Ranúnculos

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Desde que tengo uso de razón, mi familia estaba conformada por mi hermana dos años mayor que yo y por mi padre

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Desde que tengo uso de razón, mi familia estaba conformada por mi hermana dos años mayor que yo y por mi padre. Nunca había sabido que le había pasado a mi madre, ya que sabía que era un tema implícitamente intocable por la melancolía y enojo que desataba la pregunta.

Creo que fue cuando tenía siete años que, en una de las tantas noches de borrachera de mi padre, me aventure a preguntarle que le paso.  Él estaba sentado en un sillón mamey de la sala de estar, iluminada por las llamas ardientes que desprendía la chimenea, a altas horas de la noche cuando se supone que ya debíamos estar dormidas.

—Pa-pá -Susurré mientras me acercaba a él de manera temerosa, pero sujetando fuertemente mi peluche de conejo blanco. Mi progenitor no era una persona violenta; pero sin duda, me daba miedo que reaccionara de mala manera y procediera a castigarme por no estar acostada en mi cama y próxima a romper regla la más importante. Además, solo sabía que cuando mi papá tomaba el líquido de la botella café tendía a ser irracional y a decir maldiciones incoherentes. 

—¿Eh? - Dijo tras reaccionar tras unos minutos limpiándose rápidamente cualquier indicio de lágrimas- ¡Ah! Alicia ¿Qué haces despierta a estas horas?... Ya es tarde —Atino a decir para proceder a darle un profundo trago a su bebida. 

—Perdón... No podía dormir y quería saber ¿S-si te puedo hacer una pregunta?

— ¿Qué es? — Cuestiono hipando. 

Estruje con más vigor mi muñeco afelpado contra mi pecho—¿Dónde está mi mamá? —Murmuré bajito, casi inaudible y jugando con el moñito rojo que tenía mi acompañante en el cuello.

Él se quedó estático ante mi incógnita, como meditando, talvez recordando su posible paradero o talvez sin saber que responderme. Aunque fueron minutos, a mí las horas me parecieron eternas, mi corazoncito latía más rápido, mis vellitos se erizaron por la lúgubre ambientación que daba la chimenea y ni siquiera me atrevía a verlo. Cuando deduje que no me iba a decir nada y solo me ignoraría, lo oí decir tras otra tomada. 

— Mi hermosa Adela - ¿Así se llamaba mi madre? 

—¿Q-qué le paso? - Indague con timidez, quería más información pues sabía que Petra tampoco me diría nada porque siempre me respondía que no recordaba nada de nuestra progenitora por lo que talvez, no tendría otra oportunidad como esta.

 —Murió desangrada al darte a luz - Sentencio volviendo a llorar desgarradoramente, casi olvidando que yo estaba ahí, me dolía verlo de esa manera, fue la primera vez que oí gritos tan agónicos y ausentes y más proviniendo de alguien que quería- Mi amada Adela... era tan linda y gentil.

¿Murió? ¿Qué significaba esa palabra? Sin duda algo horrible por la forma en la que se lamentaba mi padre. No me gustaba verlo así... Mi pregunta hizo que se sintiera mal por lo que en un intento frenético por remediarlo mi muñeco y yo abrazamos su pierna.

Bajo tu sombraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora