Sándalo

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Nunca fui la más expresiva ni la más simpática, mucho menos la primera opción de los niños para jugar o la voz del grupo, al contrario, era la niña a la que constantemente le decían que debería intentar ser un poco como su hermana mayor: Extrovert...

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Nunca fui la más expresiva ni la más simpática, mucho menos la primera opción de los niños para jugar o la voz del grupo, al contrario, era la niña a la que constantemente le decían que debería intentar ser un poco como su hermana mayor: Extrovertida, alegre, inteligente y cariñosa. 

Mi padre Xavier Ral solía decirme que sería dichosa si lograba que alguien se fijara en una niña tan peculiar y rara como yo, que mi cabello platinado, mi palidez y mis ojos ámbar serían mi perdición.

— "Nunca nadie ha visto semejantes rasgos físicos... Si no hubieras nacido no me darías tantos problemas. Solo cásate, al menos eso deberías ser capaz de hacer".

No recuerdo desde que edad dicho comentario se volvió tan cotidiano y ordinario, como el agua desplomándose al chispear o las hojas secas cayendo en otoño. Rico o pobre, honorable o inmundo, guapo o despreciable, no importaba. El matrimonio era la única salvación para alguien tan bastarda como yo.

Por lo mismo, Xavier era bastante autoritario con respecto a mi educación a comparación de Petra, con quien era más permisiva, a sus palabras ella tenía más posibilidades de triunfar en la vida. Nunca lo cuestioné; se me había instruido que los mayores tienen más conocimiento que uno, que lo que profesan es cierto y, por ende, no se les debe llevar la contraria, pues el rechistar no es una cualidad atrayente al momento de buscar marido. Sin embargo, aún con todo eso, traté de ser la definición de refinamiento, sagacidad, sencilles y delicadeza. Febrilmente, traté de ser buena oyente y conversadora, aprender a bordar, cocinar y limpiar correctamente, pese a mi desagrado por esta última, todo en un intento de probarle a mi padre que era merecedora de su aprecios y caricias. 

De su añoranza. 

Pero aun así Xavier era dos progenitores completamente diferentes con Petra y conmigo, las sonrisas, alegrías, risas, cariños y orgullo se transformaban en muecas, vacíos ahogados, repudio, hostilidad y severidad de solo verme. 

Nunca le pregunte por su actuar ni su falta de querer hacía mí. Supongo que tenía razón, nunca debí haber nacido, sino lo hubiera hecho mi madre seguiría viva, el sería feliz junto a su esposa y Petra tendría una matriarca... Pensaba que la única forma de remediarlo sería cumpliendo el propósito que me impusieron. Así que por el bien de todos guarde silencio.

Se que el solo pensar en algo diferente era un deseo superficial que no me llevaría a ningún lado, pero, aun así, una parte egoísta de mí quería vivir grandes aventuras, saber que había más allá de las murallas. Simplemente no podía desechar aquel deseo tan fácilmente. Quería, necesitaba descubrir horizontes, conocer nuevas especies, el origen de los titanes, vencerlos, ser de utilidad para la humanidad. 

Probarle a mi padre que podía ser algo más que una esposa bien portada. 

Aunque, desgraciadamente, las únicas travesías que había vivido eran junto a mi único amigo Izan en el bosque cuando escapaba de casa, cuando mentía sobre ir a comprar al mercado o cuando me demoraba más en llegar a casa después de la escuela. 

Bajo tu sombraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora