En realidad, odiaba haberlo defendido, al igual que odiaba preocuparme por él. Me odiaba por eso. Él no se lo merecía. Todo lo que me hizo sentir y sufrir, tanto él como sus amigos, ya no tan amigos. Dios, a veces me pregunto por qué soy tan buena persona. Se supone que tendría que haberlos perdonado y pasar página, pero no es tan sencillo. No, cuando he derramado lágrimas llenas de dolor y sufrimiento por personas que no se lo merecían.
De todos modos, ya me estás viendo levantándome de mi silla y dirigirme al despacho de Eli para preguntarle si había vuelto. Hacía media hora que había salido por la puerta y aún no teníamos noticias de él. No era tanto tiempo, pero teniendo en cuenta que acababa de llegar de un viaje de negocios y tenía que trabajar...
Peté en el cristal para llamar la atención de Eli y me asomé.
—Tía, tía, tía, ¿qué acaba de pasar? ¿Me lo puedes explicar todo, por favor?
La interrumpo, porque seguramente iba a seguir interrogándome, y voy al grano:
—Eli, Eli, ¿aún no ha vuelto?
—No, pero dentro de dos horas tiene una reunión durante una comida. Si quieres te mando la ubicación de donde va a ser. No creo que se le dé por faltar.
—Vale, sí, gracias. Después te cuento.
Le sonrío y me vuelvo al despacho para coger mis cosas. Antes de irme guardo todos los archivos que imprimí a los cuáles les estaba echando un ojo y apago el ordenador.
Al llegar al coche cojo el móvil y le mando un mensaje a Ángela. Me responde al segundo diciéndome que podemos vernos en una cafetería y que está con un crío. Es canguro. En cuanto me responde me pongo en camino.
Nada más sentarnos y preguntarle si tiene prisa por el niño y obtener una negativa, le suelto:
—He visto a Bojan. Y a Austin. Resulta que este último ahora es mi jefe. No sé qué hacer, ha pasado algo en la oficina y, ah, Dios, joder, Ángela, ¿qué hago?
Se nota que lo que le acabo de soltar en menos de dos segundos le sorprende y le duele a la vez. Entonces me pide que le cuente todo desde el principio. Y eso hago.
—Vale, Abril. No nos alteremos, que tú me conoces y yo te conozco. —me dice después de soltarle todo. Y sé por qué lo dice. —Creo que lo mejor será ver que va sucediendo durante estos primeros días. De todos modos, siempre tienes la opción de dejar el trabajo.
—Ya, no sé. A ver, tampoco es tan grave este asunto, pero...
—Sí, pero. Si no te sientes cómoda es mejor que lo dejes. Yo ya lo habría hecho al ver lo que pasó esta mañana, la verdad. Pero tú no eres así, creo que seguirás ahí y no dejarás que ellos te impidan trabajar. En cualquier caso, si te sientes insegura...
—Vale, gracias. Dios, sí, vale. No dejaré que esto me afecte, ya pasaron, que ¿diez años? No debe ser tan malo, además, Austin siempre pareció mejor que Borjamari, dentro de lo que cabe, claro. Y lo conozco mejor, o eso creo. Y hoy, por lo poco que vi, parece que cambió. Y lo más importante, ya no se lleva con el otro.
—Sí, eso perece ser bueno.
—Gracias, necesitaba este golpe de realidad y pensar fríamente con todas las cartas sobre la mesa, la verdad.
Después de charlar unos minutos más volvimos a nuestros puestos. Ella por lo menos, yo me fui al restaurante donde se organizaría la reunión.
Sé que no tengo nada que ver con este ámbito, pero tengo que hablar con Austin y poner las cartas sobre la mesa, para quedarme tranquila, a ver si realmente ha dejado de ser un gilipollas. Espero que esa etapa solo fuera parte de la adolescencia, la verdad.

ESTÁS LEYENDO
Recuerdos de aquel día
RomanceDespués de 10 años, Abril y Austin se vuelven a reencontrar a pesar de que se pensaban que sus almas no estaban destinadas a ello. El jefe de una empresa de publicidad y la psicóloga del nuevo departamento. ¿Que podría salir mal? ¿Es verdad que el a...