfuerzos para que girase, pero esta puerta le incitaba a forzarla.
Observando el marco de la puerta, notó que esta se abría hacia adentro, así que colocándose de perfil, la embistió con todas sus fuerzas.
No obstante, su cuerpo se encontraba tan débil, que solo logró entumecer todo su brazo izquierdo hasta el omóplato.
Adolorido, pensó en lo injusto que resultaba el lastimarse a sí mismo después de todos los cuidados que recibía de su ángel. Su mejor opción sería utilizar la cabeza.
Se arrodilló frente a la puerta para observar por la cerradura, pero se encontraba obstruida.
Con astucia, tomó el bolígrafo del espiral de su cuaderno, y con él, logró atraer el pequeño obstáculo de la cerradura, quitándolo por completo y apresurándose a observar a través de ella.
Pero su pupila encontró un nuevo obstáculo, y esta vez no pudo hacer uso de su bolígrafo, puesto a que era muy ancho y no llegaba al otro extremo de la cerradura.
Desilucionado, se sentó sobre sus talones y observó en el suelo el primer obstáculo ya superado.
Parpadeó un par de veces incrédulo, pues resultó que aquello era otra notita hecha bolita, y al desplegarla leyó...
"Deja de curiosear y vé a la cocina."
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