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Luego de muchas horas, ocho o nueve aproximadamente, el auto frenó. El conductor se giró hacia los africanos.

--Lo sentimos, guys. Pero nosotros no podemos pasar de este límite.--
Comentó.
--Mucha suerte en su viaje.--

El africanos agradecieron bastante por la ayuda de aquellos turistas. Cada uno se fue por su lado.

--...Esperen, ¿En donde los dejó?--
Preguntó Madagascar. No habían preguntado eso a los turistas.

--....Diablos...--
Dijo Esuatini.
--Debemos preguntarle a las personas, supongo--

Comenzaron a caminar un poco, y cuando finalmente encontraron a alguien, obligaron a Angoleño a preguntar.

--Disculpe, señorita...¿Podría decirme en donde estamos?--
Preguntó a una mujer que habían encontrado.

--Eh...Si, La República Democrática del Congo...--
Contestó.

El luso sintió que le caía un balde de agua fria. ¿Por qué, de todos los países, tenían que llegar ahí?

--...Muchas gracias.--
Contestó a regañadientes, y regreso con los otros dos.

--¿Por qué esa cara?--
Preguntó Esuatini, confundido.

--...Llegamos al Congo Democrático--
Contestó con incomodidad.

--Oh--
Atinó a decir el suazi.

--¿Por qué tienes esa cara?--

--...No creo que ninguno de los dos estemos felices de ver al otro.--

--¿Por qué?--
Preguntó Madagascar nuevamente.

--...Digamos que me he visto muy involucrado en la política del Congo...Y a él no le gusta no mucho esto. No es como que hayamos estado en buenos términos...--
Dijo desviando la mirada.

--Vaya...Esto va a ser incómodo si nos lo encontramos...--

--¿Encontrar a quien?--
Dijo una voz masculina tras del malgache.

El angoleño solo frunció el ceño, y el suazi comenzó a jugar con sus dedos. El malgache solo pudo encongerse de hombros.

Diablos.
Estaba tras él

El malgache se giró en su lugar, viendo al congoleño justo frente a el, viéndolo con una ceja levantada, y un brazo en la cadera.

--Ah...¿Mozambique?--
Dijo el una sonrisa torpe.

--¿Por qué están aquí?...No deb---
Antes de poder decir algo, el malgache lo calló.

--¡Ya basta!, ¡Dejen de mencionarlo a cada rato, ya lo sabemos!--
Exclamó el malgache harto.

--¿Qué diablos hacer aquí?--
Dijo rodando los ojos.

--Solo estábamos de paso, buscábamos a...--
El Angoleño calló al suazi.

--No es precisamente algo que te interese, Congo.--
Dijo mirándolo mal.

--Estan en mi territorio, sin autorización, cuando ONU dijo que nadie podía salir de su territorio, ¡Por su puesto que me importa! --

--Pues no debería...--

Ambos se miraron unos segundos, molestos por la presencia del otro. Madagascar se encogió nuevamente de hombros y el suazi se cruzó de brazos.

En Busca De Un Africano | CountryhumansDonde viven las historias. Descúbrelo ahora