A la mañana siguiente, Xandre me despierta temprano, muy temprano. Maldigo un poco por dentro, pero me acabo levantando y siguiéndole hasta la cocina.
—¿Quieres tortitas?
—¡Sííí!
—Vale, pues hagamos una cosa. Voy al baño un momento a lavarme la cara para despejarme y a revisar el móvil por si tus papis me han escrito, después preparamos el desayuno juntos, ¿qué te parece?
—Bien.
—Perfecto. Mientras tanto puedes darle el desayuno a Prada. Como siempre, con cuidado, ¿vale?
—Vale. —me sonríe emocionado y se pone a ello. Yo, por el contrario, me dirijo primero al baño y después a la habitación para rescatar el móvil.
Tengo otras notificaciones de Eli y algunas más, pero me centro primero en las de mi hermana y le respondo enseguida.
No te preocupes.
Descansar un poco más, ¿qué haces despierta a esta hora?
Xandre y yo vamos a preparar tortitas.
Vuelvo a la cocina, pongo música de fondo y junto con mi sobrino empezamos a preparar el desayuno.
Cuando ya las tenemos hechas y estoy a puntos de sentarme, Xandre me pide chocolate.
—¿Chocolate? A ver que tenemos por aquí. —le guiño el ojo y voy a por unas virutas que tengo guardadas. —Anda, mira lo que encontré. ¿Qué te parece acompañarlas también con un poco de fruta?
—¿Y chocolate?
—Claro, y chocolate.
—¡Síí!
Le hecho unas cuantas virutas sobre sus tortitas y le troceo unas frutas.
—Voy a sacarle una foto a esta delicia y mandársela a tus papis. Que rabien un poco. —me mira curioso, seguramente porque no sabe el significado de rabiar, pero no pregunta. Mejor.
Tras desayunar, asearnos y vestirnos los dos con un looking increíble salimos de casa con Prada para pasearla. Es en estos momentos cuando me atrevo a preguntarle por Austin.
—¿Qué tal te cayó Austin ayer, Xandre? —le pregunto mientras paseamos por el paseo marítimo.
—Ahora somos amigos.
Le miro sorprendida, incapaz de poner cara de póquer ante tal descubrimiento.
—¿Ah, sí?
—Sí.
Me lo quedo mirando, diciéndole por telepatía que desarrolle su respuesta, como si estuviera en el instituto haciendo un examen de física y química. El problema es que no estamos en ningún instituto haciendo ningún examen y solo tiene cinco años.
—Que guay.
—Es majo. ¿Cuándo lo veremos otra vez? —me pregunta, y yo le sonrío al escuchar el adjetivo.
—Yo lo veo a menudo, trabajamos juntos. Si quieres le puedo preguntar si quiere volver a verte.
—¿Lo harás?
—Sí, claro. Sois amigos, ¿no?
—Sí. —gira la cabeza hacia el frente, dada por terminada esta conversación y yo suspiro.
Hace menos de veinticuatro horas que nos hemos besado y si se me pasa esa idea por la cabeza me descubro a mí misma sonriendo como una boba y aun sintiendo peta zeta en el estómago.
Ahora resulta que Xandre y él son amigos y quiere volver a verle.
Y tampoco hemos hablado de lo que ha pasado aún, entre nosotros. Cosa que hace que los peta zetas se vuelvan nervios.
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Recuerdos de aquel día
RomanceDespués de 10 años, Abril y Austin se vuelven a reencontrar a pesar de que se pensaban que sus almas no estaban destinadas a ello. El jefe de una empresa de publicidad y la psicóloga del nuevo departamento. ¿Que podría salir mal? ¿Es verdad que el a...