Capítulo 14.

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Han pasado varios días desde aquel mensaje. Es viernes y dentro de poco vuelvo a casa.

Miro el reloj, son las 20:02, y entonces petan en la puerta; antes de que dé permiso para que la persona pasa se abre y entra Austin.

—Que yo sepa no he dado permiso para que nadie entrara. —le digo cruzándome de brazos y reclinándome sobre el respaldo de mi silla.

—Oh, vamos. —me contesta haciendo un gesto desesperado. Normal, llevamos toda la semana con piques, sobretodo yo, pero él no se ha quedado atrás.

—Qué hubiese pasado si estaba en una sesión con alguien del equipo y estuviera, yo que sé, ¿llorando? ¿o en una atmósfera muy íntima hablando de asuntos demasiado personales? —sigo, ahora también con una ceja enarcada.

—Está bien, lo siento. En eso sí tienes razón.

Iba a seguir echando leña al fuego con eso que dijo de que en ESTO SÍ TENGO LA RAZÓN, como si en lo demás no, pero sé que no se refiere a eso, así que mejor cambio de tema.

—Bueno, dime. ¿A qué venías?

—¿Tienes algo más que hacer por aquí hoy?

—Nada urgente.

—Perfecto, pues nos vamos. —Lo miro sin entender. Y al darse cuenta de mi cara sigue: —Yo tengo algo que acabar, pero puede esperar. Nos vamos a ver Spiderman.

Mi cara empieza a cambiar y la mueca de incomprensión pasa a ser una sonrisa.

—¿Y qué pasa si ya tengo planes?

—¿Los tienes?

—Ahora sí.

Me levanto y recojo todo. Salimos juntos del despacho y espero en recepción a que vuelva del suyo de recoger sus cosas.

Cuando llega le pide a Nadia, la recepcionista, que llame a un tal Rami para que venga a buscar su coche y le da las llaves a ella.

Al salir de la oficina me explica que es más cómodo ir en un solo coche y es más práctico ir en el mío, que el de él lo vienen a buscar y ya. Estoy de acuerdo.

—¿Quién es Rami? —le pregunto.

—Me ayuda con la casa y con los vehículos.

—O sea, es la típica persona mano derecha de las series de la mafia, pero sin ser de la mafia y que también limpia tu casa y no mata gente por ti, ¿no?

—Sí, exactamente eso.

—Woow. ¿Y a dónde vamos?

—A mi casa. Lamentablemente ahora mismo no podemos ver ninguna en el cine porque tenemos que hacer maratón hasta que veas todas y así no perderte nada.

—Toma ya. Pues conduces tú. —le paso las llaves y las coge al vuelo. —La música la escojo yo, desde luego.

—Todo el trayecto Harry Styles no, por favor.

—Harry es todo lo que está bien en el mundo, idiota. Solo por decir eso debería negarme e irme a mi casa. Y, además, no tenía pensado poner una playlist de él, aunque ahora que lo dices...

Me mira, lo miro y nos separamos para subir a mi precioso coche, un Jeep Renegade color naranja.

Al salir del aparcamiento empieza a sonar por los altavoces del coche la playlist que he elegido. Son canciones de hace diez años o más y casi todas son en español.

—Tienes suerte. En esta playlist solo hay tres en inglés, The nights, de Avicii; What makes you beautiful, de One direction y, por supuesto, Fine line, de mi queridísimo Harry.

—No te tenía por este tipo de música.

—A ver, en esta playlist tienes estas pocas en inglés, unas cuantas de Morat, una de Soy Luna y otras pop, pero sí, es verdad, la mitad de las que hay no son del estilo que suelo escuchar siempre.

—Para mí siempre eras y seguirás siendo One direction juntos y separados, Morat y Aitana.

—Es un buen resumen de lo que escucho, pero también me encanta Belén Aguilera, Dani Fernández y muchísimos artistas más y de prácticamente casi todo el mundo.

Empieza a sonar El principio de algo, de La La Love you y Samuraï y no puedo no motivarme.

Al rato me suena el móvil. Es Lea, mi hermana. Bajo el volumen de la música y descuelgo.

—Ey, dime.

—Hola, pequeña. ¿Estás libre está noche? Víctor y yo habíamos quedado con algunos del trabajo y la canguro a última hora nos ha dicho que no podía y no quería molestar a mamá.

Miro a Austin y respondo.

—Eh..., no te preocupes. Me encargo de él esta noche.

—Gracias, cuando acabemos lo vamos a buscar.

—No hace falta, tranquila, que se quede a dormir. Será lo mejor.

Austin me mira con interrogantes en la cara. Me despido de ella y cuelgo.

—Esta noche vamos a tener compañía. Si no te molesta, claro. Es mi sobrino. Si prefieres dejarlo para otro día lo entenderé, pero no podía decirle que no a mi hermana.

—Ey, no pasa nada. Mientras le guste Spiderman...

Sonrío.

—Gracias. Será mejor que vayamos a mi casa. Y te puedo asegurar que le gusta Spiderman tanto como nos gusta a los dos Harry, lo he enseñado bien.

Ahora es él el que me sonríe.

Vuelvo a subir un poco el volumen y le voy dando indicaciones de por dónde ir a mi casa.

Recuerdos de aquel díaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora